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lunes, 16 de enero de 2012

Voy a matar y no pienso echarme atrás en ello...

Así de claro y conciso como es el título es aquello que me propongo. Pienso asesinar, pero no pienso ocultarlo como harían otros, lo hago a las claras, sin mascaras, sin tapujos, sin coartadas que me amparen, y es que podré pecar de muchas cosas, pero en este caso no pienso ser un cobarde. Voy a matar de cara, a plena luz, como hacen los valientes, y es que muchos murmuran lo que yo voy hacer y no ejecutan. Yo sin embargo lo clamó a través de la red.
Voy a matar porque estoy cansado, porque me hastía aquello que odio, y no es otra cosa que ese mito de que para triunfar en la literatura tienes que crear un cliché, un personaje, que en muchas ocasiones tan siquiera tiene nada que ver con la personalidad real del autor, sino es un papel que las editoriales les cuelgan para lograr más venta. Me explicaré mejor:
Hoy día para comenzar para dedicarse a la literatura, es casi condición indispensable ser periodista, ya que se les supone cultivado en el uso del lenguaje debido a su profesión pero permitanme decirles, que en muchas ocasiones los textos de muchos de ellos, son dignos de analisis por parte de un profesor de prescolar, ya que muchos no solo les cuesta escribir sino hablar. Como consecuencia de esto, el periodista ahora reconvertido en escritor, debe opinar, y ser polémico, no vale con observar la actualidad con cierto analisis crítico, sino que en muchos casos, casi sin pasión se posicionan de manera desmesurada en un extremo u otro. O bien eres un carca conservador, o eres un rojillo concienciado, cuando en muchos casos tan siquiera tienen contactos con el pueblo llano, y se dedican a hablar de política y libertades apoltronados en sus chalet, mientras la gente sufre, que sabrán ello. Lo mismo que les ocurre a aquellos escritores que van de filosofos de la vida, de carpe diem, buen rollista, que te proponen que disfrute de las pequeñas cosas, mientras pasea por la ciudad en su coche de alta gama disfrutando de su fortuna, que no precisamente de la sonrisa de un niño, o de acariciar un perro, y es que manda cojones, así como lo oyen, manda cojones.
Una vez resulta la genesis de todo autor casi indispensable toca logra captarlo dentro de un género, es decir, o bien ser el escritor bohemio, despistado, que durante las presentaciones hace como que se va a Babia, dándole así un aire de romántico del siglo XIX, mientras viste de forma retro, mucho de ellos, apuntado de mala forma al rollo gafapastero, mientras que otros tantos, son los intelectuales, que cada vez que habla afirman sus palabras intentado crear dogmas de fe, y que no solo conformes con eso se muestran inaccesibles al público, ya que él esta en un altar que no se puede tocar, ya que de hacerlo el pobre desgraciado que lo haga, logrará verse maldito por esto autoproclamados dioses.
Son tantas las tonterías que se mueven, que hay veces que en lugar de matar cliches como estos, me entran ganas de asesinar mis propias obras, que por culpa de majaderos e iluminados caen en el obstracismo, aunque no sin reconocer mi falta de talento, aunque si se de otros tantas personas, que luchan, que escriben, que se rompen literamente los cuernos por sus obras, el mejor ejemplo está en muchas de mis entrevistadas que solo quieren el reconocimiento del público no a través del aplauso, sino de la lectura de sus libros, que al fin al cabo es lo que alimenta sus egos, pues en el fondo, todo escritor tiene su punto de egolatra.
Pensaba asesinar a Diario de una Inquietud y el blog, pero no me da la gana de que me ganen la partida, que muchas gentes que merecen darse a conocer no puedan hacerlo, como nos evitan las editoriales. No lo haré, porque como dije a final de año, este es el año de la lucha, el año de enfrentarse, porque mejor escritora puede ser una limpiadora, al menos que seguro que le pone más pasión, que cualquier periodista creído que piensa que por ser él tiene a los lectores ganados. Se equivoca si piensa que es tan fácil, nosotros somos la llama donde arderá...
...Seguimos en la gresca... 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

diario de una inquietud (decimoseptima entrada-primera parte)

