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lunes, 26 de noviembre de 2012

Soy un zombie (o como llegue a serlo)

A estas alturas seguro que habréis pensado que yo, vuestro amigo el zombie, tras meses de silencio, habría perecido, una idiotez como una casa, puesto que como va morir algo ya muerto (esto suena un poco a los Greyjoy de Juego de Tronos). Vale que nos pueden volver a matar de un disparo en la cabeza, pero para mi fortunio nadie tienes las agallas de acercarse a mi, solo por esa razón, este humilde servidor puede seguir difamando por aquí para desgracia de muchos y regocijo de cada vez menos...pero vayamos al grano, porque yo no he venido aquí para hablarles de la actualidad. No, ni mucho menos, sino para hablarles de mis comienzos, de como llegué a convertirme en un zombie.
No hace mucho yo era joven, e iluso, aunque en parte creo que lo sigo siendo, al menos en lo de iluso porque la carne corrompida de mi cara no es precisamente muy bisoña. Al grano, yo era escritor, o al menos soñaba con serlo, pero no un escritor cualquiera, sino un escritor fracasado, de los que no creen en la industria del libro, pero si en la capacidad de generar la atracción hacia sus escritos, ya fuesen literarios, o como en el blog que comencé a escribir buscando remover las conciencias con artículos, no obstante, el Vendedor de Humos como así me hacía llamar, pues en definitiva esa es la función del narrador, vende algo que realmente no existe pero se ve...sin embargo mis resultados siempre fueron nefastos; por no leerme no lo hacía ni mis amigos por compromiso. Pero yo terco como una mula, no caí en la desidia e insistí, vaya si insistí, sin embargo el resultado era el mismo, ostracismo.

Por lo que un buen día decidí jugarmela a una carta, oí hablar de un virus inoculado por el cual, vale que físicamente te convertía en un guiñapo, como si acaso no lo fuese ya de antes, pero que te hacía devorar los cerebros de los humanos. Convertiría a la gente en zombie como yo haciéndoles ver el mundo desde una perspectiva más intelectual, más real, más combativa...Pero aquí me hallo, tísico perdido, sin una cabezita que echarme a la boca por los motivos que ya muchos conocéis. Al menos espero una cosa, que os de por mirar el diario que escribir antes del contagio, eso sería el mejor recuerdo que tendrías de mi cuando aún estaba en vida, al menos eso que todo el mundo conoce. Apunta antes de que se os olvide que un día fui humano como tu: