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domingo, 4 de diciembre de 2016

Algo para pasar el rato (Historia desde la barra de un bar)


No hay más que mirar alrededor para darse cuenta de que vivimos en la sociedad del entrenimiento: teléfonos inteligentes (muchas veces más que las personas que lo portan), televisión, ordenadores, libros, y un largo etcetera que no me pararé a describir. Sin embargo nuestros antepasados, aquellos seres humanos que vivían en las cavernas no tenían nada con lo que distraerse. Imaginaros que tras una ardua jornada de caza, de recolectar  frutos silvestre, de mantener el fuego encendido y limpiar tu cueva, no tienes nada que hacer en ese espacio de tiempo que va desde la cena hasta que te entra sueño. 
Algunos listillos nos dirán aquí a los cuñados que nos reunimos en este bar que podrían dedicarse a charla durante un rato toda la familia allí reunida, no obstante, si tenemos en cuenta de que el lenguaje aún no estaba muy desarrollado, así como hay ocasiones que no te apetece que tu pareja te ponga la cabeza como un bombo (sin diferenciar entre hombres y mujeres que pesados los hay de ambos géneros), inventaron la televisión cavernícola, la pintura. Cierto es que la programación no tenía mucha variedad, pues la mayor parte del tiempo aquellas pinturas se asemejaba a los documentales de la 2 por la tarde. Pero conforme el manejo de la técnica fue mejorando hubo hasta programas de cotilleos, es más, en una pintura encontrada en Altamira aparece una efigie que si no se parece a Belén Esteban poco le falta...
Así que ya sabéis a aquellos que os gusta tanto la televisión, recordar que la pintura de las cuevas es el origen de la caja tonta.