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jueves, 2 de abril de 2020

Discrepancias (CAPÍTULO 5 DE LA MUSA)


Aunque en el Mundo Paralelo el tiempo es un concepto relativo, más pronto que tarde Némesis volvió a convocar la Asamblea de urgencia a raíz del asesinato de Lezo, La Dama de las Almas Vivas. En esta ocasión la reunión tuvo lugar en las Catacumbas de Roma, y lejos de estar repleta como la vez anterior pude comprobar que había ausencias considerables. Casi la mitad de los Vástagos de la Materia Creativa estaban ausentes.
—¡Vástagos de la Materia Creativa!—citó Némesis la frase ritual.
—¡Bendita sea su Mente!—respondimos los presentes.
—Si ya pensábamos que nada funcionaba tal como esperamos, no caímos en la cuenta de que aún podría ser peor. Si no era suficiente la amenaza de los Ladrones de Alma al Equilibrio, otros de nuestros hermanos han decidido unirse a su causa, pues inconscientes creen que la Materia Creativa nos somete como esclavos a su antojo, es más, dice que nos priva de la Libertad. ¡Cómo si ellos supiesen que es eso! Somos de esta forma porque somos el reflejo de nuestra Creadora—expuso Némesis con su tono engolado.
—Amén—farfullaron algunas voces sin mucha convicción.
—Y no contentos con amotinarse, han decidido matar a Lezo, la más querida de las nacidas del Pensamiento de la Materia Creativa.—Logró el murmullo de la Asamblea—. Murió a manos de Temere de manera cobarde. Ayudándose de su poder logró que el Azar pillase desprevenida tanto a Lezo como a Musa que no pudieron hacer nada por evitar la tragedia. Temere fue la ejecutora, ella misma lo ha reconocido, pero otros tantos secundaron esa decisión. Es tan asesino quien mata como quien incita. Es por eso que no podemos dejar impune a los Traidores. Hagamos que la Ira de los Justos caiga sobre ellos. Es el tiempo de la Justicia. Es el tiempo de la Revancha—acabó su intervención alzando la voz como si tratase de lograr unos vítores que nunca llegaron.
—La Violencia solo generará más Violencia. La ley del Talión solo logrará que en el futuro todos nos miremos con desconfianza—intervino Orión.
—¿Qué propones entonces, Orión? ¿Acaso debemos de sentarnos a hablar con ellos para plantear una Tregua, o simplemente rendirnos a ello y firmar la Paz?—comentó irónico Némesis.
—Columba, “El Orfebre de la Paz” también se pasó a su bando—replicó el aludido—. Hermanos—se dirigió a los presentes—. Debemos de reclamar a la Materia Creativa que medie, no es nuestra guerra. Ya durante mucho tiempo hemos velado por el Equilibrio, ¿y qué ha hecho por nosotros desde entonces? —Dejó pasar unos segundos de silencio antes de contestarse a si mismo—. Nada. No ha hecho absolutamente nada.
—¡Habla como uno de ellos! —gritó Receserra, “El artesano de la Pereza”—. ¡Es un infiltrado!
—Por sus palabras lo conoceréis. Él mismo se ha delatado—Señaló Némesis con el dedo—. ¿Qué debemos de hacer con él?
—¡Muerte! ¡Muerte!—surgió un clamor en la sala.
Estupefacta no acababa de creerme lo que estaba sucediendo. Solo por dar su opinión, aunque contraria a la mayoría, querían ejecutarlo. Aquello se había vuelto demencial. La Asamblea se había convertido en una caza de brujas. Pero lejos de hacer nada me mantuve en silencio. Guardé silencio por miedo, porque nunca he sido valiente. Además, en el fondo de mi corazón aún quedaba un pozo de incertidumbre, tal vez Orión no fuese más que un traidor tratando de minar los ánimos de los Fieles a la Materia.
—Pirryake, haz los honores.
Orión no se resistió, tampoco le hubiese servido de mucho ante tantos detractores, lo asimiló con entereza, es más, fue él quien le arrebató la botella que “El Espíritu del Vino” pretendía hacerle tragar, y comenzó a darle sorbo hasta dejarla totalmente vacía. Primero comenzó a tener la nariz roja, luego los ojos, y finalmente fueron sus oídos los que se tiñeron de ese mismo color, del rojo de la sangre que comenzó a salirle al deshacerse su cerebro. Finalmente todo el cuerpo de Orión se transformó en sangre, una sangre que se evaporó gracias a la palabra que murmuré sin que nadie me oyese. “Humo”.
—Somos los Fieles a la Causa. Tenemos la Verdad de nuestro lado, por eso os pido marchar a la Guerra. ¿Qué opináis?—arengó Némesis.
—¡Muerte a los traidores!¡Guerra a los Traidores!—se oyeron voces clamar.
—Vosotros habéis elegido. Nadie os ha impuesto nada. ¿Acaso no es eso la Libertad? —Se colocó en mitad de la catacumba batiendo sus alas—. Y pese a que hemos elegido la Guerra, tu misión sigue en pie. —Me señaló—. Si logras acabar con los Fures Iret lograremos descabezar la Rebelión.
No me atreví a replicarle. Ni quería acabar como Orión, ni sabía hacer otra cosa que cumplir con mi deber. Me quedé en silencio oyendo como se organizaban para la Lucha. No participe, no era aquella mi encomienda. Además, no debía de rellenar mi mente de datos innecesarios, debía de estar concentrada en mi misión. Una misión que consistía en acabar con los Ladrones de Almas. Lo demás tan solo era un decorado de fondo donde yo debía de desarrollar mi escena.
El primer paso sería dar con un brazo ejecutor que hiciese el trabajo sucio por mí, y a la vez me protegiese. No tenía intención de morir por una causa que cada vez me importaba menos. Aquella no era mi batalla por mucho que se empeñase Némesis en inmiscuir a la Asamblea en designios que realmente debían de estar reservado para la Materia Creativa. Si el Mundo Paralelo se iba a la mierda no era asunto mío. Es más, tan poco me importaba, que siguiendo el consejo de Lezo no dudé ni un momento en que la elegida para hacer el trabajo sucio por mí sería la tal Grace Williams. ¿Pero quién era realmente Grace Williams?

