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viernes, 27 de julio de 2012

FONS IUVENIS capitulo 2

A la mañana siguiente Ariadna tenía un enfado de dimensiones considerable. Javier se había marchado despidiéndose con una simple nota, y para colmo ni la noche anterior ni el día posterior se había dignado a cogerle el móvil. Ya le ajustaría las cuentas cuando volviese, pensó para si Ariadna. Podría haberse dignado a despertarle antes de marcharse…

No quiso calentarse más, ya se encargaría de intentar hablar con él después de trabajar, pero de momento se  iba a relajar si quería ejercer de manera adecuada su trabajo. Resultó ser una mañana monótona, donde más que nada se encargó de gestionar temas burocráticos atrasados, que era justamente lo que más odiaba. A ella le gustaba estar con la gente, tratarla, no tratar su vida como si de simple información se tratase.

No fue hasta casi a punto de terminar su jornada cuando tuvo que atender el caso de una chica que venía vestida de manera extravagante. En un principio pensó que se trataría de la gestión de una interrupción de embarazo, solía ser lo habitual en las chicas de esa edad por mucho que esta se saliese del cliché habitual por su aspecto siniestro, por lo que tendría que derivarla al Instituto de la Mujer, contiguo a su oficina.

Vestía con ropas oscuras. Decenas de cadenas se unían entre si a lo largo de su falda y sudadera, además de poseer varios piercings que sobresalía por su cuerpo. A simple vista se lo podía contar al menos cincos. Dos en el labio, uno en la nariz, otro en la ceja, y otro más en la parte superior de la oreja.

-¿En qué puedo ayudarle?-le invitó Ariadna de manera agradable a sentarse.-Mi nombre es Ariadna Cuevas y estoy aquí para poder atenderte de la mejor manera.-le estrechó la mano.

-No sé como empezar…esto es tan…complicado.-balbuceó nerviosa la chica.

-Pues podemos empezar por saber tu nombre.-le animó mostrándole una sonrisa tranquilizadora.

-Mi nombre es Tania.-respondió con timidez.

-Encantada Tania.-correspondió a la presentación.-Puedes hablar con total confianza.

-Seguro que no me cree.-comentó sin atreverse a mirarle a la cara.

-No creas que es tan inusual lo que vienes a contar.-quiso ayudarla a proseguir ante la mirada atónita de la chica.

-¿Ah no?-le preguntó casi estupefacta.

-No es la primera vez que me viene alguien diciendo que en una noche de pasión se le ha roto el preservativo.-dedujo en un tono casi amigable.

-¡¿Pero de qué demonios me estás hablando?!-se levantó ofuscada la joven.

-Creo que entonces me he estoy confundiendo.-se excusó dándose cuenta de su metedura de pata. Había cometido el mayor error que podía tener en su trabajo que no era otro que dar las cosas por hecho.-Discúlpame te lo ruego.-pidió avergonzada. –Y bien cuéntame…

-Llevo varios días sin ver a mi amiga, y me temó que su padre le haya hecho algo…-se atrevió a decir.

-¿Por qué dices eso?-tomó un tono serio preocupado.

-Su padre es un alcohólico que odia como es Irina.-mostró la rabia en cada una de sus palabras.-Últimamente mi amiga cada vez que la veía tenía moratones en los brazos, y en las piernas…Me estoy temiendo que haya hecho algo más…-le tembló la voz.

-Nos pondremos a trabajar lo antes posible.-quiso relajarla.

-Haga todo lo posible…no me gustaría verla muerta.-lloró sin poder reprimirse.

-Te prometo que nada de eso pasará. De inmediato me pondré con el tema.-apoyó de manera amistosa su mano en el hombro de Tatiana.-Dime el nombre completo de tu amiga y déjame tu número para en cuánto sepa algo llamarte.

En un trozo de papel copió el número antes de acompañarla hasta la puerta. Muy posiblemente se tratase de alguna exageración de la gente de su edad, y que muy probablemente su amiga se hubiese escapado de casa durante unos días en rebeldía por algo sucedido en su hogar, aunque no había tenido la confianza de contárselo a su mejor amiga como normalmente solía suceder en estos casos. Sin embargo si algo había aprendido de la conversación anterior, es que las cosas no podían darse por hecho, por lo que decidió tras almorzar echarle un vistazo a través de su clave de acceso a informes sociales, por ver si por casualidad la familia de la chica aparecía en algún registro del departamento.

Al llegar a casa no le extrañó no ver a Javier, aunque lo que le incrementó el enfadado fue volver a probar a llamarlo con idéntico resultado que en la noche anterior, el mismo mensaje: “En estos momentos el teléfono móvil disponible”. Tendría una charla bastante seria en cuánto volviese a echárselo a la cara. Lo que se planteó fue es ponerse a informarse sobre la tal Irina, quizás dedicar tiempo al trabajo le ayudaría a no calentarse más en su malestar.

El hecho de padecer una pesadilla durante la hora de la siesta en la que soñó con una chica descuartizada en un basurero remoto le hizo despertarse de su descanso vespertino mucho antes de lo habitual. Miró al reloj desconcertada, tenía la impresión de haber estado durmiendo durante toda la tarde, pero para su desazón comprobó que apenas había pasado ni quince minutos desde que se echase en el sofá.

Aún medio somnolienta decidió coger el ordenador mientras reclinada en su sofá tecleaba la clave de la intranet de su departamento para consultar los expedientes. No tardó mucho en mostrarle que al menos en un par de ocasiones, la tal Irina aparecía en informes sociales relacionados con absentismo escolar, lo que había llevado a los servicios sociales a investigar sobre la causa de su ausencia al instituto.

 Existían menciones a una historia familiar bastante turbia: un padre de origen ruso, alcohólico, denunciado en varias ocasiones por vecinos de la zona por sospecha de narcotráfico, además de por intento de agresiones cuando estaba bajos los efectos de las bebidas espirituosa. Una madre fallecida hacía un par de años en circunstancias nada clara aunque en ningún momento existiese investigación judicial de por medio. Además los informes decían que el hogar familiar carecía de unas condiciones adecuadas de habitabilidad y salubridad para vivir. Sin duda un escenario adecuado para una adolescente deseosa de llamar la atención se fugase, mucho más dándose el caso de ser hija única, aunque cabía la posibilidad de que la hubiesen matado…

Un frío recorrió la espina dorsal de Ariadna que se imaginó como el padre en un arrebato de una borrachera estrellaba la cabeza de la muchacha contra la pared ante una contestación no deseada. No quiso tomar en cuenta esa posibilidad, pero en su mente se forjaba con más fuerza, fuera aparte que la pesadilla que había tenido reforzaba tal pensamiento. Sabía que no tenía ningún sentido basarse en premociones, no así, cogió su coche para conocer el entorno de la casa de Irina.