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lunes, 27 de febrero de 2012

Diario de una Inquietud (trigesimo septima entrada)

TRIGESIMO SEPTIMA ENTRADA

Tras la llamada de Marian me lancé como alma que lleva el diablo hasta el coche pese a que una terrible inquietud me recorría la espina dorsal, porque muy probablemente la noticia que fuese a darme decirme no debía de ser otra que nuestra ruptura totalmente definitiva, por lo que deberíamos de ponernos a aclarar temas de papeleo en la repartición o venta de la vivienda que juntos nos habíamos comprado con el dolor mayor que eso provocaba. Era como la sentencia definitiva de que no hay posibilidad de vuelta atrás.
Cuando llegué a casa de sus padres donde habíamos quedado me la encontré sentada en un sillón con las ojeras muy marcada por seguramente noches de imsomnio, y de llanto. Me abrió su madre a quien saludé pero tan siquiera optó por responder, al igual que su padre, que se dispusieron a salir del domicilio. Como siempre Marian era muy reservada con su intimidad incluso con su propia familia.
-Sientáte.-me invitó a colocarme en un sofá próximo a ella.
-Mi amor yo quiero pedirte...-no tuve tiempo a acercarme como pretendía. Quizás el contacto le llegase a enternecer.
-Dejame hablar a mi antes por favor.-me cortó.-Es muy importante lo que quiero decirte.-logró mi asentimiento pese a mi nerviosismo.-Quería decirte que...-pero no pudo proseguir, pues un llanto continuo se alojó en su garganta impidiéndole hablar.
No pude soportar estarme parado como una estatua ante el sufrimiento de la persona a quien más amaba, por lo que me arrojé para abrazarla. No me rechazó, al contrario pareció aceptar de buen grado mi muestra de afecto, quizás por ello pudo balbucear aunque de manera comprensible la noticia que tenía que darme:
-Victor estoy embarazada.-soltó a bocajarro.
Me quede unos segundos sin respiración mientras mi mente procesaba a todo correr la información mientras buscaba una respuesta mi corazón a como debía de sentirme aquello. En mi cabeza se presentaba varios dilemas: no sabía si ella lloraba de emoción porque era lo que más deseaba, quedarse embarazada, o porque al ser mío, y quería perderlo para no tener nada conmigo. Se daban decenas de opciones a la que ninguna sabía darle respuesta. Incluso para mi era algo difícilisimo, pues yo deseaba tanto tener un hijo como ella, pero por otra parte si lo habíamos estado demorando era porque nuestra economía  nos lo impedía. No sabía si reir o llorar.
-No pasa nada, sobre lo que tu decidas te apoyaré.-me mostró ambiguo. Una sola cosa tenía clara, yo quería estar con ella a toda costa.
-Joder Victor, es que no se que hacer.-se zafó de mi abrazo recomponiéndose mientras se secaba las lagrimas.
-Yo solo se que te amo.-le apreté mi mano contra la suya intentando no llorar yo también.
-Esa no es la solución.-me miró intentando mantenerse firme.-No sé que hacer por Dios. Estos últimos acontecimientos contigo me han impactado, no se que creer ni que hacer...Tenía muchísimas ganas de ser madre, pero no se si esta circunstancias son las mejores...-dudó reflejando aquello que yo antes me había planteado.
-Tengamoslo, siempre lo habías deseado.-quise apoyarla porque sabía que su ilusión era tener desecencia.-Yo estaré siempre a tu lado ya sea como tu pareja o simplemente como el padre de tu hijo. Haré todo lo posible por teneros como a reyes.-me sinceré.
Se lanzó sobre mi a volver a llorar, no sabía bien si porque temía retirarse de mi, o tener un hijo como madre soltera.
-¿Porqué me lo pones tan difícil?-gimió.
-Porque por encima de todas las cosas quiero hacerte feliz, me da igual que sea conmigo que sin mi.-le clavé  mi mirada intentado que captase mi sinceridad.
-No puedo estar sin ti, joder.-me besó en los labios.-Aunque lo que me has contado...-se retiró de mi repentinamente como asustada.
-¿Me amas?-me atreví a preguntar sabiendo que podía obtener una respuesta que no podía digerir.
-Pues claro que te amo, sino no me hubiese pasado tantas noches sin dormir.-justificó su amor.
-Hagamos borrón y cuenta nueva. Empecemos de cero.-le sugerí.
Como dos niños nos fundimos llorando en un abrazo que pareció detener el tiempo.
Y ahora que ha pasado el tiempo, ella ha sido quien me ha pedido que por favor averigüé quien es esa mujer de la foto si no quiere acabar loca...

