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miércoles, 28 de noviembre de 2018

Zombis digitales (LITERATURA TODAY)

MÓVILZOMBIS
CREADORES DEL GÉNERO ZOMBIE ADVIERTE
QUE LA EPIDEMIA YA HA COMENZADO A TRAVÉS DEL MÓVIL.

¿Quién no ha visto caminar a alguien por la calle sin tener conciencia de dónde estaba ni hacia donde iba? ¿Quién no ha intentado hablar con alguien y esa persona no le prestaba la más mínima atención? En todo esos casos había un factor común: un teléfono móvil. 
Tras reunirse en una convención autores del género zombi han decidido lanzar una advertencia: la nueva plaga zombi la provocan los teléfonos. Ya no es necesaria la manipulación de un virus en un laboratorio ex soviético para que la gente camine por la calle sin saber realmente donde va. Estos nuevos zombis no se alimentan de carne humana, sino peor aún, de su vida social publicada a través de las redes sociales. Los nuevos zombis son insaciables, siempre necesitan más fotos, más comentarios, y más de todo lo que ofrecen las redes sociales. Sin duda una plaga en auge.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o resultéis infectados por leer esta noticia.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Cantautor = libro (LITERATURA TODAY)

ANTILOPEZ SE ATRINCHERA
PARA NO VERSE EN LA OBLIGACIÓN DE PUBLICAR LIBRO.

Ya lo venimos denunciando desde hace algún tiempo en este blog: si eres cantautora, cantautor, o alguno de sus derivados estás en la obligación de sacar un libro, fundamentalmente de poesía, pero si no vale cualquier temática. Tras sucumbir Rozalen a las propuestas editoriales, (aún así nos encanta esta artista), nos ha llegado la noticia de que el grupo Antílopez ha decidido atrincherarse en su casa con la firme decisión de no publicar nada. Amenazan con dar conciertos desde el salón de su casa si las editoriales no le dejan tranquilo. No sabemos si cumplirán las amenazas, pero si podemos decir que son los últimos sin libro.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o nos envíen un disco-libro firmado para desmentirnos.

sábado, 24 de noviembre de 2018

El chalet de chocolate (CAPÍTULO 3 DE ERASE UNA VEZ. EL PUERTO CONECTION)