domingo, 29 de marzo de 2020

La Broma (CAPÍTULO 4 DE LA MUSA)


—Abre los ojos, Musa. Has perdido—comentó Vacum frente a mí.
Pese al miedo, obedecí su orden, al menos quise mostrar un poco de dignidad en los que presumía serían mis últimos instantes. Sin embargo, cuando los abrí a quien hallé frente a mí no era un Fures Iret. El rostro que vi fue el de Lezo que me miraba con condescendencia, aunque el cuerpo seguía siendo el de un Ladrón de Almas.
Confundida, traté de hilvanar una explicación lógica a todo aquello, y la única plausible que se me vino a la cabeza era que la Señora de las Almas Vivas y esas criaturas eran una misma cosa, dos partes de una misma moneda, un yin y un yang que no se entienden por separado. No pueden existir las personas inteligentes si no hay gente estúpida. Por esa misma razón Lezo no tenía razón de ser sin los Fures Iret. Pero, ¿por qué razón entonces había dado la voz de alarma convocando la Asamblea?
No obstante, cualquier reflexión quedó anulada en cuanto me percaté de que me habían liberado. Nada me atenazaba. Mi boca estaba libre. Podía usar mi poder para vengarme. Aquello no quedaría impune. “Decrepitud” fue la palabra que usé con la intención de acabar con Lezo. Esperé durante un par de segundo a la espera de que se desintegrase de la misma forma que lo había hecho “El Cazador de los Sueños Perdidos”. El tiempo prosiguió y nada sucedió. Opté por volver a utilizar la palabra “Olvido”, pero el resultado fue el mismo. Me concentré en busca de una palabra adecuada, una afilada capaz de rebanar el alma a cualquier ser, ya fuese de la realidad o del Mundo Paralelo.
—Traición.
—No continúes, por favor—me sugirió con una sonrisa triunfante—. Me resulta patética tu actitud revanchista.
—Malquista.
—No te esfuerces. Tus palabras no surten ningún efecto sobre mí.
No existe nada más sabio que aceptar la derrota cuando llega. Negarla es sinónimo de estupidez.
—¿Por qué has engañado a la Asamblea? ¿Por qué pedías acabar con los Fures Iret cuando realmente eres tu?—quise saber.
—Te creía más inteligente. —Soltó una carcajada que me enervó—. ¿Aún no te has dado cuenta de que esto es un disfraz?—Se lo fue quitando mientras respondía—. Yo no he engañado a nadie, salvo a ti. Si he hecho esto no ha sido más que para hacerte ver que necesitas mis consejos. Si yo he logrado engañarte también ellos podrán hacerlo.
—No te creo.
—Etner, Tevé, mostraros.
Mi nivel de estupefacción alcanzó su mayor cuota cuando los supuestos Ladrones de Almas se quitaron los disfraces.
—¡Doxë!¡Orión! ¿Pero qué clase de broma es esta?
—Justamente eso, una broma—fue Doxë quien respondió—. Cuando Lezo me pidió participar no lo dudé. Tenía ganas de hacer algo grande. Una chanza como nunca se había visto antes. —Se rio complacida—. Además, el reto que supuso para mí crear un disfraz de los Fures Iret fue un aliciente. Por algo soy “la Hilandera de las Bromas”
—Y tú, Orión. ¿Por qué lo has hecho?
—Porque como “Patrón de la Intuición” vi como dejabas en manos de Azar tu misión. No me gustó nada que confiases en exceso en tu poder. Las palabras no siempre tienen la solución. Te habías vuelto imprudente y necesitabas una lección que te guiase por el camino correcto. Por eso escuché los argumentos de Lezo para hacer esto.
—¿Y ahora estás dispuesta a hablar o me repudiarás como la vez anterior? —Me ofreció su mano Lezo para que le acompañase, mano que acepté de inmediato.
Mientras caminamos el bosque donde habíamos estado se fue disolviendo. Los árboles se convirtieron en las columnas de una enorme biblioteca. Era una construcción de aspecto gótico atestada de libros de todos tipos.
—¿Te has dado cuantos libros hay aquí? —Señaló Lezo a su alrededor—. ¿Podrías decirme cuánto de estos has inspirados tú?
—No tengo la menor idea—contesté sin entender hacia donde quería derivar la conversación—. Posiblemente la mayoría de los escritos por hombres.
—Es posible—acepto sin dejar de caminar por el recinto—. ¿Pero cuántos escribiste?
—Ya te he dicho que no tengo la menor idea…
—No te equivoques—me interrumpió—. Tú no has escrito ninguno. Tan solo los inspiraste. De nada habrían servido tus estímulos si yo no le hubiese insuflado un Alma Viva capaz de ejecutar esa Idea.
—¡¿Me has traído aquí para decirme que eres mejor que yo?!—exclamé molesta por su prepotencia.
—No es esa mi intención. Lo que estoy tratando de mostrarte es que las Ideas si no se ejecutan no sirve de nada—contestó parsimoniosa—. Las Palabras son armas poderosas, no lo negaré, pero sino se ejecutan quedan en nada. De nada sirve amenazar a alguien si luego no cumples con tu palabra. Por cierto, ¿sabes cómo se originó el Mundo Paralelo?
—Tengo una leve idea pero creo que tú me lo vas a contar—dije con sarcasmo.
—Por supuesto—añadió con una sonrisa en los labios.
Nos sentamos en una galería de altas bóvedas, un lugar si ningún libro en su interior, desde donde se podía ver un cielo estrellado a través de una enorme cristalera. Fue en aquel lugar donde Lezo me contó la génesis de nuestro mundo:
A diferencia de las religiones, cuando la Materia Creativa apareció, ya existía la Realidad. No sé sabe si esa Realidad la creó una gran explosión, o una Diosa, sin embargo nada de eso le importó a la Materia Creativa. Su misión fue crear un Mundo Paralelo capaz de interactuar con el Mundo Humano para dotarlo de belleza y sentido. Durante mucho tiempo lo ideó, le dio forma en su cabeza, pero simplemente quedó como eso, como un Pensamiento. Un Pensamiento donde existía el equilibrio, así como la norma expresa de que sus futuros vástagos debían de ejercer sus Poderes sin dejarse ver por los Humanos. Romper aquella ley era resquebrajar la Magia que contendría su Mundo.
