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lunes, 11 de julio de 2011

Soy un zombie (o mis desdichas para encontrar un cerebro...)

relato de inquietante realidad social

Hay quien piensa que la vida de un zombie es lo más sencillo, nada más apartado de la realidad. Vale que no es necesario preocuparnos en que vestir, muchísimo menos de la higiene, pero a la hora de buscar comida la cosa se pone muy, pero que muy complicada al menos en España, y es que a fecha de hoy encontrar un cerebro no es nada fácil. Antes con caminar tan solo dos pasos...
Pero centremonos que se me va el santo al cielo con facilidad, será cosas de estar muerto. Hace poco comencé mi rutina de buscar un humano apetitoso a quien devorarle el cerebro, así que encaminé en busca de un político. Siempre había oído que eran geste ducha y versada en la gestión de los recursos al servicio de la comunidad, un plato realmente apetecible. Cual fue mi sorpresa al intentar dar el primer mordisco, que aparte de querer enredarme con palabras sin sentido, el contenido de la testa de aquel señor estaba totalmente relleno de humo. No había nada más que falsas ideas arraigadas a las ansías de poder, y como ustedes comprenderán, eso no alimenta mucho, aparte de que los políticos no hacen más que pelearse con lo mismo de su especie política. Como ustedes comprenderán puedo ser un zombie, pero al menos los de nuestra especie tenemos una educación y respeto hacia los nuestros.
No me vine abajo en busca de un cerebro, por lo que en lugar de desanimarme decidí ir a por un manjar mejor, y que puede resultar más exquisito que la cabeza de algún intelectual, o cualquier persona relacionada con la cultura, ya fuese un músico, o un escritor. Pero cuando encontré el lugar donde se reunen, creo que se llama GAER o ESGA, o como quiera que sea, y lo único que encontré fue a un grupo de supuestos intelectuales vendiendo también supuestos obras de arte. Las obras eran inocuas, no tenían consistencia, ni ideas, ni nada que demostrasen inteligencia...Si por algo destacaba aquel grupo, era por un interés desmesurado por el dinero, era la única razón que les llevaba a vocear sus en defenitivas productos.
Defraudado opté por buscar el plato fácil, a lo sencillo, al simple peatón de la calle sin más pretensiones, pero como es de suponer tampoco logré gran éxito; mentes rellenas de fútbol por no hablar de programas del corazón con basura de una don nadie conocida como realeza populista.
Tuve ganas de llorar, pero una buena amiga, muy guapa, aunque le falte un pecho, me habló de ciertos lugares donde aún la gente pensaba, se rebelaba contra lo establecido y pensaba que todo podría ser distinto: es la leyenda de los Indignados...
Lo que me gustaría saber si a ustedes podré comeros el cerebro, o ya otros os han comido la cabeza...