CAPITULO 3
Tengo serias dudas sobre si me sorprendió más conocer la escena del crimen, un lujoso chalet situado en una urbanización de clase alta, o a Manteca. La agente Manteca, porque aunque suene más a mote típico de la gente de sur este era su apellido, era una mujer impresionante. Con su metro ochenta y siete de puro músculo me hizo sentir minúscula. No había ni un ápice de grasa en todo su cuerpo. Además, su aspecto andrógino acompañado de un corte de pelo corto invitaba a la confusión. En un primer momento no supe si era un hombre o una mujer, hecho que me hizo meter la pata hasta el fondo cuando Leonor me la presentó:
—Águeda, tengo el gusto de presentarle a Inma, te ayudará en todo cuanto desees.
Quizás porque aún estaba medio adormila, en lugar de enterarme Inma, oí Isma.
—Encantada—le estreché la mano. —¿Isma, de Ismael?
—No, inspectora—habló con un tono de voz tan dulce que en nada se correspondía con su apariencia. —Inma de Inmaculada.
—Lo siento, yo…no sabía…pensé…—balbuceé sin acertar a excusarme con acierto.
—No se preocupe, no me molesta lo más mínimo—sonrió para restarle importancia.
No me atreví a hablar mientras Inmaculada me llevaba en el coche patrulla hasta el chalet donde habían encontrado el cadáver por miedo a volver a cagarla. No quería dar la impresión de tener prejuicios cuando siempre he sido una persona abierta de mente. Fue ella quien tomó la palabra para darme detalles del informe que tan siquiera había sido capaz de comenzar a leer. Comenzó dándome detalles de la ubicación del domicilio de la víctima: Vistahermosa, la urbanización más cara de la ciudad. Haciendo un símil se podría decir que era La Moraleja del Puerto de Santa María, e incluso me atrevería a decir que incluso más cara por estar cerca de la playa. Una casa allí costaba de media: riñón y medio. Un vulgar proletario no podía tan siquiera ni soñarla. Sin duda la zona era para gente VIP. La mayoría del vecindario eran o bien aristócratas, empresarios de éxitos, o algún que otro artista deseoso de poder pasar un par de meses alejados de las grandes urbes.
Dos agentes custodiaban el chalet situado en la calle Altair, una casa enorme a poca distancia de la playa. Aunque si algo realmente me impresionó fue ver el interior. Me quedé alucinada al ver como absolutamente todas las paredes estaban recubiertas con placas de hachís.
—Y como en el cuento, esta es la “particular” Casita de Chocolate” del Puerto de Santa María—dijo riendo la agente Manteca y hasta con cierto orgullo al verme boquiabierta.
—¿Sabemos si esto estaba así de antes? —me interesé mientras sacaba del bolso mi cuaderno de anotaciones.
—Lo dudo.
—¿Y cómo es que no lo han retirado ya?
—La comisaria pidió que se dejase tal cual para que usted lo viese tal como estaba todo, y como el juez no puso impedimento. ¿Me va a decir usted que no es original? —quiso tener mi aprobación.
—Sin duda es original, pero no estamos precisamente aquí para valorar eso—corté todo atisbo de broma alrededor del lugar del crimen. —¿A quién pertenece el chalet?
—Si mal no recuerdo este casoplón era de Manolín.
—Agente Manteca…
—Llámeme Inma, por favor—me interrumpió.
—Está bien, Inma, para usted ese tal Manolín debe de ser muy conocido, pero con esos datos yo no puedo trabajar—le advertí.
—¡¿Cómo no puede usted conocer a Manolín? Manolín es el mejor jugador de todos los tiempos que ha jugado en el Betis. Si hasta marcó un golazo, que nos anularon en aquel mundial que perdimos por culpa del árbitro aquel…—se llevó las manos a la cabeza simulando sorpresa.
—Desconozco los pormenores del balompié—le corté. —¿Fue ese tal Manolín la víctima?
—No, su padre. Era él quien vivía aquí desde que se divorció de su mujer—respondió molesta.
—¿Tenía alguna clase de relación con el mundo de las drogas? —señalé hacia las placas de hachís que decoraba las paredes.
—¡Pregunta usted mucho!
—En eso consiste mi trabajo. Sin esas preguntas no tengo datos sobre los que investigar—repliqué siendo yo quien se empezaba a molestarse con aquella actitud displicente de Manteca.
—A riesgo de caerle aún peor—dijo con sarcasmo. —Tal vez si se hubiese leído el informe, no sería necesario que fuese yo quien le contestase a esa pregunta.
¿Sabéis como uno se siente cuando te han dado un golpe sin necesidad de mover las manos? Si lo habéis padecido alguna vez sabréis como me sentí. Sentí rabia. No todos los días alguien a quien acabas de conocer te reprende de tal forma. No repliqué porque la agente Manteca llevaba toda la razón del mundo. La culpa era mía primero por no haber leído el informe, el sueño no es excusa para una profesional como yo, y segundo por aceptar la invitación de ir a la escena de un crimen sin tener ni puñetera idea de que iba el tema.
Pese a no haber replicado, mi cara debía de decirlo todo, porque rápidamente Inma se excusó:
—Siento haber sido tan brusca. Tal vez no han sido las formas más adecuada de dirigirme a una superior, inspectora. Si le he dicho lo del informe no ha sido con ánimo de ofenderla, sino más bien porque hay muchos datos que desconozco y no quisiera meter la pata—se excusó con la mirada baja.
—No tiene por qué excusarse, lleva toda la razón del mundo. La culpa es mía—acepté sin tapujos mordiéndome el labio, pues el cambio hormonal del embarazo me pedía llorar a moco tendido. —Antes de macharnos indíqueme la habitación donde se halló el cadáver.
Me indicó un cuarto de baño situado en el piso superior del chalet. Cuando entré me topé con la escena del crimen intacta, (era como si tan siquiera hubiesen pasado los de la policía científica). A excepción del cadáver, que habría sido llevado al Instituto de Medicina Legal de Cádiz, todo continuaba como si el asesino se hubiese ido hacía menos de cinco minutos. Un enorme gancho, similar al usado por los carniceros para colgar las piezas de carne, colgaba justamente encima de la bañera. No me costó deducir que de aquel gancho había sido colgada la víctima mientras se desangraba como si fuese un cochino. Según pude comprobar más tarde por foto, la sangre de la víctima apenas llenó la bañera, (lo suficiente para lavarse los pies), pues lejos de lo que muchos creen apenas contamos con más de siete litros en el cuerpo.
Aunque traté de evitarlo, una fuerte arcada me hizo girarme sobre el lavabo para expulsar todos los churros y el chocolate que me había metido entre pecho y espalda. No me había vuelto más susceptible a las imágenes de sangre, simplemente el embarazo me había revolucionado todo el cuerpo. Finalmente resultó que hasta me vino bien vomitar, no por el hecho de vaciar el estómago, que también, sino porque justo al lado del grifo del lavabo hallé algo que posiblemente los de científica habían pasado por alto: un hueso que a simple vista parecía la falange de un dedo.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Éxito farfullo (LITERATURA TODAY)

SUPERVENTA FARFULLERO
UN LIBRO ALCANZA LO MÁS ALTO DE LAS LISTAS DE ÉXITO
CON UN LIBRO ESCRITO EN UN HABLA MURCIANO.

El público lector sin duda es imprevisible. Cuando muchas personas se pensaban que lo habían visto todo tras comprobar el éxito del libro de Belén Esteban, no estalla esta noticia en la cara. Un libro escrito en farfullo murciano se cuela entre lo más vendidos. Sin necesidad de traducción ha logrado que miles de personas se hayan enamorado de su historia, un cuento fantástico de elfos luchando contra calabazas gigantes que han nacido del huerto murciano por culpa de una invasión alienígena. Sin duda en este blog haremos la reseña.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o Perez Reverte piense que nos inspiramos en su artículo...

martes, 20 de noviembre de 2018

Poema carcelario (LITERATURA TODAY)

ALBERTI A PRISIÓN
ES LA SENTENCIA DEL SUPREMO POR ENALTECIMIENTO
DEL TERRORISMO POR SU POEMA A GALOPAR.

