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martes, 4 de marzo de 2014

Veintitantas sombras de Paco

Me aburre solemnemente ver como las mujeres se lanzan hacia las novelas porno-románticas como hienas sobre los restos de una presa abandonada. Pienso que se está creando una imagen negativa de estereotipo de hombre ideal, y no lo digo por el hecho de ser perfecto físicamente, con una presencia impoluta, sino porque se vende como hombre ideal, al déspota, al egocéntrico y el caprichoso al que por estar bueno hay que complacer. ¿Cómo vamos lograr la igualdad lanzando ese ideal de persona perfecta? Por eso, mi modesta aportación, es este relato, de Paco, el antiGrey, pero que sin embargo respeta a su mujer, a la par que ella lo respeta a él, por la sencilla razón de que se aman:

"Aquella noche Maruja se puso sus mejores galas para su hombre. No era ningún desconocido, no era un seductor, tan siquiera tenía un ápice de morbo al estar gordo como una ballena, sin embargo ella anhelaba poder someterse a él para disfrutar ambos. Lo seguía amando tras más de veinticinco años casados. No era un triunfador, apenas tenían para vivir, pero poseía algo que ningún hombre tenía, un cariño especial por ella como jamás un guapera le podría proporcionar...
Una vez llegado del trabajo no le dio tiempo ni abrir la puerta cuando se abalanzó sobre él. Olía a un sudor acre y fuerte, el olor del trabajo, del esfuerzo, de la necesidad de vender la fuerza del trabajo por un mendrugo, no obstante eso no le causaba rechazo. Lo besó como si no hubiese un mañana mientras lo iba desnudando camino de la habitación. Era el cuerpo de un hombre común. La grasa se acumulaba en su tripa, los vellos se repartían por cualquier conocido de su físico, no como los adonis de los anuncios de colonia, pero eso no era impedimento para que Maruja quisiera hacerle el amor,
pues ella no follaba, sino que transmitía su amor hacia su hombre. Además tampoco ella era una modelo. Tenía celulitis, un poco de panza, además de estrías, pero él le miraba como una diosa, aunque de parecerse alguna sería a las del pintor Rubens.
Una vez desnudos su cuerpo se rozaron. Ella disciplinada se arrodilló ante él comiéndole todo su miembro erecto, para luego ser correspondida con un profundo cunnilungus que le produjo el orgasmo. Luego se dejo penetrar. Una, dos, empujones, hasta que el que hizo tres, el eyaculó con un grito sofocado. 
Quizás Paco no fuese Grey, pero si al menos era el hombre que le amaba y respetaba..."

PD: Ahora os toca despellejarme.