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jueves, 10 de julio de 2014

Escritura terapéutica

A estas alturas de la película nadie puede negar del gran poder de la Literatura. Leer nos ayuda a evadirnos,
a crear conciencias, a tener cultura, a empatizar con el pensamiento de los demás, y otras tantas cosas que no son necesarias enuncien en estos momentos, pero ¿os habéis planteado alguna vez que la literatura puede ser terapéutica?
Muchos responderán inmediatamente que si, que para ello existen libros de autoayuda, o para reflexionar. Pero en este caso, yo preferiría poner este argumento en cuarentena, ya que sinceramente, de manera personal, libros como los de Jorge Bucay, pueden estar bien para una reflexión, pero luego no hay cojones quien lleve sus moralejas a cabo...seamos sinceros...por no hablar de Cohelo...eso es capítulo aparte...
Centrándome os diré que la literatura terapéutica en este caso no es la lectura, sino la escritura. Ahora podrán reírse todo lo que quiera, pero en cuanto oigan mis argumentos me darán la razón: 
En los tiempos tan infecundos que estamos viviendo (paro, corrupción, caristía, engaños, falta de valores...), llegamos a un punto de tensión dañino para nuestra salud mental. El ser humano necesita vías de escapas para hacer fluir toda esa tensión que día a día la realidad nos hace acumular de manera peligrosa. Muchas personas acuden al fútbol para desahogar su rabia, otros acuden a la religión, para reconfortar sus penas, y otros tantos medios. ¿Pero qué hacer cuando ninguna de estas vale? ¿Optas por tragártelo? mi respuesta es sencillamente no. No siempre tenemos a alguien, o no queremos machacar a alguien con nuestros
pensamientos, así que lo mejor que podemos hacer es contar en un papel todo lo que nos suceda por la cabeza. No estamos hablando de tener que crear una obra de arte, simplemente de descargar la mente de preocupaciones, o simplemente para sentirse feliz. Os pondré un ejemplo, quizás tu sueño siempre fue conocer Roma, pero jamás tuviste posibilidades monetarias de visitarla. No es problema, con tu imaginación, puedes escribir una historia por donde paseas por la ciudad eterna sin coste alguno. No es lo mismo pero al menos obtendrás un rato de felicidad.
Dicen que los mayores locos son los artistas, entre ellos los escritores, pero como podéis ver son los únicos que se ponen el tratamiento a si mismos y se sienten felices. ¿Por qué no hacerlo tu? No necesitas ser un Perez Reverte escribiendo, solo debes ser tu mismo ante un papel para obtener la terapia más barata: Escribir es igual a vivir.