Han pasado más de ochenta años desde que Rafael Alberti escribiese su poema más conocido, justamente el único que conoce todo el mundo titulado a Galopar, y que Paco Ibañez popularizase, pues bien el supremo a decido encarcelar al poeta porque tras una denuncia por twitter de un grupo de extremaderecha se ha dictaminado que él poema enaltece el terrorismo ya que habla de ahogar a gente en el  agua y pasarle por encima los cascos de un caballo.
Antes de ser apresado Alberti ha decidido huir a Bélgica y refugiarse junto a Valtonyc y Puigdemont.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o nos denuncien por enaltecimiento de la idiotez.

domingo, 18 de noviembre de 2018

En el nuevo destino (CAPÍTULO 2 DE ERASE UNA VEZ. EL PUERTO CONECTION)


CAPÍTULO 2

Bostecé hasta en cinco ocasiones mientras observaba el edificio donde se situaba la comisaría del Puerto de Santa María, un edificio eminentemente funcional como debía de ser el cuerpo nacional de policía. Desvié la mirada en busca de un bar donde poder tomarme un café que me espabilase. Apenas había podido descansar. Primero porque no podía conciliar el sueño por los nervios del embarazo, aún me costaba asimilar que iba a ser madre, y luego porque viendo que la noche iba a ser larga, estuve indagando por internet en busca de casas para alquilar. Además para colmo el rastreo de pisos en San Fernando fue inútil. Los precios estaban por las nubes, más teniendo en cuenta de que necesitaba un piso de tres habitaciones, una para mí, otra para la criatura que estaba en camino y otra para mi madre, pues si algo tenía era que  no deseaba compartir ni la habitación ni la cama con ella, si algo recordaba de pequeña, era cuando alguna noche dormía  a su lado me levantaba con el cuerpo abatido porque no dejaba de moverse ni un minuto.
Estaba muerta. Por una cosa u otra si había logrado pegar ojo más de veinticinco minutos se podía considerar un éxito. Es más, cuando sonó el despertador maldije mi estampa hasta en siete ocasiones. Me enfadé conmigo por haber aceptado aquel nuevo caso del que aún nada sabía. Pero ya no había solución.
Entre las diferentes opciones de bares que me ofertaba el entorno me decidí por uno que hacía esquina con una enorme terraza llamado “La Ponderosa. Nada más sentarme me volví a enfadar al recordar que no podía tomarme un café, la cafeína está prohibidísima para las embarazadas, así que pensé en tomarme un vaso de leche con cacao, si me concentraba lo suficiente lograría crear un efecto placebo que me hiciese creer que aquella bebida me despertaría. Cambié rápido de opinión al ver pasar a un camarero cerca de mí con una bandeja repleta de chocolate caliente y churros recién hechos. Comencé a babear como lo habrían hecho los perros de Pavlov al oír la campana. Nada más pasar una camarera por mi lado le tomé del brazo para hacerle el pedido, justo lo mismo que acababa de ver pasar por mi lado. Tal vez la forma de pedirlo le hizo gracia a la mujer que no trató de disimular una sonrisa. No me importó lo más mínimo. En un instante había sentido la necesidad de mojar los churros en el chocolate y engullirlo como si no hubiese un mañana. No sabía si era por una cuestión hormonal, lo que suelen llamar “antojos” en el embarazo, por el abandono de mi pareja, o por la futura aparición de mi madre, o vete a saber, pero yo tenía claro que deseaba desayunar.
Me sonó el teléfono mientras devoraba los churros como si no hubiese comido en años. Respondí con la boca llena, no tenía intención de dejar de degustar aquella delicia. Debo de admitir que a mi interlocutora, la comisaria del Puerto de Santa María, le costó entenderme. Menos mal que la conversación no duró mucho, básicamente me emplazaba en aquel mismo bar donde me hallaba para hacer una primera toma de contacto, algo más informal y menos reglado, o como dijo ella “algo menos encorsetado”. Sin duda me encantó la idea, pues mientras me entrevistaba con quien iba a ser mi superior podría pedirme otra ronda de churros pues de la primera que había pedido apenas quedaba nada.
—¡Veo que le han gustado los churros de aquí!—dijo la  comisaria con una sonrisa a modo de saludo al ver como engullía los churros mientras un poco de chocolate se deslizaba por mi barbilla.
Fue entonces cuando fui plenamente consciente de que estaba comiendo como una autentica gorrina. Hasta entonces no había parado de comer ni para tomar aire. Me sentí avergonzada. No existen segundas oportunidades cuando se habla de primeras impresiones, y la que se habría llevado mi superior sería la de alguien incapaz de controlarse, algo nada recomendable para una criminóloga como yo. Sin embargo, ella pareció no darle importancia al hecho.
—A mí también me encantan—me guiñó un ojo de manera cómplice.—Antonio, por favor, en cuanto puedas me pones lo mismo que a ella.—se dirigió a uno de los camareros mientras se sentaba a mi lado.
—¡Discúlpeme, habitualmente no suelo comer de forma compulsiva!—me excusé.—Aunque no lo parezca, soy la inspectora Águeda Sarasua, y usted debe ser la comisaria Espinas.—le estreché a mano.—Por cierto, ¿cómo ha sabido qué era yo?
—Digamos que su comisario, mi apreciado Paco, me hizo una breve reseña sobre usted: blanca como un choco, de aspecto formal, y con un brillo especial en la mirada, el mismo brillo de quien espera algo—me miró directamente a los ojos con una sonrisa dibujada en la cara.
Aquellas palabras me alertaron. Era la segunda referencia solapada proveniente de mi comisario sobre mi embarazo. Cada vez sospechaba más que aquel médico, al que solíamos acudir todo el cuerpo de policía de Cádiz, era amigo suyo y no había tenido ningún reparo en contarle lo de mi embarazo. Pese a ese detalle traté de no dar muestra de afección por aquellas palabras. En mi mente me hice una nota mental para tratar de esclarecer todo lo que sabía Paco.
—Por favor, llámame Leonor en lugar de comisaria Espinas. Comisaria Espinas me hace sentir mayor—usó un tono de camaradería que me recordó mucho a Paco, mi comisario de Cádiz, aunque era en lo único que se parecían, pues a diferencia de él, Leonor era una mujer aunque madura bastante atractiva, algo que se reforzaba con una ropa de vivos colores, elegante a la par que jovial.—Y dígame, ¿lleva mucho tiempo aquí? ¿Qué le parece el Sur?
—¿Tanto se nota que no soy de aquí?
—Tanto como a mí cuando llegué al sur, aunque mi acento hoy día parezca mucho más andaluz que el de muchos de aquí—rememoró casi hablando para si misma.
—Yo soy natural de Valladolid aunque la mayor parte de mi vida la he pasado en Salamanca. ¿Y usted?
—De un poco más arriba de Ponferrada. Por cierto tutéame, deja de llamarme de usted si no quieres que me enfade—comentó guasona.—¿Y cuéntame que te trajo al sur?—Me habló como si fuésemos dos viejas amigas antes de dar un sorbo a su chocolate caliente.