Pero aquel Mundo Paralelo no cobró forma hasta que alumbró a su primera hija, según narran las leyendas lo hizo escribiendo en un trozo de papiro como sería su descendiente, aunque hay quienes hablan de un origen anterior en forma de  pinturas en las cavernas. Sea como sea Parorbis, “La Madre de la Magia”, nació con la finalidad de engendrar al resto de vástagos en su seno. Llegados a este punto no debemos de confundirnos sobre el género de la Materia Creativa, pues pese haber elegido a Parorbis como madre, no le convierte en masculino. La Materia Creativa carece de género, básicamente, pues pese a que lo largo de los siglos ha partido de un mismo concepto, ha ido variando en forma. Unas veces ha sido femenina, otras masculinas, otras tan siquiera ninguna de las dos, aunque siempre fue una misma cosa. La Materia Creativa ni se crea ni se destruye, tan solo se transforma.
—Entiendes, ¿dónde quiero llegar?—comentó tras finalizar su relato.
—No. ¿Podrías decírmelo sin rodeos?—le pedí concisión.
—Si te das cuenta a la Materia Creativa no le bastó con las Palabras, necesitó llevarla a la práctica para ser capaz de crear el Mundo Paralelo. —Palmeó ambas manos como queriendo dar intensidad a su sentencia—. O te lo explicaré de forma más sencilla para que tu me entiendas. No necesitas un cebo para acabar con los Fures Iret, necesitas un brazo ejecutor, un humano que haga el trabajo sucio por ti.
—¿Y por supuesto, tú sabes a quien elegir? —Enarqué la ceja con cierto sarcasmo.
—La duda ofende. —Sonrió de forma ladina—. Grace Williams, una autentica Alma Viva. Es más, en alguna ocasión me he planteado que, si abdicase alguna vez de mi puesto, ella sería una sucesora idónea—detalló—. Tan solo tienes que ir a hablar con ella, ella sabrá que hacer.
—Pero eso va en contra de las normas—señalé—. No puede ser que intentemos restablecer el Equilibrio causado por los Ladrones de Almas desajustándolo más. ¡Es contradictorio!
—Eres una ingenua, Musa. ¿Acaso crees que ya importa? ¿Acaso se ha preocupado la Materia Creativa en restablecer el Equilibrio? A la Materia no le importamos lo más mínimo. Nos toca a nosotros hacer la guerra a nuestro modo.
—¡Eso no son más que blasfemias! —me quejé.
—¿Y qué piensas hacer? ¿Vas a matarme como hiciste con el Cazador? —inquirió desafiante—. Ah, no, no puedes. Has demostrado antes que ante mí tu poder no sirve. Aún hay quienes como yo hacen oídos sordos a las Palabras que no le interesan.
—No entiendo tu animadversión hacia la Materia—mostré un talante mucho más conciliador—. Tú fuiste de las primeras en brotar de sus Pensamientos.
—Y quizás por eso sé mejor que nadie que no le importamos. Tan solo somos peones en su juego. En el momento que dejamos de serle útil nos remplaza, ¿y sabes por quién? Por humanos. —Logró dejarme boquiabierta—. ¿Sorprendida? Absolutamente ninguno de nosotros sabe cuándo nació como su vástago porque nos resetea la memoria cuando somos elegidos.
Aquella noticia me dejó estupefacta. Nunca me había planteado desde cuando tenía memoria, cómo había llegado yo hasta el punto actual. Como Musa jamás me había planteado otro hecho que cumplir con mi deber.
—Otra cosa te diré, cuando sucedió “el Motín de la Musa” tan siquiera levantó un dedo para remediar aquel baño de sangre.
—¿Qué fue “El Motín de la Musa?
—Quizás no sepas que antes que tu hubo otro—me respondió—. No pongas esa cara, al igual que sucede con la propia Materia Creativa cuando somos remplazados no se hacen en criterios de género sino de utilidad—aclaró—. Era una criatura sensible, nada de burlarse de la humanidad como haces tú, y si anhelaba algo era hacer a los humanos mucho más libre a través de la Cultura. Esta fue su lucha hasta que se dio cuenta que los Vástagos tampoco éramos libres.
—¿Y qué pasó?
—Pues que fueron muchos los que creyeron en su causa. Primero plantearos en la Asamblea su idea de desobedecer las normas y romper el Equilibrio, pero otra facción afín a la Materia Creativa decidió vetar aquella propuesta. La tensión fue creciendo hasta que la Musa junto con sus afines decidió amotinarse. Hubo sangre, mucha sangre. Bajas en ambos bandos, es más, incluso hubo vástagos que nunca fueron remplazados, hasta que yo tomé partido por uno de los grupos. —Bajó la mirada casi hablando para si—. Yo misma me encargué de acabar con la Musa. ¿Y sabes una cosa? Nunca he estado más arrepentida de haber obrado de aquella manera. Su causa era realmente justa.
—¿Y por qué lo hiciste entonces?
—Porque aún creía que debía de respetarse el Equilibrio, sin embargo, la Materia tan siquiera se manchó las manos.
—¿Entonces por qué deberíamos de acabar ahora con los Fures Iret? —planteé por primera vez.
—Pues porque tú y yo tan solo sabemos cumplir con nuestro deber—respondió con una sonrisa triste.
Por primera vez, al menos que yo recordarse, sentí empatía. Tuve deseos de abrazar a Lezo, confortarle, decirle que no estaba sola y que me sentía totalmente identificada con ella. Sin embargo, no tuve posibilidad alguna, pues alguien que se nos había aproximado mientras charlábamos, le apuñaló por la espalda. No hubo sangre, tan siquiera una herida. Tan solo una fuerte explosión de luz que me cegó impidiéndome ver al asesino.


