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domingo, 11 de noviembre de 2012

El Sacrificio

Para quienes pensaba que me había olvidado de los lectores del blog se equivocan, me gustaría poder dedicarle más tiempo pero como ya os comenté el poco tiempo del que dispongo en estos momentos lo dedicó a mi nueva obra de la que os daré detalles más adelante para que la vayáis conociendo, sin embargo he pensado que para recompesar vuestra paciencia con este escritor fracasado os dedicó este relato para que lo disfrutéis tanto como yo en escribirla:
 
El sol pegaba con fuerza sobre nuestras cabezas mientras mi amigo luchaba por transportarme sobre sus hombros por las ardientes dunas del desierto. Hacía dos días que me había partido la pierna cuando me caí desde lo alto de una duna y fue a parar contra un grupo de afiladas rocas. La principal pregunta que os haréis debe ser que narices hacíamos dos occidentales desacostumbrado a las altas temperaturas, sin nin puñetera idea de superviviencia. Pues dejadme que os explique:
Tanto Manuel como yo somos ingenieros de la compañía petrolifera Pretodol Company, y no es de dudar que fuesemos enviados a hacer una serie de estudios a Irak para medir sobre el terreno las posibilidades de colocar un pozo petrolifero en medio del desierto. No había nada de extraño en aquello, pero el hecho de ir hacia un lugar donde la violencia se hacía sentir a flor de piel en cada rincón de un país castigado por los designios de una guerra, me hicieron sentir especialmente inquieta durante todo el viaje.
A esta inquietud inicial por este trabajo, había que añadir la incomodidad de viajar junto a Manuel, y no me refiero a que mi compañero fuese una mala persona, muy al contrario, una lindisima persona que demuestra dedicación hacia los demás, pero hacía menos de dos semanas habíamos decidido abandonar aquella idea de continuar siendo pareja. Habíamos sido estupendo amigos, pero a nivel amoroso, yo no me sentía capaz de sentir algo más allá aparte de amistad. Es de deducir que el ambiente entre ambos estaba enrarecidos.
Así y con estas, él no dudó en protegerme cuando un grupo de exaltados nos atacaron en mitad de un estudio sobre la profundidad de la tierras del desierto. Llegaron armados de pistolas y cuchillos profiriendo gritos exaltados que solo fueron cortados por el traquetear de los disparos. Nuestra compañía de manera ilusa había pensado que no era necesario contratar seguridad privada, por lo que parte de nuestro equipo había caído muerto a manos de aquellos violentos. Yo gracias a Manuel conseguí salvarme al ocultarnos tras lanzarnos de manera poco convencional tras una enorme duna que les impedía vernos.
Para nuestra desgracia comprobamos que cuando se habían ido se habían encargado de quemarnos los coches con los que habíamos accedido, por lo que nos veíamos en medio del desierto sin forma alguna de alcanzar la civilización sino era caminando, cosa que no podía hacer, puesto que me había roto la pierna, pues un fuerte dolor me atenazaba. Había caído de manera forma haciendo romper la tibia y el perone.
Pensé que aquella era mi muerte, pues en mitad del desierto, sin forma de comunicarme, solo podía esperar que las alimañas vienesen a devorar mi cuerpo maltrecho, sin embargo, Manuel usando todas sus fuerzas me cargó sobre sus hombros.
Son ya casi tres días los que llevamos en medio de la nada, sin comida, ni una gota de agua que llevarnos a la boca, aún así Manuel sigue cargándome sobre sus hombros con paso lento pero decidido, pese a mis protestas de que me abandone, que tras romperle el corazón no merezco nada más que su indiferencia, pero siempre me responde de la misma forma:
-Ante todo lo que somos es amigo, y yo a los amigos nunca los abandonó.
Lloró emocionada como una niña pequeña incapaz de volver a replicar al menos durante un rato. No se si yo hubiese sido capaz de haberme mantenido tan fiel a una amistad como él tras haber roto, porque se de muy buena tinta que él me ama. Aquí acostada durante la noche meditó cual sería la mejor forma de devolverle el favor que me está haciendo al portarme sobre sus hombros reduciendo así las posibilidades de salvar su vida, y la única forma de agradecerle su generosidad no es otra cosa que alejarme aunque sea arrastra durante la noche para que él tenga más posibilidades de vivir, conmigo colgando solo se consigue una muerte segura.
Así que en cuanto he visto que se ha quedado profundamente dormido, he usado todas las fuerzas que me quedan para alejarme el máximo posible de su lado, aunque no sin antes escribirle una nota sobre la arena, en la que le pido que no me busque, que si realmente es mi amigo, se salve él que puede, pues se salvará, pues para entonces yo estaré en el cielo protegiéndole. No puedo alejarme sin darle un beso en la mejilla y desearle siempre lo mejor, porque para eso él fue, mi mejor amigo.