Más allá de su cargo, Leonor Espinas daba muestras de ser una mujer con don de gente, alguien capaz de empatizar con su prójimo y hacerle sentir cómodo. Sin duda la primera impresión que tuve fue la de estar ante una mujer honesta y sin dobleces. No tuve ningún pudor en responderle con total sinceridad:
—Mi novio de toda la vida me engañó con mi mejor amiga y necesitaba un cambio de aire. Venir al sur me ha ayudado a madurar, y aunque muchas veces peco de ingenua, sin duda me alegro del cambio.
—Pues entonces compartimos historia. Yo me vine aquí destinada tras romper con mi novio de toda la vida, en mi caso porque no era factible que una agente de la ley estuviese saliendo con uno de los capos de la drogas más importantes de la zona del Bierzo. Debo de aclarar que no me enteré de su verdadera “profesión” hasta pasado unos años de relación. Siempre he sido un poco ingenua.—Sonrió con su propio recuerdo. —Sentí vergüenza de volver a comisaría sabiendo que todos me tomaban por tonta así que me vine para acá pensando que sería algo temporal, al menos mientras los compañeros se olvidaban de como yo no me había dado cuenta a qué se dedicaba mi novio,  pero ya me ves, he acabado de comisaria del Puerto de Santa María.
—¿Y qué le hizo quedarse?
—Podría engañarte diciendo que fue por amor, pero no me gusta mentir, menos aún a alguien a quien acabó de conocer ahora mismo. Nunca tuve suerte en el amor. Todas mis relaciones han sido improductivas tal vez porque en algunos casos acabé mezclando trabajo y amor. Aquí donde me ves, me he divorciado en dos ocasiones. Con los años te acabas dando cuenta de que los hombres son como los pañuelos, una vez usados lo mejor es deshacerte de ellos. Hazme caso. Si tienes novio deshacerte de él lo antes posible—comentó con sarcasmo.—No, ahora en serio, si me quedé en el sur fue porque tras meditarlo mucho, pensé que el mejor lugar para criar un hijo, aunque fuese de un embarazo inesperado, es aquí.—Me miró de nuevo fijamente a los ojos.
Un escalofrío recorrió mi espalda. Tragué saliva. Por un momento llegué a creer que estaba usando mi propia historia como si fuese propia, (que le habría narrado el chismoso de Paco, el comisario de Cádiz), para sonsacarme si estaba embarazada. Era demasiada casualidad que la historia de Leonor fuese casi a grandes rasgos igual que la mía aunque con varios años de diferencia.
Continuamos hablando casi una hora sobre ambas, como si fuésemos viejas amigas que se reencuentran tras mucho tiempo separadas sin saber la una de la otra. Mientras que ella tiró por derroteros más personales, yo opté por hablarle más de mi lado profesional. Le conté los diferentes casos en los que había participado desde que me trasladé a la comisaría de Cádiz: SERIOpata, Falocracia y el último “asesino en serio”. No sé si llegué a meter la pata contándole que en el primer caso me enamoré del asesino, mientras que en el otro lo hice de uno de los sospechosos, Enrique Viañas, escritor y futuro padre de mi hijo, aunque esto último si lo obvié.
—¡Es como si hubiésemos vividos vidas paralelas! —dijo Leonor al concluir mi narración. —Bueno, tras conocerla un poco puedo concluir que eres, si me permites el tuteo, la persona  más idónea para este caso, ¿sabes por qué?
—No tengo ni idea—me encogí de hombros extrañada.
—Porque todo lo harás justo como lo habría hecho yo en tu lugar—afirmó. En cierto  modo aquella frase implicaba una mayor presión. Si yo fallaba sería como si fallase la comisaria en persona. —Ya está  bien de charla. ¡Pongámonos manos a la obra!
Tras acompañarme hasta el despacho que me había asignado, un lugar pequeño aunque bastante funcional situado justo al lado del de ella, me di cuenta de que hasta entonces no habíamos hablado ni una palabra acerca del caso por el cual yo había sido destinada al Puerto de Santa María. No le di importancia, todo lo que necesitaba saber debía de estar en los informes que tenía colocado sobre mi mesa.
—Si necesitas cualquier cosa no tienes más que entrar en mi despacho, tan siquiera es necesario que llames, trataré de ayudarte en la medida de mis posibilidades. Por cierto, en cuanto termines de leer el informe, te presentaré a la agente que te acompañará.
—Muchísimas gracias.
Sin duda el trato de la comisaria Espinas nada tenía que ver con el trato prepotente que me había dispensado el comisario Orbaneja cuando fui destinada a Jerez para resolver el denominado caso “Falocracia”. Tal vez el hecho de que Leonor fuese mujer le hacía ser mucho más considerada hacia las compañeras de su propio género, aunque ya se sabe que hay mujeres menos considerada con las demás…
El primer intento de leer los informes quedó justamente en eso, en un intento. Si al cansancio acumulado de la noche le añadía el copioso desayuno, la somnolencia está servida. Apenas logré leer un par de frases antes de que las letras bailasen ante mí. Primero apoyada en mi mano derecha y luego dejada caer sobre la mesa, me quedé dormida como un tronco. No fue hasta el mediodía cuando me desperté porque alguien me tocó suavemente el hombro. Cuando abrí los ojos me encontré a la comisaria que había ido a mi despacho para ver que tal iba. Nuevamente me sentí avergonzada. En una misma mañana ya había cometido dos cagadas. Lejos de parecer molesta por mi siesta mañanera, restó importancia al asunto e incluso me animó con dulzura a irme a casa a descansar con la condición de llevarme los informes y leerlos una vez más despejada.
—Le pido disculpas por mi falta de profesionalidad. Una investigación no puede quedar interrumpida por la ineptitud de la criminóloga—expuse sonrojada.
—Entre mis máximas están que para lograr buenos resultados en esta comisaría debo de cuidar del bienestar de mis agentes, por eso te he animado a ir a casa, pero si eso va hacer sentirte mal, quédate. No quiero disgustarte, más en tu estado.—Estuve a punto de interrumpirle, pero tras haberme pillado dormida en horas de trabajo, no quería comenzar una discusión acerca de cuál creía que era mi estado.—Haremos una cosa. Si lo deseas puedo hacer que vayas junto a Manteca a visitar el lugar donde apareció el cadáver. Eso te resultará menos soporífero que leer ese tostón de informe.
—Esa me parece mejor idea—sonreí  sintiéndome un poco menos culpable por haberme echado aquella siesta matutina.
—Eso si le advierto, no se convierta usted en un personaje de cuento: La Bella Durmiente, por mencionar alguna—me guiñó un ojo.
—¡¿Por qué lo dices?!—inquirí en un tono un tanto molesto. Aquel comentario de Leonor era sin duda un sarcasmo en toda regla.
—Ya me entenderás cuando veas la escena del crimen…