miércoles, 25 de marzo de 2020

El Cebo (CAPÍTULO 3 DE LA MUSA)


Aún estaba digiriendo la decisión de la Asamblea cuando me percaté de que todos y cada uno de los miembros de la misma se habían marcado sobre los nudillos las letras M y C, Materia Creativa, un hechizo que anula el efecto de cualquier poder. Sin duda pequé de optimista al pensar que podría traspasarle el marrón usando mis “palabras”. Debería de pensar un nuevo ardid para tratar de exponerme lo menos posible al peligro que suponía enfrentarse a los Fures Iret.
Por si no fuese poco con todo esto, vi como Lezo, pese a su cojera, se fue abriendo paso entre el concurrido grupo que trataba de alentarme en mi encomienda. No tuvo necesidad de hablar, tan solo le bastó un par de miradas para que se alejasen, incluso Doxë, que nunca se da por aludida, se marchó. Nos quedamos a solas.
—No tenía la menor idea de que fueses una heroína—inició la conversación usando el sarcasmo.
—Yo tampoco—traté de mostrarme indiferente—. No he sido yo quien ha elegido acabar con los Ladrones de Almas, ha sido la Asamblea quien lo ha decidido.
—Bueno, eso ya da igual. Si la Asamblea ha decidido elegirte a ti no me queda otra que confiar en tu buen hacer. ¿Me aceptas un consejo?
—¿Debería? —Enarqué una ceja. Como dice Almosk, la Dama de la Guerra: “La mejor defensa es un buen ataque. No estaba entre mis deseos tener que luchar contra los Fures Iret, pero me molestaba su desconfianza. No me gustaba que pusiese en cuestión mis posibilidades.
—Por supuesto. Nadie conoce mejor a esos traidores que yo—respondió alzando la barbilla con orgullo—. Gracias a mi tendrás la clave para vencerlos.
—Deja que ponga en tela de juicio esa afirmación—repliqué con una sonrisa victoriosa—. Tal como ha hecho mención Orión, si hubieses desarrollado bien tu trabajo no estarías ahora en este punto.
—¡Maldita engreída! —Vi como contraía los músculos de la cara en un rictus tenso. Se giró sobre sus talones y se marchó farfullando maldiciones sobre mí.
Sonreí. Me sentí victoriosa. Daba igual si moría a manos de los Ladrones de Alma, aquel momento había merecido la pena. Lezo era la más anciana de los Vástagos de la Materia Creativa. Durante su existencia había alcanzado grandes cuotas de poder, pero el tiempo le había vuelto decrepita, previsible, e incapaz de innovar, motivo por el cual muchas de las Almas que había logrado para su causa habían caído en las garras de sus adversarios. Ya mucho antes de aquella Asamblea muchos hablaban en corrillos secretos sobre que debería de ser sustituida, aunque aquella decisión no dependía más que de la Voluntad de la Materia Creativa.
Tras aquella breve satisfacción, mi mente retomó el tema de los Fures Iret. Debía de acabar con ellos, pero como era evidente ellos no iban a acudir a mí, así que me planteé la misión como una cacería. Ellos eran la pieza a cobrar y yo la cazadora. Sin embargo, siguiendo con el símil cinegético, no sería yo quien entrase en el bosque a buscarlos, ni mucho menos, para ello usaría un cebo, en este caso un ser humano. Les ofrecería una mente apetecible, alguien a quien poder idiotizar.
Cuando me dispuse a elegir al cebo no tuve ningún remordimiento.  El bienestar de los humanos nunca me importó lo más mínimo, es más, siempre les he considerado la plaga más peligrosa de la Tierra. Además, ellos son millones, uno más uno menos no supondría una gran pérdida, mientras que si yo dejo de existir su mundo se queda más vacío. El Arte, al menos el hecho por los hombres, deja de existir. A diferencia de las mujeres, ellos necesitan un aliciente para crear.
Aunque la idea era captar un cebo apetecible, no me esforcé. No investigué quien sería la víctima ideal. Al contrario, me llevé varios días de fiesta junto a Receserra, “El Artesano de la Pereza” lo que provocó que acabase dejando en manos del azar aquella elección. Fue Temere, “La Amiga de la Fortuna” quien me propuso un sencillo juego: debía de elegir como cebo a la persona que apareciese ante mí según el resultado de una tirada de dados. Salió un tres. No sé si con un resultado diferente la cosa hubiese cambiado, pero no adelantemos nada antes de tiempo…
Me situé en una terraza de la plaza Mayor de Salamanca a la espera de mi presa. Esta ciudad estudiantil era un lugar idóneo donde buscar una mente lúcida que ofrecer como tributo a los Fures Iret. Sin embargo tuve que esperar más de media hora hasta que alguien cruzó frente a mí. No sé si por el frío, por el fútbol o vete tú a saber, aquella tarde nadie parecía dispuesto a salir a la calle. Era como si sospechasen que les iba a mandar directos al Templo de la Estupidez.
