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jueves, 26 de septiembre de 2013

El Antídoto (anexo Tercera Puerta de la Rima)

Quizás para muchos mi historia pudiese resultar ni más ni menos que una más de tantas, otra persona más entre tantas otras que sucumbe al maldito virus, que se convierte en otro infectado más, pero si os digo que la mia es más original, no lo digo por simple ego, ni por creerme especial, sino por ser la primera persona en el mundo que decide libremente convertirse en zombi, si zombi, esa palabra que todos se niegan a usar para referirse a los que padecen está maldita enfermedad, pero vayamos por parte...

No soy tan gilipollas como para haberme expuesto al virus por simple notoriedad, de todos modos eso no tiene sentido en un mundo que se derrumba y donde a nadie le interesa ya nada de los demás cuando la única meta es sobrevivir, sino que lo hago con un afán científico, debo sentir en mis propias carnes los efectos de este letal virus, y todo con un fin, probar sobre mi el propio antídoto que he fabricado de manera experimental de momento para ver si es posible erradicar esta pandemia que desea acabar con este mundo...al mundo tal como los conocemos....

...Me acabo de inocular el virus hace casi cuatro horas, y ya empiezo a sentir las primeras consecuencias de portar tal letal enfermedad: comienzo a padecer mareos, nauseas, me noto especialmente cansado, la fiebre empieza a subir, y noto que el cuerpo me empieza arder, etc...Los sintomas se asemejan mucho a una gripe, mi temperatura corporal se mantiene por encima de los cuarenta grados, pero sin embargo esto no es nada con lo que me debe venir...

...Me han empezado aparecer el síntoma más evidente de los infectados: la fascistis necrosante. A los neofitos en la materia médica, se lo explicaré de manera sencilla: se cae la piel a pedazos, y cuando hablo de piel habló de cualquier parte del cuerpo. Empiezo a tener heridas que no dejan de supurar, agujeros en los brazos, y heridas que no cicatrizan, pero quizás lo más traumatizante ha sido sentir como al ir a miccionar el pene se me ha desprendido pegado al calzoncillos. He llorado como un niño, quizás porque pese a que la masculinidad es algo mental, sentía que al perder mi miembro había perdido parte de mi humanidad, era como volverme un ser asexuado. Empiezo a perder los nervios, pero debo dejar de llorar porque me escuece las heridas de la cara...

...Quizás no pueda seguir escribiendo, mis funciones motoras comienzan a fallar, el virus del Nilo Occidental ha hecho que mi cerebro se haya hinchado hasta chocar contra el cráneo haciendo que sangrará a través de los oídos. Intento hablar pero ya no logró ni vocalizar, y lo que es peor, tan siquiera tengo pulso como para inyectarme el antídoto que produje...no se cuanto tiempo más seré capaz de seguir escribiendo describiendo la evolución de esta enfermedad que he intentado curar por una simple razón: porque yo fui uno de los culpables de fabricar el virus para enriquecer a una empresa farmacéutica...

...Ya solo me guía un instinto: comer cualquier cosa...he visto algo o alguien moverse no muy lejos...