jueves, 15 de noviembre de 2018

Indignación (LITERATURA TODAY)

LA LETRA Z PROTESTA
POR NO HABER RECIBIDO EL PREMIO DE LAS LETRAS.

No hace mucho se ha otorgado el premio de las Letras a la poetisa Francisca Aguirre, pero hay alguien que lleva reclamando dicho galardón desde hace mucho tiempo y no es otra que la letra Z. La Z se queja de que todos los años se le otorgue ese galardón a personas que escriben poesía, novela, teatro, pero jamás a una letras. "Es como si el premio de los números me lo diesen a mi" lamenta la Z. "Además, en mi caso el hecho de ser la última letra del alfabeto me lo pone más difícil a la hora de que se acuerden de mi para obtener un galardón. No me quejaré si a alguna de mis hermanas reciben un premio, pero no olviden que pese a ser la última letra soy necesaria", afirma a este medio.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o nos tratéis como a la letra Z, olvidada.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Otro tipo de secuestro (LITERATURA TODAY)

ACUSADO DE SECUESTRO EXPRESS
JUAN GÓMEZ-JURADO POR PROVOCAR QUE
UN LECTOR SE LLEVA DOS DÍAS LEYENDO SIN PARAR.

Revisando twitter hemos tenido constancia de la grave acusación que una familia ha vertido sobre el escritor Juan Gómez Jurado. Acusan al literato de secuestrar durante al menos dos días a un familiar suyo a través de la novela "Reina Roja". Al parecer el familiar denunciante comenta que su hijo ni le hacía caso, ni salía de casa, ni se comunicó con nadie hasta que no terminó el libro. Además, también le acusa de haberle causado graves secuelas mentales porque no para de hablar maravillas sobre la obra. "Creo que mi hijo sufre el síndrome de Estocolmo y no se lo podré quitar ni viendo diez Gran Hermano seguidos", lamenta el familiar.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o Juan quiera secuestrarnos también regalándonos el libro
o nos conceda una entrevista para el blog...

martes, 13 de noviembre de 2018

Inoportuno (LITERATURA TODAY)

STAN LEE HA MUERTO
PARA FASTIDIAR LA NOTICIA QUE TENÍAMOS 
PREPARADA PARA HOY

Sí, ha muerto Stan Lee, el creador de la Marvel. Sí, a esta hora ya lo sabe hasta san Pedro en el Cielo. Sí, nos quejamos en Literatura Today porque su muerte ha provocado que la noticia que teníamos preparada para hoy queda relegada a la oscuridad pues si algo tocaba era homenajear a quien ha fue capaz de crear unos comics que han entretenido durante décadas a millones de personas por todo el mundo. Y sí, tenemos claro, que Stan Lee ha muerto para trolearnos porque si algo le gustaba era vacilar a todo el mundo.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o alguien descubra que realmente aún no teníamos noticia para hoy.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Un diagnóstico inesperado (CAPÍTULO 1 DE ERASE UNA VEZ. EL PUERTO CONECTION)