Si no hubiese sido porque me planteé seguir los criterios del azar a la hora de elegir al “cebo”, habría susurrado una imagen al muchacho que cruzó frente a mí para que me siguiese. Hubiese sido ideal: hombre, (los varones siempre les afecta más mi magia), joven, y con ese aire melancólico en el rostro que sólo tienen los poetas o en su defecto los cantautores. Sin duda por su expresión me andaba buscando. Esa mirada solo la tienen quienes buscan a la Musa, lo que no saben es que soy yo quien se muestra. Además, tenía pinta de estudiante de Historia del Arte algo que lo hacía un plato apetecible mentalmente para los Ladrones de Almas. Pero entre mis defectos está la coherencia. Siempre he tratado de ser consecuente con mis decisiones. A diferencia de otros compañeros como Pirryake, “El Espíritu del Vino” que prometió portase bien en la última fiesta en el Mundo Paralelo y acabó provocando una orgía de padre y muy señor mío, yo siempre me he mantenido fiel a mis promesas.
 Pasaron diez minutos hasta que apareció la segunda persona, otro descarte que tan solo me acercaba a mi objetivo. En este caso se trataba de una turista germana. Contemplé su mirada, y con tan solo fijarme en las arrugas en sus ojos supe que también hubiese sido una “víctima” perfecta. Aquella mirada acumulaba años de experiencias, de sabiduría. No había que ser un lince para darse cuenta que su alma pertenecía a Lezo. En su interior había un alma viva. Pese a la dificultad que me habría supuesto usar mis “palabras” con ella, estoy segura que habría sido un buen cebo.
Tuve que esperar cuarenta minutos más desde que vi alejarse por un lateral de la plaza a la turista hasta que apareció la Elegida. Era mujer. Rubia, o más bien sus cabellos estaban teñido de este color con intención de cubrir las incipientes canas que le nacía de las raíces del cabello pese a no tener más de treinta y cinco. Caminaba un poco encorvada como si le doliese la espalda enormemente. Pese a su andares altivos no dudé que su alma estaba casi vacía, aunque aún no había sido poseída por los Fures Iret. Solos los ignorantes se enorgullecen de su estupidez. Más allá de cualquier valoración, comprobé que fue ella la primera en fijarse en mí nada más entrar en la plaza. Me miraba desafiante, un desafío propio de los necios que ignoran su destino. Me levanté y caminé hacia ella pensando en la palabra adecuada a usar para engatusarla. Dudé si usar en primer momento “Rutina” para incitarla a una aventura, u optar por “Desafío”. Según me pareció, a las personas como ella era el Orgullo el que le arrastraba hacer cosas. Sin embargo, no tuve posibilidad de decir nada porque me abordó.
—Lo siento, Musa. El cazador se ha transformado en la presa.—Me colocó las manos en la boca impidiendo que pudiese usar alguna palabra para repelerle.
Como si se derritiese la imagen de la Plaza Mayor quedó diluida en la negrura para dar paso a un espeso bosque de pinsapos. No solo cambió el escenario, también la imagen de la mujer. Su carne se fue consumiendo hasta dejarla en los huesos. Su cabeza se convirtió en una calavera de profunda cuencas oculares. Las manos que aprisionaban mi boca se convirtieron en garras y de su coxis nació una fina cola rematada con un corazón en su punta.
No me fue necesaria más información para saber que se trataba de Etner, el Ladrón de Almas encargado de inmovilizar a las víctimas. Había sido atrapada como una vulgar humana. De haber tenido la boca libre me hubiese dedicado una palabra de destrucción a mi misma. Por un lateral apareció Tevé, otro de los Fures Iret al que reconocí por su cola rematada en forma de flecha, husmeando el aire como un lobo cuando detecta una presa. Se fue moviendo de forma lenta a cuatro patas hasta colocarse a mi lado. Pese a su rostro cadavérico  vislumbré una sonrisa triunfante. Luchamos con la mirada durante un rato. Él trato de llevarme a su mundo oscuro y yo mantenerme en el de las Ideas. No perdí, aunque tampoco gané, simplemente se cansó. Era como si fuese un juego que le había dejado de agradar.
Por último hizo aparición el más temible de los tres, Vacum. El más grande en tamaño y el más letal de todos: era el encargado de aspirar el alma de la gente desaprensiva como yo que se había dejado atrapar por ellos. En lugar de acercarse a mí se quedó un rato paralizado observándome. Estaba disfrutando aquel momento, viendo como aquella seguridad que yo había mostrado se iba deshaciendo poco a poco como una pizca de sal en el océano.
Mis manos comenzaron a sudar. Mi corazón palpito descontrolado al ver tan cerca mi fin. Todo iba a acabar de forma funesta por no haber sido capaz de esforzarme y darme cuenta de que no siempre las palabras te muestran la solución a tus problemas. Respiré profundamente y cerré los ojos cuando Vacum se puso a menos de un palmo de mi cara. No quería verlo, tan solo deseaba que todo aquello acabase pronto…

