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domingo, 29 de enero de 2012

Diario de una Inquietud (trigesima entrada)

TRIGESIMA ENTRADA

Yo siempre había sido una persona incapaz de escribir sobre hecho sumamente cotidianos y reales, siempre he tratado de escribir (en mi aspiración de convertirme en escritor) sobre historias fantásticas y creadas por mi imaginación, sin embargo en la actualidad no soy capaz de inventar nada, pero si me es una necesidad vital continuar con este diario cuando de siempre había utilizado mi capacidad creativa como una forma de huida. Son las paradojas del destino. Aún así pienso que muchos de los que lleguéis a leer esta historia pensaréis que me lo he inventado, y mucho más a estas alturas, sin embargo cada vez me viene trayendo más sin cuidado lo que quieran llegar a pensar sobre mi...
Ahora soy un el protagonista indiscutible de la historia de mi vida, muchisímo más tras lo que me dispongo a contaros:
Guiado por mi intución quise saber más acerca de las jornadas sobre arte contemporáneo que tendría lugar en el hotel Jerez. Lo primero que era las primeras en celebrarse en la ciudad. Jamás habían tenido lugar un ciclo sobre el tema en la ciudad al menos que yo recordarse. En segundo lugar me limitaba la posible asistencia a las mismas, aquellas jornadas estaban restringida a profesionales en la materia. Por mucho que en el mundo del arte se moviese mucho dinero, mi situación de empleado de banca me excluía de poder participar. Procuré por todos los medios lograr que mi amigo el recepcionista del hotel me pudiese conseguir una acreditación, pero por lo visto eso lo llevaba la misma organización por lo que no era posible mediar para lograr una, algo compresible de todos modos, si algún personal del hotel fuese invitado sería el director y no un simpleempleado.
No desistí de todas formas de buscarme las formas de ir a comprobar si ese artista por confirmar como rezaba la información de la televisión local, fuese el artista de la muerte. Las evidencias eran claras a mi entender al no querer revelar la identidad, fuera aparte según el secretismo que envolvía al personaje según me comentó mi amigo, amigo al que espero sepa perdonarme robé su uniforme de trabajo para presentarme en el hotel.
Con menos entusiasmo que vergüenza traspasé la puerta del hotel vestido en principio de chaqueta para hacerme pasar por adinerado huesped. El no demostrar pudor a la hora de subir por el ascensor bien me valió pasar desapercibido, además que por una vez en la vida agradecí el recibir la llamada de un comercial de una empresa de telefonía movil ofreciendome una oferta de cambio de compañía. Hablar por telefono me hizo ir más a mi aire.
Una vez en la tercera planta, entre en el cuarto donde las camareras de piso guardaban la lenceria, gracias a la descripciones de mi amigo, que antes de trabajar de recepcionista había trabajado de mozo, pude saber hallarlo. El escuchar sus anecdotas me habían hecho hacerme una idea apróximada del lugar.
Salí de allí comprobando que no había nadie por los alrededores, pero en cuanto me di la vuelta la voz grave de una mujer llamó mi atención:
-¿Por favor podría indicarme donde esta la sala de reuniones?-la contemplé sintiendo como las piernas me temblaban del miedo pensando que me habían descubierto.
-Acompañeme si es tan amable.-le sugirí dudando si sabría llegar hasta donde me pedía.
-Solo me basta con saberlo.-negó seguirme.-Debo encargarme de llevar a mi representado para que de la conferencia.-me explicó.
-Si me dice en que habitación se aloja me encargaré de enviar a uno de los mozos a que lo acompañen.-oferté como si yo fuese el recepcionista del hotel.
-En todo caso preferiría que fuese usted mismo.-opinó con una sonrisa cordial.-Usted tiene cara de buena persona, algo que valora mi cliente que es muy desconfiado, por favor sea usted mismo quien lo conduzca hasta allí.
-No se moleste en excusarle, es nuestro trabajo, ya sabemos que los artista son seres peculiares.-quise mostrarme lo más solícito posible para no levantar sospecha.
-Yo diría excentricos.-comentó soltándo una carcajada.-Y mucho más cuando se trata de un artista que hace esculturas con humanos.-reconoció con total naturalidad.-En diez minutos le esperará...
Sin yo pedirlo me habían conducido hasta las puertas de aquel asesino, aunque nuevamente mi exceso de relajación me jugó una mala pasada...

