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lunes, 24 de junio de 2013

El atrapacuento (o la leyenda del Árbol de las Mil Historias)

Hay veces que cuando uno escucha alguna canción concreta le recuerda a un hecho de su vida, como no podía ser de otra forma no iba a ser yo menos, oyendo un tema de Mago de Öz, no recuerdo ahora mismo cuál, aunque estoy casi seguro que fue Molinos de Viento, recordé que cuando era más joven, me sacaba algunas pelillas trabajando como cuentacuento. Aunque no era un cuentacuentos clásico, no me gusta copiar a los demás, así que yo mismo escribía mis propias historias. ¿Os estaréis preguntando que esto a que viene ahora? Pues la respuesta es sencilla, quería compartir con vosotros una de la historia que si os puede parecer para niños, creo que encierra la esencia de lo que somos los escritores. No está tal como salió de mi mente en aquel momento, pero haré que se le asemeje lo más posible:
 
 
"No sé si sabréis, y sino lo sabéis para eso he venido aquí, es que en un lugar no tan remoto, ni tan lejano como todo el mundo piensa, existía un pueblo. No era un pueblo común, sino un pueblo donde gustaban los cuentos, las historias, la música, y los silencios. Pero esos cuentos, esa música, y esas historias, no se relataban, tocaban, o decían en cualquier parte, sino junto a un árbol centenario, enorme como una secuoya, de nombre El Árbol de las Mil Historias, y que hacía siglos  había plantado un mago. El hechicero les explicó que para que aquel árbol creciera, era necesario que le narrasen historias, cuentos, y que la gente tocase y danzase alrededor de él, pues eran estas cosas el alimento  principal de la planta, mucho más importante incluso que el agua y los rayos del sol, por eso durante generaciones, los vecinos de aquel pueblo celebraban importantes fiestas alrededor del árbol, se hacían recitales de poesía, competiciones de ingenio, e incluso más de uno le narraba sus desdichas amorosas, o se mantenía en silencio sintiendo la calma que transmitía.
Todo transcurría con normalidad, hasta que una noche de tormenta un rayo cayó sobre el árbol. Por mucho que quisieron hacer los vecinos, el árbol ardió quedando solo su tocón, pero este, en un último esfuerzo por seguir abriendo paso a la vida, lanzó sus semillas al viento.
Desde aquel día, yo como vecino de aquella comunidad, voy por el mundo procurando rescatar esas semillas que no son más que las historias que un día contamos a aquel árbol. La gente como yo nos llamamos los Atrapacuentos, y vamos por el mundo con una red de cazar mariposas por el mundo procurando recogerla para devolver las historias a quienes corresponden, la Humanidad...

¿Te animas a cazar semillas de cuento conmigo?¿O prefieres abrir Las Puertas de las Rimas?