No hay nada peor que vomitar sobre una de las pruebas más importantes de un crimen, o para ser más exacta tendría que decir: hacerlo sobre el cadáver de la víctima para saber que tu vida va a cambiar de forma radical. En un primer momento no le di mayor importancia pese a que jamás en mi carrera como criminóloga había dado tan siquiera una leve arqueada, lo achaqué a la extraña mezcla que hice en el desayuno: café con torreznos, un extraño capricho matutino que había tenido ese día. El problema vino cuando durante casi un mes y medio esas mismas nauseas se repitieron a primera hora de la mañana. Rápidamente saltaron las alarmas. En mi familia los problemas estomacales estaban a la orden del día; mi padre desde que yo tenía uso de razón había padecido de hernia de hiato. Además, si a eso le añadía una dieta rica en fritos y tapitas, una alimentación adquirida desde que por motivos personales, (pillé a mi novio tirándose a mi mejor amiga), pedí el traslado laboral desde la comisaría de mi ciudad, Salamanca, a la de Cádiz, la tragedia estaba servida. Finalmente tras tanto sufrir para integrarme en la forma de vida andaluza, el Sur iba a acabar con mi salud.
Cuando volví a tener cita con mi médico de atención primaria para conocer los resultados de las pruebas que anteriormente me había mandado, comprobé como tras revisar hasta en un par de ocasiones las analíticas de sangre y de orina, se dirigía a mí con tono socarrón. Por lo visto la enfermedad que padecía  duraba una media de cuarenta semanas, semana arriba, semana abajo. A riesgo de parecer tonta, le pedí que me explicase qué clase de enfermedad de tipo gástrica duraba tanto tiempo y si se debía a un proceso vírico, aunque yo solo había oído hablar de procesos de no más de veinticuatro horas. Ante mi comentario el médico respondió con una risotada. Mi gesto se torció, no era normal que se tomase mis vómitos a pitorreo, aunque no llegué a decir nada. Siempre he sido una pusilánime. Aun así el médico captó mi malestar y se disculpó aunque inmediatamente siguió empleando eso que en Cádiz se denomina “guasa” para decir que se está bromeando, y trató de tranquilizarme diciendo que mi enfermedad era benigna, pese a que había quien no se lo tomaban demasiado bien, y que el efecto más significativo era el aumento considerable de la zona abdominal. Mi cara debía de ser un poema porque seguía sin comprender absolutamente nada de lo que me decía.
—¿A ver si va a ser necesario que té haga un croquis para que te enteres?—inquirió sin perder la sonrisa de los labios.—Estás preñada, embarazada, o qué te han dejado el grumo dentro, como quieras decirlo.
Una ensalada de sensaciones se apoderó en un momento de mi cuerpo. Tuve frío, miedo, vértigo y otras sensaciones a la vez difíciles de explicar. Primero, me llevé las manos a la cabeza y luego al vientre como si no acabase de dar crédito. Después lloré como una tonta sin poder remediarlo, y a continuación, grité cosas incoherentes, necesitaba soltar adrenalina, no todos los días una se entera de que se está embarazada, más cuando no tenía ni la más mínima sospecha de que pudiese estarlo.
No sé si porque se apiadó de mí, o bien porque tenía ganas de sorna, quien sabe, el médico me puso una mano en el hombro antes de comentarme:
—Estar embarazada tampoco es el fin del mundo, mujer, lo peor viene después cuando tienen cuarenta y dos años y no logras echarlos de casa como me pasa a mí.
Obvié el comentario porque en aquel momento mi mente estaba en otro lado. No podía dar crédito a que estuviese embarazada. No entendía como una vida estaba creciendo en mi interior en aquel momento, más cuando las probabilidades jugaban en mi contra, pero nunca había tenido en cuenta de que la maldita ley de Murphy siempre aparece en mi vida para jugar el partido en el equipo titular. Yo soy gafe. Mi lema debería de ser “si algo puede salir mal, no dudes, Águeda, que saldrá, no te quepa la menor duda”. También debo admitir que durante los tres últimos meses apenas había prestado atención a mi menstruación al estar tan involucrada en resolver el caso de ámbito nacional conocido por la prensa como “Las Muertes del Asesino en Serio”. Además, quien se iba a pensar que mi pareja, (¿o más bien debería de decir ex pareja?) fuese a dar en la diana, sobre todo teniendo en cuenta que nuestros encuentros sexuales no eran muy habituales, no por mí, yo siempre me he considerado un volcán, sino más bien por las reticencias de él. Nuestros encuentros amorosos debían estar previsto con antelación, lo que yo medio en broma medio en serio llamaba “sexo de agenda”, pues según Enrique, nombre del susodicho y además escritor para mayor desgracia, la pasión descontrolada respondía a la visceralidad animal que nada tenía que ver con el amor y restaban humanidad a la pareja. Muy poético y filosófico, pero con esta premisa, el número de polvo quedaban reducidos a la mínima expresión, sin olvidar que el condón era condición sine qua non. Más que fornicar parecía que estábamos representando una danza ritual donde siempre se repetían las mismas posturas, un baile de poca duración, nunca más de tres minutos, (y no exagero con el tiempo), que a mí me aburría un poco.