viernes, 27 de enero de 2012

Diario de una Inquietud (vigesimo novena entrada)

VIGESIMO NOVENA ENTRADA

Mi vida vuelve a entrar en un espiral oscuro hacia un abismo del que no veo salida. Cuando pensaba que las cosas no podían ir peor, me equivoco. Pese a haber decidido tomar la decisión de volver a tomar el tratamiento que en su momento me prescribiesen para evitar los delirios nocturnos, eso si, por mi cuenta y riesgo, siguen apariciendo la aparición por la noche diciendo que debo terminar lo que inicie, sin embargo no tengo cómo.
Además a esto hay que añadir sufró una fuertes jaquecas a causa del último hecho que me sucedió hace apenas una semana. Estaba yo tranquilamente sentado ante el ordenador intentando evadir mi mente de los problemas escribiendo un relato con el que poder participar en algún certamen literario cuando llamaron a la puerta. Miré a través de la mirilla, sintoma inequivoco de que me he vuelto tremendamente desconfiado. Al otro lado un joven vestido con un polo de color azul esperaba con un paquete a que yo le abriese.
-¿Quien és?-pregunté pese a deducir que se trataba de un mensajero.
-Seur, traigo un paquete para Victor Choquet.-mostró la caja a través de la mirilla. Debía de estar acostumbrado a que nadie se fiase.
No me dio desconfianza, parecía de lo más normal, aunque me prevení de abrir solo una parte con la cadena puesta.
-¿Quién lo envía?-pregunté antes de firmar nada.
-No tengo la menor idea señor.-respondió con sinceridad.
-Pues si no se sabe de quien no lo quiero.-fui a cerrar la puerta.
-No por favor caballero.-suplicó desde el otro lado el repartidor.-Es el tercer paquete que me rechazan, si vuelvo a la empresa con este mi jefe me ha dicho que me echan.-lloriqueó.
-De acuerdo, pero debe ser tu quien lo abrás.-acepté con condicionante.
-Pero no puedo, al menos si no me firma que lo ha recogido.-me ofreció a través del hueco de la puerta la carpeta. Firme el documento sabiendo que el chaval abriría el paquete.
-Ahora abralo.-le mostré mi firma aunque no le devolví el documento. Me aseguré que no dejaba el paquete en la puerta y se iba.
Con rápidez despojó del precinto la caja abriéndola de par en par. Debía de desconocer al igual que yo el contenido del mismo porque al verlo cayó horrorizado de espalda. Gritaba como un poseído. Sus ojos se mostraban abiertos como platos reflejando el miedo que debía de sentir.
No dudé en salir en auxiliarlo mientras que llamaba por telefono móvil a urgencias ya que aquel chico parecía tener una crisis de ansiedad, y no me es de extrañar, tras echar un vistazo al interior del paquete: la cabeza de Bedri el croata destacaba entre restos de otros miembros corporales. Una nota en su frente rezaba: “Has ido demasiado lejos”.
A fecha de hoy ahí abierta una investigación policial para investigar el hecho de la aparición de aquellos restos. Sin embargo pese a ver sido interrogado por la policia me he guardado de contar nada. Tomarían por una paranoia el hecho de sentirme perseguido por un artista al que he intentado denunciar, además que yo tenía cosas que ocultar, como la muerte del testaferro del holding de empresas del artista de la muerte, por eso pese a la repugnancia que me creó, me encargué de quitarle al mendigo la nota de la frente...
Quizás pueda acabar con todo esto tras descubrir en los informátivos locales que en unas jornadas sobre Arte Contemporáneo iba a dar una charla un importante artísta aún por confirmar. A sabiendas que las jornadas se darían en el Hotel Jerez, me he encargado de preguntar a un amigo que trabaja como recepcionista en dicho establecimiento que si se sabe quien es.
-No han confirmado aún nada, pero debe ser un pez muy gordo porque todo se está moviendo con total secretismo...Pero que sepas que si alguien debe informar a las revistas para cobrar exclusiva seré yo.-bromeó.
-No te preocupes solo que quiero un padrino para mi libro.-continué la broma.
En mi mente una deducción cobraba forma...

