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jueves, 23 de octubre de 2014

Aperitivo

Últimamente no me prodigo mucho por estos lares, ni por muchos otros como redes sociales, quizás descuido mucho a vosotros los lectores, a quienes aún asomáis por aquí en busca de novedades, pero en los últimos tiempos estoy haciendo lo que debe hacer un escritor: escribir. Hoy día la importancia de las redes sociales es capital, pero creo que para promocionarse es necesario tener algo que crear, aunque todos sabemos de mucho escritorzuelo que se prodiga mucho sin nada que ofrecer al público, pero no es eso de lo que vengo hablaros.
Un autor se debe a sus lectores, así que creo que es de justicia hablaros un poco en el trabajo en el que ando sumergido en estos momentos. Para comenzar he retomado "Diario de una Inquietud" tras un trabajo de correción y la lectura por parte de lectores beta que amablemente se han ofrecido para ayudarme a mejorarlo. Será cariño de autor hacía su criatura, pero creo que es una historia con posibilidades, y que careció de publicidad en su
momento por tenerla para descargar en un sitio desconocido al gran público. Por otra parte, comentaros a quienes no lo sepáis aún, me vuelto a embarcar como coordinador y autor en una nueva antología sobre ucronías, es decir relatos donde se juega con la Historia para suponer que hubiera pasado si los hechos hubiesen acontecidos de manera distinta. Hay autores prometedores con mucha ganas de hacer algo original. Aún está germinando, pero no dudéis que os iré informado.
Por último quería haceros un adelanto de mi última obra escrita, un pequeño aperitivo para recoger vuestras impresiones. Aún está en fase de borrador y mejora, pero quería haceros participe para ver si os atrae. Sin más, os dejó aquí un extracto:

El centro de la estancia lo presidía una silla, de aspecto similar a la usada por los dentistas, repleta de cables. Estos cables a su vez se unían a un ordenador portátil que a su vez tenía enchufado otra serie de aparatos de los cuales Jenaro desconocía su posible uso.
¿Se halla usted nervioso?-inquirió el doctor Mitsuki en un perfecto castellano.
Un poco.—rió de manera inquieta.
Relájese, no hay motivo de preocupación. Todo esto es más sencillo de lo que parece.—señaló la silla central.—A la mayoría de los entrevistado le sucede. ¿No se si le habrán echo alguna vez algún encefalograma?—inquirió el asiático.
No nunca.
Despreocúpese es indoloro, simplemente mediré su actividad neuronal mientras le voy realizando una serie de preguntas.—procuró tranquilizarlo.—Pese a parecer la silla de un dentista, esto resulta menos peligroso. ¡Un gatito pequeño es más dañino!—bromeó.
De acuerdo.
Siéntese y trate de relajarse.—le sonrió mientras le colocó una serie de cables por el cuerpo.— No me mire con ese miedo, esto sirve para controlar sus constantes vitales: pulsaciones, tensión arterial, etcetera.
Jenaro jamás hubiese concebido en su vida una entrevista como aquella, pero con la aparición de nuevas técnicas de selección de empleados, podía esperarse casi cualquier cosa.
Ahora deberá de tomarse este líquido. No puedo colocarle los sensores en su cabeza hasta que se lo haya bebido completo. Sirve para mejorar la actividad neuronal. Me ayudará a ver con una mejor resolución los resultados en el ordenador.—fue explicándole mientras le ofrecía una pequeño frasco de no más de veinticinco centilitros, con un líquido de color verdoso.
Sabe horrible.—dijo Jenaro tras bebérselo de un sorbo.—Es como si hubiese tomado gasolina...
Es gasolina.—dejó boquiabierto a su interlocutor.—¡Es broma! Es un zumo compuesto de verduras ricas en aminoácidos y oxolacetato que favorecen la actividad neuronal.
Me había asustado.—se llevó la mano al corazón preocupado.
Esta clase de susto me sirve para vigilar sus constantes.—dijo mientras se dirigía al ordenador. Observó los parámetros en la pantalla con suma atención.—De acuerdo. Dígame como se siente ahora.
Algo mareado. —sintió náuseas al hablar. Aún sentía en el paladar el sabor agrio del compuesto.
Estupendo, entonces estamos listos.—se acercó hasta él colocándole una serie de cables sobre la cabeza.
Al principio Jenaro solo sintió como una especie de chuponas sobre diferentes puntos de su cabeza, pero fue con el último de los cables, cuando sintió en la coronilla un pinchazo. Notó como la aguja le atravesaba la corteza cerebral. Quiso levantarse, pero ninguno de sus músculos respondieron al estímulo, tanto los brazos como las piernas estaban completamente agarrotados.
Comencemos la prueba.—tomó la palabra el doctor Matzuki la prueba.—¿Es usted Jenaro Pelaez Rodríguez?
Pues claro que soy. —respondió con voz pastosa.
Limítese a responder si o no.
Si.
¿Ha venido usted en busca de un puesto de trabajo?
Si.
¿Conoció usted a sus abuelos?
Solo a los de mi madre.
Le repito que solo diga si o no. ¿Le queda claro?
Si.
Le vuelvo a repetir, ¿conoció usted a sus abuelos?
Si.
¿Y a sus bisabuelos?
No.
¿Conserva algún recuerdo de su niñez?
Si.
¿A partir de los cinco años?
Si.
¿A partir de los tres?
No.
¿Tuvo usted una vida antes de esta?
No.
Traté de recordarlo.
Con las primeras preguntas la pantalla del ordenador se mantuvo vacía, pero conforme fueron pasando los minutos fue rellenándose de imágenes. A partir de aquellas imágenes el científico comenzó a plantearle otras preguntas bien distintas a las iniciales. Tras dos horas, Jenaro había completado el cuestionario. Abandonó la sede aún mareado, aunque satisfecho por el dinero recibido y por la promesa de Mitzuki de llamarlo muy pronto para incorporarlo a la empresa, no obstante su vida no volvería a ser la misma...