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domingo, 31 de enero de 2016

El deporte ibérico (Patente de Eskorzo)


Vuelvo hoy de nuevo para derramar sobre las líneas de este blog mi diarrea mental. No trataré de convenceros ni tan siquiera de que me leáis. Esta sección es como un graffiti en un muro, puede llegar a gustar, pero en la mayoría de los casos será molesto e incluso vándalico. No caminaré más por las lianas de la palabrería y os diré:
¿Por qué no convertirme en un Jorge Javier o un Pedrerol? Si reíros cuanto queráis, pero que levanté la mano quien no se deleita con la polémica facilona y sin argumentación. Todos algunas habéis pecado alguna vez, es más, aprovecháis que un compañero llega cinco minutos tarde para ponerlo a bajar de un burro. Además, no me vengáis con cuento, cuando programas como los de Jorge Javier o el amigo Pedrerol siguen en antena debe ser porque más de uno lo ves. Puedo contar con dos dedos aquellos que ven los documentales, y precisamente uno de ellos es para quedarse dormido...
Si algo encanta a los españoles es rajar. Muchos se equivocan cuando hablan de que el deporte nacional es el fútbol, el deporte estrella sin duda es criticar. Podemos criticar a nuestro vecino porque se ha comprado un coche nuevo, cuando nosotros nos gustaría tener uno más grande. Somos capaces de criticar los logros ajenos por el simple hecho de que somos plenamente consciente de que jamás llegaremos a alcanzar. O como sucede en el mundillo literario internauta, criticar una promoción como spam, cuando nosotros antes hemos hecho un envío masivo para que sigan la  página de nuestro libro...La egolatría alcanza tales niveles que apenas dejan ver más allá de nuestras tupidas barbas.
Por eso lejos de propiciar esa crítica destructiva, ese odio por lo que hace los demás, me niego a hacer una reseña mala de ningún libro. Puede que nadie lean las reseñas de los libros que hago, posiblemente porque a muchos les resulten edulcoradas, pero valoro el esfuerzo de quien escribe una obra por muy mala que sea, empatizo con la ilusión que ha puesto en ese trabajo, me hago cargo de las horas robadas a otros menesteres de su vida y otros tantos argumentos que podría daros. Por eso, prefiero hablar de las virtudes de las obras porque para criticar y destruir existen en este mundo millones de seres acomplejados.
Y ahora sí, después de esto, criticarme con motivos.
Ladran, luego cabalgamos...