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jueves, 26 de abril de 2018

La excusa perfecta (CUENTOS ALEATORIOS)


LA EXCUSA PERFECTA.

Pese al rumor constante de que una tragedia estaba por llegar, aquella mañana me levanté contento. No iba a ser un día diferente al resto de los días, tendría que pasarme ocho horas actualizando cartillas a ancianos aburridos que temen que le robemos la pensión, pero aun así me sentía feliz. 
Pero como sucede siempre, si algo malo está por llegar, no dude que llegará. No hizo falta que apareciese ninguna nube para que se me nublase el día. De camino al trabajo me quedé pez mirando a la nada con una sonrisa bobalicona y me pasé la parada de metro que me correspondía. Primer inconveniente del día. Me bajé en la siguiente dispuesto a deshacer el camino, pero mientras caminaba por los pasillos en busca del andén que me llevase a mi destino, me perdí. Era como si hubiese entrado en un auténtico laberinto del que me llevó horas salir. Una vez que volví a la superficie la noche había caído sobre Madrid y la luna lucía en todo su esplendor.
Traté de llamar a mi jefa para explicarle el motivo de mi ausencia en mi puesto de trabajo, pero el teléfono móvil se quedó bloqueado tras fallar hasta en tres intentos al introducirle el código secreto para desbloquearlo. Viendo las dificultades que me presentaba el día fui corriendo como una flecha hacia la entidad bancaria donde trabajaba, pero casualidades del destino en ese momento se rasgó el cielo con un trueno surgiendo de su interior un enorme dragón que comenzó a perseguirme y todo porque según me enteré más tarde yo poseía la Llave Espacio Temporal que uno los diferentes multiversos de los que se compone la realidad.
¿Qué no os parece una buena excusa para no ir a trabajar? Pues peor fue la de Gregorio Samsa, el protagonista de la Metamorfosis de Kafka, que dijo que se había convertido en un insecto con tal de no currar ese día.