DIECISIETEAVA ENTRADA

Seguro que andáis riendo todavía de la entrada anterior, siendo del todo sincero yo también lo hubiese hecho en vuestro caso, pero os doy mi palabra de honor, aunque en los tiempos que corren apenas se tenga en cuenta, que cuánto os contaré a continuación es cierto:
En un principio no tenía pensado alargar mucho la baja, pero cobrar, aunque sea un poco menos, sin dar ni un palo al agua, es estupendo, así que no dude en echarle cuento a mis dolores para ganar más tiempo para investigar sobre el tal Iñigo de Guzmán, además no hacéis ni una idea de lo rutinario y aburrido que puede resultar trabajar en una entidad bancaria aunque la mayoría de la gente piense que nos tocamos las narices como los funcionarios...en fin que me voy por las ramas. Antes que buscar tesoros ocultos quise descubrir sobre la identidad del firmante del manuscrito.
Lo más lógico hubiese resultado irse al archivo municipal y ponerme a manosear antiguos libros por mi cuenta y riesgo, pero eso sinceramente resulta extremadamente literario, yo tan solo resultó ser un empleado de banca, que no niega su gusto por leer de manera habitual alguna que otra novela histórica, pero de ahí a ponerme a investigar como que dista mucho, así que la opción más lógica resultaba pedir ayuda, aunque esta vez descarte a Babas Sucias. Si había tardado en traducir un texto no me quería imaginar en buscar a un personaje.
No fue hasta que vi un cartel por la calle sobre una conferencia sobre Historia de Jerez en la sede del Ateneo Jerezano cuando me di cai en la cuenta que tal vez allí podrían ayudarme, pues hasta entonces no había pensado a quien recurrir. En una asociación de carácter cultural seguro que habría más de un socio dispuesto a colaborar en desentrañar los entresijos de aquella historia.
Con un poco de timidez me planté en el local para escuchar la charla que resultaba darla un señor de unos setentas años, jardinero de profesión que durante su vida se había ocupado en el estudio del pasado, pero que en definitiva no era un profesional. En un principio dude en pedirle ayuda, no me acababa de fiarme de su formación como autodidacta, pero era la única persona más cercana que no fuese Babas Sucias a quien podía recurrir.
-Interesante charla.-me acerqué a felicitarle en cuanto terminó la conferencia. Debo reconocer que mentí como un bellaco, la verdad que no me había interesado nada, pero debía de reconocer sus grandes dotes para hilvanar todos los datos que había acumulado en su cabeza, ya que en ningún momento utilizó los papeles que llevaba.
-Gracias, solo he intentado acercar un poco de nuestras historia. Solo así podremos comprender mejor el presente.-dijo con total humanidad utilizando aquella frase tan manida por quienes se dedican a estudiar el pasado.
-Claro todo influye.-aporté sin saber muy bien cómo proseguir la conversación.
-Si eso esta claro, fijese usted en la actual crisis, no es más que la repitición del pasado, vivimos en un continuo bucle...-comenzó a politizar el tema provocando que me supiese un esfuerzo seguirle, pues relacionado a partidos políticos actuales con estadista de la antigüedad durante al menos veinte minutos.-Pero seame sincero si se dirige a mi no solo por felicitarme.-soltó de golpe.
-¿Porqué dice usted eso?-me dejó un tanto perplejo.
-Pues porque no paraba de bostezar durante todo el coloquio fuera aparte de mirar constantemente el reloj.-comentó pero sin tono de reproche.
Me ruboricé como un tomate, jamás hubiese pensado que se había estado fijando en mi, sin embargo, parecía haber estado vigilando cada uno de mis gesto. Me vi en una encrucijada, así que decidí ser sincero:
-Realmente estaba interesado en una información concreta.
-Pero hombre, para eso puede pasarse cualquier día por aquí, yo estoy casi todas las tardes aquí a partir de las seis. Es raro la tarde que no este, es más, mi mujer cansada de mi me dice: “no te vas a ir hoy a la asociación”-explicó con una sonrisa.-Si quiere pasase mañana y podré atenderle de mejor manera.
-De acuerdo.-le estreché la mano retirándome aún ruborizado. Desee con anhelo que llegase el día siguiente