jueves, 19 de marzo de 2020

La Asamblea (CAPÍTULO DOS DE LA MUSA)


Tardamos tan solo un par de segundos en trasladarnos desde el punto donde tuvimos el encuentro hasta el otro confín del planeta. Para los habitantes del Mundo Paralelo no se aplican las leyes del Tiempo y el Espacio, ni de ningún otro tipo, a la hora de viajar. Si la padeciésemos dejarían de tener efectos nuestros poderes. Aunque en aquella ocasión me hubiese gustado sufrirla. No me habría importado lo más mínimo viajar de un punto al otro de un modo convencional. Por ejemplo, en un avión. Podría haber tardado horas en llegar a mi destino para así tener tiempo de asimilar todo cuanto se me venía encima. Supe que algo grave se avecinaba nada más entrar en aquella choza situada en los suburbios de Nueva Delhi.
Al primero que vi fue al “Fabricante de Pasión” tumbado en el suelo con la mirada pérdida en el vacío como si nada de alrededor fuese con él. Sonreí por un momento al pensar en la imagen tan desvirtuada que tenía los humanos de él a quien tomaban por un niño rubicundo armado con un arco y lanzando flecha a ciegas. Lejos de eso, el “Fabricante” era un anciano huesudo que solo necesitaba de una mirada para que dos personas, daba igual su género, se unieran apasionadamente. Una pasión animal que nada tenía que ver con el romanticismo. Además, al igual que yo, les gustaba ver sufrir a los humanos por su culpa. Disfrutaba mezclando a las personas más diferentes con un único afán: mofarse de sus debilidades. Aunque si algo me repugnaba de él no era otra cosa que su cansancio permanente.
De igual modo que había aparecido mudé la sonrisa por un gesto serio. Tantos habitantes del Mundo Paralelo reunidos en un mismo punto, requería de sobriedad, apenas a lo largo de la Historia nos habían convocado en Asamblea, y cada vez que esto ocurría solo significaba un Desequilibrio. Justo como en aquella ocasión en la que Selene, la Jinete de la Luna se fugó. Caminé en busca de un lugar donde ubicarme. Mientras pasaba observé miradas desconfiadas en algunos de los miembros de la Asamblea, otras fraternales como la de Orión, “Patrón de la Intuición”, otras que tan siquiera me miraban como la Mentora que como siempre estaba trapicheando con Abulio al fondo de la sala, y otras indiferentes como las de Lezo, “Señora de las Almas Vivas”, quien pese a estar sentada se le notaba la hemiplejía que le paralizaba la mitad derecha de su cuerpo.
—¡Vástagos de la Materia Creativa! —Inició Némesis la Asamblea con esta frase ritual.
—¡Bendita sea su Mente!—respondimos todos al unísono.
—Corren tiempos difíciles. Vivimos momentos complejos. Momentos que a ninguno de nosotros nos gustaría estar viviendo. Una época de duda donde todos titubeamos, donde es cada vez cumplir con nuestras misiones sin poner objeciones a sabiendas que solo cumplimos con nuestra obligación. —Aprovechó Némesis esos momentos para mirarme mientras pronunciaba aquellas palabras—. Aun así, quedan fieles seguidores dispuestos a velar por el Orden mientras que otros se lo salten. Siempre se han dado casos dentro de nuestro mundo y hemos sabido solventarlos, pero esta vez, todo es diferente.  El Desequilibrio está ganando en poder y nos ha obligado a convocar esta Asamblea como bien sabéis todos, se ha sucedido en contadas ocasiones. La última cuando…
—¡Eres capaz de aburrir a la Materia Creativa con tu pomposidad, Némesis! ¡Si hasta se puede oír los ronquidos del “Fabricante de Pasiones”!—le interrumpió Lezo mientras se levantaba con dificultad de su asiento.
—¡Tampoco resulta muy complicado dejar dormido al “Fabricante! —replicó a gritos Doxë, “La Hilandera de las Bromas”, logrando sacar una sonrisa a la concurrencia.
—Estupideces aparte, yo os contaré lo que realmente sucede—. Se colocó Lezo en mitad de la estancia a la vista de todos. Pese a su hemiplejia mostraba un aspecto regio. Era como si ella fuese la representación de la misma Materia Creativa en aquella Asamblea—. No tenéis más que mirar a vuestro alrededor para percataros de quienes faltan aquí—hizo una pausa teatral mientras todos mirábamos a nuestro alrededor—. Por si aún hubo quien no se dio cuenta os lo diré: los Fures Iret. Ellos han roto el Equilibrio. Me han robado las almas que me pertenecían—explicó logrando un clamor general.
Era conocida por todos los congregados la pugna existente desde siempre entre Lezo y los Fures Iret por hacerse con el control de las almas de los humanos. Hasta el momento ambos bandos se habían regido por una ley no acordada, pero que respetaban, según la cual, un veinticinco por ciento de las almas pertenecerían a “la Señora de las Almas Vivas” y el setenta y cinco por ciento restante a los “Ladrones de Ánimas”, tal como se traducía su nombre, o dicho de otro modo, era el porcentaje de población que podían idiotizar. Los baremos apenas habían variado a lo largo del Tiempo, unas veces en favor de una, otras a favor de los otros, pero en el momento de la Asamblea, los números habían variados hasta el noventa y tres por ciento en favor de los Fures Iret.