lunes, 12 de diciembre de 2011

diario de una inquietud (decimoctava entrada)

DECIMOCTAVA ENTRADA

Como todo en esta vida es impredicible, pero si tan siquiera hubiese tenido la preocupación de mirar por la mirilla de la puerta no hubiese tenido problema alguno. Quizás la concentración de la redacción del descubrimiento de las riquezas me habían llevado a un nivel tal de relajación y de abstracción que no caía en la cuenta de saber nada sobre la identidad de quienes llamaban a la puerta.
Fue nada más entreabrir la puerta cuando dos hombres del este, muy posiblemente rumanos, se echaron sobre mi sin darme tiempo a reaccionar. Uno me dio un golpe fuerte en el rostro que me dejo tendido en el suelo. Abatido sobre el parquet de mi casa pude ver como empezaban a registrar todos los rincones de mi hogar en busca de cosas de valor, o al menos eso deduje. Pese a mi lamentable situación agradecí que Marian hubiese salido con una amiga a comprar ropa, pues pese a haber sido golpeado podía alegrarme al menos de que no fuesen a matarme, y fuesen simples ladrones, un tanto violento si, pero no unos asesinos a sueldo que podrían haber dañado a mi amor, hecho que jamás me perdonaría.
Cuestión de diez minutos más tarde de que se hubiesen marchado los cacos y que había podido incorporarme, llamé por telefono a la policia para dar parte del incidente, no lo hice a Marian para no preocuparle. Mientras esperaba la llegada de los nacionales me coloqué hielo para bajar la hinchazón del ojo.
-¿Cúantos objetos de valor se han llevado?-me tomaba declaración un agente de aire aburrido.
-¡Cómo quiera que lo sepa ahora mismo!-protesté.-Me preocupaba más ocuparme de mi ojo.-señalé la hinchazón.
-No se preocupe.-quizo tranquilizarme.-Solo era para tener un indicio a la hora de entrar en las casas ocupadas de los rumanos esos del barrio del Pelirón. Ahora mismo varios coches patrulla se dirige hacia allí.
-Lo que me resulta extraño es que hayan llegado a usar la violencia.-cuestionó otro agente.-Hasta ahora habíamos oído hablar de robos cuando no había nadie en casa por las noches, tirones, pero no el uso de la fuerza a plena luz.
-Eso son capaces de cualquier cosa. Vienen de paises donde todo vale...-reprochó el policia que me estaba tomando declaración.
Justo en ese momento entró con los ojos plagados de lagrimas Marian. Seguro que el hecho de ver agentes del orden en casa, le había hecho suponer lo peor:
-¡¿Pero que ha sucedido?!!-dijo mirando nuestra casa desarmada.-¿Te encuentras bien?-me abrazó tocándome con dulzura el ojo hinchado.
-Relajate no ha sido para tanto, solo un grupo de ladrones que han robado en casa.-le besé en la mejilla intentando tranquilizarla.
-¡Pero si tienes el ojo hinchado!-temblaba asustada.
-Me negaba a que se llevasen ese tanga negro que tanto me gusta...-me atreví a bromear quitándole hierro al asunto.
-Eres un cielo hasta en estos momentos.-me besó algo más relajada.-Eso si esta noche la pasaremos en un hotel...
-Señora un coche patrulla estará haciendo ronda continuamente por la zona.-intervino uno de los policias.
-Si hubiesen estado haciéndola el resto del día esto no hubiese sucedido.-le remprendió con mirada feroz.
-No te preocupes cariño, reservaré ahora mismo una habitación en el hotel Jerez.-quise zanjar la situación.
Son las tres de la madrugada, Marián duerme relajada entre las sabanas de la cama del hotel, mientras yo escribo esta entrada en el baño ya que necesitaba expresarlo, pero no solo el hecho, sino el motivo que no me deja dormir, y es que tal vez el director de la editorial, o mejor dicho el artista de la muerte, no pretenda matarme, sino tan solo se conforma con arrebatarme la fortuna encontrada, para quitarme los medios para poder hacer público sus crimenes escudados en el arte. Lo que no sabe que no los guardé en casa, sino en otro lugar mucho más seguro...