No obstante, siempre existe una excepción que confirma la regla, sino a santo de qué iba a estar yo embarazada, incluso puedo llegar a deciros la fecha exacta. Fue justo el día en que una prestigiosa editorial, de la cual no recuerdo el nombre, aunque de acordarme tampoco tendría porque mencionarla, lo llamó para confirmarle que iba a publicar su último trabajo: “Falocracia”, una novela basada en un caso donde yo había participado y donde tuve la desgracia de conocerle. Al principio lo tomé por un sospechoso, una vez descartado como tal lo acepté como colaborador, algo que me hizo acogerlo en mi casa, ya para entonces debería de haberme dado cuenta de sus rarezas, y finalmente se convirtió en mi pareja, (si queréis cotillear más sobre esto no tenéis más que leeros el libro). Aquella noticia lo hizo saltar de alegría, publicar con aquella editorial lo iba a devolver a la primera línea de los escaparates de las librerías, volverían hablar de él. Tan exultante estaba que me invitó a cenar al restaurante el Balandro, (he de aclarar que pagué yo aunque él prometió devolverme el dinero en cuanto cobrase los royalties). No me importó lo más mínimo tener que abonar la cena, me encantaba verle tan feliz. Además, no todas las noches se cena con vistas al océano Atlántico. Luego por los garitos situados por la Punta de San Felipe fuimos bebiendo de todo, hasta el agua de los floreros. Bebimos muchísimo. Acabamos totalmente borrachos, él más que yo. No me importó, me gustaba oírle decir que me amaba y que si volvía a ser un escritor de verdad era gracias a mí. No solo supo regalarme el oído también otras partes de mi cuerpo pues no dejó de meterme mano en toda la noche. Me puso tan caliente que no dude en llevarlo en mi coche hasta la playa de Cortadura, situada en el otro extremo de la ciudad, para dejar que me poseyese sobre el capó. El alcohol le hizo perder los estribos, me hizo el amor como jamás me lo había hecho: con pasión. Tanto me nubló su deseo que tan siquiera me percaté de que no estábamos usando ningún método anticonceptivo, aun así a la mañana siguiente pasé de tomar la píldora del día después, jamás llegué a creer que con un disparo a ciegas alguien fuese capaz de acertar en la diana, ni que mi útero pudiese ser un vergel…
Sin duda este embarazo no ha llegado en el momento más oportuno, teniendo en cuenta de que el padre de la criatura está en paradero desconocido. Un par de días más tarde, sofocado cualquier atisbo de pasión derivado de la alegría de la futura publicación, me comentó que tras reflexionarlo detenidamente había tenido una idea para una novela para la cual debía de documentarse por diferentes ciudades europeas. Quería aprovechar el tirón que suponía tendría “Falocracia” para vender un nuevo manuscrito a otra editorial. No le puse ninguna clase de impedimento, más bien al contrario, le llegué a facilitar el dinero de mis ahorros para que pudiese llevar a cabo el viaje, aquel era su trabajo. El oficio de escritor, como el de criminóloga en ocasiones te obliga a viajar para obtener datos. Pero Enrique, como aquel del chiste que fue por tabaco, no ha vuelto a contactar conmigo. Desde que lo acompañé al aeropuerto de Jerez para que tomase un avión rumbo a Londres, no he vuelto a saber de él. No seré yo quien lo llame. Ni tan siquiera para decirle que va a ser padre…
No tengo claro del todo porque decidí seguir con el embarazo, otras en mi circunstancias tal vez habrían abortado, pero creo que es mi conciencia la que me lo impide, no por una cuestión religiosa, sino más bien porque siempre he tratado de ser consecuente con mis actos: si no había tomado las precauciones suficientes debía de acarrear con las consecuencias. No sé si es una decisión acertada, tampoco me importa, mientras la decisión sea mía.
Si además al hecho de estar embarazada le añade otro factor estresante como es mi madre, la cosa se complica aún más. No había transcurrido ni veinticuatro horas desde que el médico me había informado de mi gestación, recibí la llamada de mi progenitora. A priori no había nada de especial que me llamase, lo hacía a diario para saber si había comido correctamente y para saber si me había cambiado de mudas no fuese hacer que algún día me pasase algo y lo servicios sanitarios me fuesen a encontrar con las bragas sucias, solo que en aquella ocasión la voz de mi señora madre, doña Elvira, sonó diferente. En un primer momento pensé en ese sexto sentido de las madres para saber cuándo a sus hijos les pasa algo, (aún no me había atrevido a informarle de nada), sin embargo aquella hipótesis se vino abajo al instante cuando me dijo con estas palabras exactas:
—Hija mía, no sé si tendrás mucho espacio en tu casa, pero si no lo tienes más vale que vayas buscando hueco allí porque me voy para allá un tiempo.
—¿Ha sucedido algo?—pregunté preocupada.
—Águeda, hija, hay gente que nace, otras que mueren, y otras que se divorcian…y tu padre y yo nos vamos a divorciar—dijo como si hablase de los precios de la fruta en el mercado.
—¿Y eso? ¡Debe de haber algún tipo de solución!—dije en estado de shock.
—Tal vez los años han apagado la pasión, la rutina…vete tú a saber. Pero será mejor que te lo explique cuando llegué allí dentro de una semana.
—¿Pero cómo te vas a venir para acá? Mamá, aquí en mi apartamento de San Fernando apenas tengo sitio para mí.
—Para una madre siempre hay un hueco, o tal vez podrías alquilar otro piso más grande para vivir tranquilita las dos.—Su voz no dejaba lugar a duda, venía sí o sí.
—De acuerdo, me tienes que dar más tiempo…Además yo también tengo noticias que darte…—dudé por un momento si la mejor forma de contarle que iba a ser abuela era por teléfono.
—Pues ya me lo cuentas en cuanto llegué—apremió sin darme posibilidad alguna de añadir nada.—Necesito un cambio, Águeda, y lo primero va a ser encontrar un novio andaluz—dijo a modo de despedida.
De esta guisa, con un embarazo inesperado, una mudanza a la vista, y una madre con ganas de ligar, fue como Paco, mi superior, el comisario de Cádiz, me informó de que me destinaban al Puerto de Santa María para resolver un extraño caso.
—No sé si voy a poder ayudarte. Estoy planteándome cogerme una excedencia—le comenté.
—¿No puede esperar a otro momento? Este caso es sin duda de lo más embarazoso.
Aquellas palabras me sentaron mal. Si no fuese porque los médicos deben de mantener la confidencialidad  hubiese dicho que el mío le había dicho algo al comisario. Paco nunca ha sido de utilizar los términos a la ligera.
—De acuerdo, no le dejaré en la estacada—acepté simulando una sonrisa. Nuevamente mi carácter pusilánime. Debía de aprender de una puñetera vez a decir que no.—Dígame de que se trata....
—Será mejor que se lo digan en su nuevo destino, porque seguramente si se lo digo yo me dirán que ya te ido con el cuento—me interrumpió con una sonrisa satisfecha en los labios.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Libros realistas (LITERATURA TODAY)