jueves, 9 de febrero de 2012

Diario de una Inquietud (trigesimo tercera entrada)


TRIGÉSIMA TERCERA ENTRADA

En cuestiones de presentimientos procuró no hacerselos llegar a Marian en ningún momento, no quiero preocuparla innecesariamente, ya tuvo la pobre bastante con ser golpeada por una serie de prostitutas furiosas a las que por cierto la policia aún a fecha de hoy no ha logrado identificar, pero añadirle a tal la repetición todas las noches de la misma pesadilla, no resulta señal de coincidencia. Habrá quien lo pueda juzgar este hecho onírico a la situación de alteración sufrida que hace que el inconciente nos lo devuelva pese a que queramos olvidarlo.
Os explicaré mejor en que consiste el sueño, no se si llegaré a ser todo lo acertado posible, debéis de tener en cuenta que tan solo reproduzco aquello que mi pareja me cuenta. Por lo visto me dice que siempre comienza de la misma forma. Ella misma mirando por una ventana hacia un campo que parece ser de cafetales (que curiosamente nunca ha visto en persona, simplemente por imágenes televisivas), luego se coloca frente a un espejo con intención de peinarse, cuando la imagen que refleja no es la suya propia, sino la de una señora como de unos cincuenta años que va demasiado maquillada y de la que apenas consigue distinguir sus facciones.
Fuera aparte del impacto visual de sentirse como otra persona, comienza a oír una tremenda algarabía como de mujeres gritando. Sale de la habitación y ve a través de la escalera de lo que parece ser una lujosa mansión de época (similar a las que aparece en las telenovelas sudamericanas) que un tumulto de gente, la mayoría jovenes de color o en su defecto mulatas, armadas con palos y cuchillos se le aproximan.
En lugar de ir, pese al deseo irrefrenable de su subconciente, parece que su cuerpo la empuja contras las masas no sin antes dirigirse a ellas en un tono autoritario :“Acaso no sois capaces de venir solas a por mi”. Pero no obtiene respuesta, tan solo una lluvia de golpes que siente como si fueran reales, incluso puede notar como le clavan armas punzantes por los costados. No deja de moverse en la cama hasta que suelo despertarla para tranquilizarla. No es un hecho ocasional, son todas las noches...demasiado
He querido hacerle olvidar todo, no quiero que viva atemorizada, no quiero que siga soñando lo mismo, incluso he llegado a organizar una comida familiar para distraerla, pero su abuelo tuvo que mostrar aquella maldita foto...

domingo, 15 de enero de 2012

diario de una inquietud (VIGESIMO QUINTA ENTRADA)