Los Fures Iret eran tres hermanos nacidos del Último Pensamiento de la Materia Creativa, según contaba la leyenda para impedir que los Humanos alcanzasen su mismo nivel. Alejados del aspecto antropomórfico que lucíamos la mayoría de los Habitantes del Mundo Paralelo, ellos se asemejaban más a los galgos. Eran delgados hasta el punto de fundirse piel y hueso. Caminaban sobre cuatro patas, aunque en ocasiones eran capaces de tomar la forma bípeda. Pero si algo destacaba de su anatomía eso era sin duda sus cabezas, demasiados grandes en proporción a sus cuerpos y con aspecto de calavera. Es más, quienes se habían atrevido a mirar directamente a sus cuencas oculares decían haber sentido el Vacío.
Atacaban en manada y cada uno de ellos tenía una misión: Tevé se encargaba de hipnotizar a la víctima mediante algún ardid. La mayoría de las veces con una treta relacionada con los deseos de la víctima. Etner los inmovilizaba mientras dormían para que Vacum pudiese aspirar cualquier atisbo de inteligencia que pudiese haber en el alma de la persona atacada.
—¡Por favor, un poco de orden! Este es un tema muy serio para que lo debatamos en grupos como si fuésemos gaviotas en un río—llamó Némesis a la calma logrando que el murmullo poco a poco se fuese diluyendo.
—¡Debemos de destruirlos! Van acabar con el Equilibrio—vociferó “La Señora de las Almas Vivas” alzando el puño con gesto guerrero—. ¿Quiénes están a favor de la lucha? Esto va a ser la guerra—nos miró con gesto sulfurado a cada uno de los presentes.
—Sin duda es un tema preocupante, no me cabe ningún género de duda—tomó la palabra Orión—. Pero quizás deberíamos de hacer otra lectura, ¿Qué has hecho Lezo para contrarrestarlos? Me lo imagino—comentó sin darle tiempo a responder—. ¿Has incitado a tus almas a publicar más libros para contrarrestar el poder de Internet, o tal vez los has animado a días de apertura gratuita de los museos para que la gente dejase de ver la televisión? —usó el sarcasmo.
—Eso ya importa poco—le contravino Némesis—. Malgastar el tiempo en determinar si pudimos hacer algo no tiene sentido. Lo único importante en estos momentos es subsanar el error, a no ser que estemos dispuestos a contemplar el final del Mundo Paralelo.
—¿Y qué propones para ello? —inquirió Orión con tono de fastidio—. ¿Lanzarnos en tromba contra los Fures Iret tal como propone Lezo?
—Ni mucho menos. Este es un tema que debemos de tratar con discreción, de ella depende nuestra supervivencia—dictaminó Némesis—. Es más, tengo la candidata perfecta para tan importante encomienda.
—¿Quién? —se oyó casi al unísono.
—La Musa—me señaló dejándome estupefacta.
El murmullo fue generalizado en toda la estancia tras ser nombrada. Voces a favor, otras en contra, mientras que yo permanecí muda. Sentí vértigo. Con aquella designación Némesis había hecho caer sobre mis hombros la mayor responsabilidad que jamás en mi existencia había tenido. También me sonrojé como nunca lo había hecho jamás. Siempre había odiado ser el centro de atención, sin embargo, me adjudicaban un papel protagonista del que quería escapar. Además, resultaba paradójico tratar de recorrer “El Camino del Héroe” cuando fui yo quien se inventó ese patrón de narración. No podía ser la heroína de esta historia, fundamentalmente porque no tenía ningún deseo de vivir una aventura.
—¡Es ridículo! Los Fures Iret son tres y Musa tan solo una—protestó Lezo mirándome con condescendencia—. Aparte, ¿por qué te has decidido por ella?
—Por una sencilla razón. Toda la Asamblea conocía los desvaríos del “Cazador de los Sueños Perdidos” en los últimos tiempos, pero fue tan solo Musa la única con las suficientes agallas como para destruirlo aun siendo su amigo—argumentó Némesis—. Si hay alguien en esta sala capaz de sacarnos de este entuerto es ella. ¿Cuántos estáis de acuerdo?
—Yo, por supuesto.—Dio un paso al frente Orión convencido de su elección.
—Faltaría más, yo también apoyo tu decisión—intervino “La Hilandera de Bromas” mientras me guiñaba un ojo.
—Estoy de acuerdo. Mientras no sea yo quien se come el marrón. — El Fabricador de Pasiones materializó en palabras el pensamiento del resto de la Asamblea—. Demasiada responsabilidad para alguien tan cansado como yo.
—Pues si estamos la mayoría de acuerdo, a excepción de Lezo, tan solo nos queda desearle lo mejor a Musa en su misión—enunció satisfecho.
—¿Nos podemos ir ya?—se oyó la voz de Fortuna.
—Los caminos del Deber os guíen—usó Némesis la forma ritual para acabar la Asamblea.
—Y las Materia Creativa nos guarde—respondieron todos al unísono excepto yo.
Estaba molesta, no me apetecía lo más mínimo enfrentarme a los Fures Iret, sobre todo teniendo en cuenta que mi existencia estaba en peligro. Tan siquiera sabía por dónde empezar, aunque si algo me quedaba claro era una cosa, utilizaría un ardid para hacer justo como había hecho el resto de la Asamblea, escurrir el bulto.