RECREAR UN LIBRO
ES POSIBLE MEDIANTE LOS JUEGOS DE ROL

Expertos en literatura en un estudio realizado de manera conjunta entre la universidad de Huelva y Murcia han dictaminado que es posible recrear un libro mediante los juegos de rol Tras descubrir que existen juegos de rol de libros como Dragonlance, El Señor de los Anillos, e incluso el capitán Alatriste, han comprobado que pueden meterse en la piel de los personajes con un sencillo sistema basado en una ficha de jugador y varios dados. "Sin duda esto supondrá una revolución para los lectores" comenta la directora del estudio que por lo que se ve jamás había pasado por una tienda friki ni había jugado una partida de rol.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o tiremos los dados y nos salga una pifia.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Por esto no publicamos a menudo (LITERATURA TODAY)

LITERATURA TODAY SECUESTRADA
ESTE ES EL MOTIVO POR EL QUE PUBLICAN
TAN POCO ÚLTIMAMENTE.

Hay quienes están en contra de la verdad, y eso mejor lo sabemos a la mil maravillas en Literatura Today, más desde que han secuestrado a varias de las personas que trabajan en esta redacción. Según se sospecha los secuestros lo han perpetrado miembros de la asociación de escritores señoros y rancios, aunque también podría ser una editorial, una lectora, o un frutero quien lo haya hecho. Han sido muchas personas las que se han sentido agraviadas por contar la verdad. Aún así trataremos de seguir adelante...al menos ahora mando yo, el becario.

Seguiremos informando mientras no nos censuren,
o descubran que estamos sin imaginación 
para inventar nuevas noticias.