VIGESIMO QUINTA ENTRADA

Quizás mi ingenio había subestimado a mi antiguo compañero de clase, lo había recordado mucho menos despierto para cuestiones ocultas, pero nada más acercarme al banco donde estaba sentado me preguntó de manera directa, qué quería de él. No dejaré de reconocer que quise aparentar que mi visita era simple cortesía como le había indicado, pero evidentemente no me creyó.
-Seamos sincero Victor.-me clavó la mirada amedrentándome.-Jamás fuimos amigos en la escuela, es más sabía que todos los niños me odiabáis, y con razón.-argumentó.-Por mucho que el tiempo todo lo cambie no creo que un hombre como tu pretendiese recordar su niñez con el matón de la clase.
-Llevas toda la razón del mundo.-no tuve más remedio que admitir.-Quizás debí de ser franco desde un primer momento diciéndote el motivo por el cual quería hablar contigo, aunque debes entender que quizás ciertos “temillas”, no esta bien hablarlo ante la pareja.-me excuse.
-Teniendo las cosas claras, dime exactamente que pretendes.-apoyo su brazo en mi hombro.-Eso si, te recuerdo que soy muy macho.-bromeó.
-Tranquilo a mi tampoco me gustan los hombres, mucho menos tu, nunca fuiste mi tipo.-continué la broma.-Pero es muy diferente lo que busco.-mi tono paso a ser más formal.
-Soy todo oídos.
-Necesito a alguien que me ayude a secuestrar a una persona.-fui claro.
-No cuentes conmigo.-contestó de manera rápida.-Quizás me recuerdes como el malote de la clase, pero soy incapaza de hacer nada ilegal al menos de momento. Menos secuestrar a nadie.-fue tajante.
-No es como puedes llegar a creer...-quise justificarme.
-Me importa una mierda, no quiero creer absolutamente nada.-su voz sonó aspera como una lima.-Estar en la calle no significa tener que venderse...
-No lo entiendes.-lo tomé por los hombros al verlo levantarse. Quizás llegué a mostrarme un tanto violento pues Martin se quedó plantado mirándome sorprendido.
-Si lo que buscas es a alguien que te ayude a secuestrar a alguien te puedo presentar a alguien.-reculó.-Eso si, no quiero saber nada más acerca de esta movida.-hizo el gesto de desentenderse del tema.
-Cuenta con ello.-acepté incomodo. No quería dar la imagen de un mafioso sin escrupulos, pero no me quedaba otra opción.-Permitime al menos que te invite a tomar algo.-oferté.
-No.-negó echándose su mochila al hombre.-Mañana nos veremos a las 12,30 aquí para ir al Comedor social del Salvador. Allí te presentaré al hombre que buscas.-se marchó sin decir nada más.
A la mañana siguiente como un clavo estuve en la misma plaza, de cara a la empresa había tenido que justificarme con una gastroenteritis repentina, porque creo que no os lo dicho, para entonces ya había obtenido el alta médica, ya luego debería de preocuparme por encontrar una justificación médica como coartada a mi ausencia del trabajo, menos mal que un amigo del instituto trabaja en la Seguridad Social y podrá ayudarme.
Caminamos en silencio durante todo el trayecto. Martín daba muestra de no sentirse incomodo a mi lado, pero supongo que ayudarme era la forma más conveniente que veía de retirarme de su lado, pues en definitiva mi persona era sinónimos de problemas, aún así sin que este antiguo compañero supiese nada de mis hechos recientes.
-Ves a ese hombre vestido con la cazadora marrón.-señaló mientras aguardabamos en la cola logrando una leve afirmación por mi parte.-Es a quien necesita.
Pensé que dicho eso dejaría que yo mismo me pusiese en contacto con él, pero me sorprendió ver como él mismo se acercaba al hombre de la cazadora para susurrarle un par de cosas señalándome. Para ser alguien que pretendía cometer un secuestro no dejo de reconocer que me faltaba valor, pues nada más con las miradas de aquel croata, de nombre Bedri, al menos así fue como me lo presentaron, me sentí intimidado.
Respiré hondo al verlos acercarse, aquel hombre que pese a su delgado cuerpo se mostraba peligroso, me imponía un respeto tremendo.
-Ya hablarme Martin sobre su negocio.-farfulló el croata en un mal español.
-¿Y bien?-le interrogué con más atrevimiento que valor.
-Solo ponga precio.-aceptó ofertas.
-Tres mil euros.-hice una valoración a la baja. La verdad que al nunca haberme dedicado a estos negocios debo reconocer que no sabía a cuanto estaba el precio de mercado.
-Digamos diez mil mejor.-contravaloró.-Por precio ese yo matar...
-No, no es necesario.-comenté rápidamente.-Solo secuestrar.
-¿Acepta oferta?-levantó una ceja.
-Si.-de todos modos no tenía más curriculum de gente dispuesta a infrigir las leyes.
Lo que yo no sabía que aquel precio que le pagaría era demasido caro para la calidad de su trabajo...