lunes, 16 de marzo de 2020

Personajes en cuarentena (LITERATURA TODAY)

SOBRECARGA DE TRABAJO
LOS PERSONAJES DE LAS NOVELAS REDOBLAN SU LABOR
DEBIDO AL CONFINAMIENTO POR EL COVID19

Además del personal sanitario y el personal del comercio, otro colectivo que también se ha visto sobrecargado de trabajo estos días son los personajes de las novelas, ya que la mayoría de las personas al estar confinadas en sus casas recurren a la lectura como distracción. "Sin duda el esfuerzo que estamos haciendo estos días es realmente grande. Gente que ni por asomo leía libros está recurriendo a los personajes para hacer más llevadera la espera" comenta Frodo erigido en portavoz de este colectivo. "Y pese al esfuerzo extra que supone pasar más horas currando, no nos importa vivir nuevamente cualquier aventura si con ello la gente no sale de casa. Personalmente, llevaré el anillo las veces que sea a Mordor si con ello la gente se queda en sus hogares y no se extiende el virus", comenta con orgullo.

Seguiremos informando mientras no nos censuren
o pongan esta información en cuarentena.

domingo, 15 de marzo de 2020

Un asesinato inevitable (CAPÍTULO 1 DE LA MUSA)

Cuando alguien piensa en un asesino, se lo imagina escondido durante una lluviosa noche en el rincón más oscuro de un solitario callejón al acecho de su víctima con un arma escondida bajo la ropa, nada más alejado de la realidad. Yo acabo de matar en una mañana soleada, en mitad de una concurrida plaza a la vista de todo el mundo y sin más armas que mis palabras. Sí, mis palabras. No existe arma más hiriente, ni veneno más efectivo. Pensarlo: el recuerdo de un insulto o un halago permanecen durante mucho más tiempo que cualquier herida corporal. Contra las palabras no hay protección, son como un vendaval contra un muro de hojas, tarde o temprano lo acabará arrastrando.
¿Pero matar con palabras es posible? Por supuesto, sobre todo porque las palabras no son más que imágenes mentales de la realidad y pueden emplearse como un objeto, o como en este caso un arma, más cuando eres una Musa, o mejor dicho la Musa. No pienses en mí como esa mujer idealizada de la que hablan los poetas, con la que sueñas los narradores y para la que tocan los músicos, soy todo lo contrario. Físicamente no tengo una figura estilizada ni mis rasgos son finos, más bien soy pequeña, rechoncha, de amplias caderas y con un rostro normal.
Sin duda la causa por la que los artistas me anhelan no es física, si supiesen como soy realmente huirían de mí. Me desean porque soy capaz de susurrarles al oído cuando ellos menos lo esperan. Les susurro palabras que se transforman en ideas, imágenes, o música, que ellos interpretan como Arte. Y no lo hago por consideración hacia ellos, más bien por satisfacción personal. Me gusta verlos subyugados a mi voluntad a la hora de crear, ver como son incapaces de hacer nada por si mismos, pues a diferencias de las mujeres que desarrollan el Arte basándose en sus propias intuiciones, los hombres dependen por completo de mí.
Sin duda me gusta mi trabajo, disfruto con él, aunque sólo le encuentro un inconveniente: no podemos mostrarnos abiertamente a los humanos, da igual si es para burlarnos en su cara de ellos, tal como haría yo, o para ser alabados tal como desean otras de las criaturas legendarias que formamos parte del Mundo Paralelo. Exhibirse está totalmente prohibido. A la Materia Creadora jamás le gustó que nos expusiésemos abiertamente. Debemos de ser sólo un rumor, una leyenda, un susurro, nunca una prueba fehaciente. Es más, entre las reglas que rigen nuestra realidad hay una muy clara: el resto  de Vástagos debemos de acabar con quien se muestre abiertamente para poder preservar la Magia. Es este el motivo que me ha llevado a matar.
Conocía a mi víctima a la perfección, hasta habíamos sido amigos, pero las circunstancias me llevaron a restablecer el orden. Comenzó a preocuparme cuando un día estando ambos sentados sobre un tejado de Cádiz observando el atardecer, ese gran espectáculo que todos los días nos brinda Lorhelio, el jinete del Sol, comentó que estaba cansado de estar a la sombra. Ser “el Cazador de los Sueños Perdidos” le resultaba cada día más duro. Llevaba demasiado tiempo saltando por los tejados con aquella red gigantesca recuperando los sueños que cada día se volatizaba de la mente de los humanos sin ser reconocido. Ni una palabra de aliento, ni una aprobación por parte de nadie.
—Es nuestro trabajo. Nosotros no hacemos las cosas buscando el aplauso, lo hacemos porque es nuestra obligación—le repliqué.
—¿Y no estás cansada de hacer siempre lo mismo? ¿No te fastidia que nadie valore tu trabajo?
—Disfruto haciendo mi trabajo, me encanta que dependan de mí cuando desean crear Arte—respondí sonriente—. Y sobre todo porque es mi deber.
—Un deber que nos priva de Libertad. —Me miró con tristeza.
—Tu piensa lo que quieras, pero por favor no cometas ninguna estupidez o yo misma me encargaré de acabar contigo.
No es difícil imaginar: no me hizo caso, de haberlo hecho yo no lo hubiese matado. Desde aquel día seguí de cerca sus pasos. Lo seguí por todo el mundo, desde Nueva York a Taiwan, pasando por Buenos Aires y Reikiaviv. Fui testigo de su decadencia. Comprobé como dejaba escapar los sueños en la inmensidad del Universo. Descubrí como la tristeza parasitaba a la humanidad, y por último vi como él mismo se condenaba apareciendo en mitad de una concurrida plaza con su traje de cazador de color verde esperanza, armado con su red y dispuesto a anunciar que sin su labor el mundo sería un lugar más oscuro.
No tuvo tiempo tan siquiera a inhalar un poco de aire antes de hablar, pues me acerqué por su espalda de forma traicionera y posando mis labios sobre su oreja susurré: “Olvidado”. No hubo sangre, tampoco un cuerpo desvanecido en el suelo, tan solo hubo un humo blanco que ascendió al cielo de forma suave, de la misma manera que los sueños, que durante toda su vida se había encargado de rescatar, ascendían. Para la Materia Creativa no sería una gran pérdida, ninguno de nosotros lo somos cuando desaparecemos por cualquier motivo, sólo le basta con remplazarnos. No tardaría mucho en aparecer un nuevo “Cazador de los Sueños Perdidos” o Cazadora”, pues el género no resulta relevante. Lo importante es ser cerca capaz de cumplir con nuestra obligación.
Personalmente no me sentí orgullosa al asesinarle. Tampoco tristeza. Sólo la extraña sensación de la obligación cumplida, una obligación que hasta entonces no me había parado a meditar, aunque tampoco iba a hacerlo en aquel momento, pues apenas me había alejado un centenar de metros de la escena del crimen cuando me abordó un ser andrógino mitad mujer mitad hombre con alas y que portaba una rama de olivo en su mano derecha. Me preocupé al verle. La presencia de Némesis, personificación del Equilibrio entre el Mundo Paralelo y la Realidad, tan solo podía significar una cosa: problemas.
—Acompáñame, tenemos algo importante que tratar.—Pasó por mi lado sin tan siquiera dedicarme una mirada.

miércoles, 15 de enero de 2020

Ya está aquí Viento de Invierno (LITERATURA TODAY)

QUEDA POCO
GEORGE RR MARTIN CONFIRMA QUE TAN SÓLO
LE QUEDA 600 PÁGINAS POR ESCRIBIR DE VIENTOS DE INVIERNO.

La comunidad lectora amante de la saga Canción de Hielo y Fuego está de enhorabuena. Tras más de nueve años de espera desde la última entrega, Danza de Dragones, el próximo libro está casi finalizado. Según confirma el propio autor apenas le queda 600 páginas para terminar y ponerse de lleno con Sueño de Primavera. También comenta en una entrevista para este mismo medio que aunque ya sólo le queda un último arreón para enviar a la editorial el manuscrito, es posible que antes reescriba los veinte primeros capítulos que ya llevaba escrito porque no le convencen. Según parece esos cambios responden a una necesidad vital: no quiere que el libro se parezca en absoluto a la serie. Así que tras esta última noticia podéis saltar de alegría. Apenas queda otros nueve años para que podamos disfrutar de Vientos de Invierno.

Seguiremos informando mientras no nos censura,
o aparezca antes Viento de Invierno que el próximo
artículo de Literatura Today.