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domingo, 30 de octubre de 2011

Diario de una Inquietud ( primera entrada)

PRIMERA ENTRADA

Sino fuese por los últimos acontecimientos vividos en estos días, jamás se me hubiese pasado por la imaginación redactar un diario donde recoger aquellos acontecimientos de mi vida que últimamente me vienen sucediendo.
Quizás a ustedes (posibles lectores) no os interese lo más mínimo aquello que me viene ocurriendo, pero si he decidido recopilar mis últimas experiencias vitales personales no atiende más que a razones meramente terapéuticas pues apenas logro a dar crédito a lo que me viene sucediendo, hecho para mi inexplicable, y que anotó como demostración que aún no he perdido la cordura, aunque antes de adentrarme en ellos prefiero darme a conocer para que comprendan mejor mis preocupaciones.
Mi nombre es Victor Choquet, varón de veintiocho años de edad, natural de Jerez de la Frontera. Físicamente soy una persona más bien baja, apenas alcanzado el 1,70 cm de estatura, complementada por una delgadez que algunos consideraría casi enfermiza, aunque los resultados anuales de las analíticas de la revisión médica de la empresa digan exactamente lo contrario. Mi rostro se asimila a cualquier cara de alguien de la raza caucasica, sin especiales peculiaridades, a excepción de dos pequeños ojos azules rasgados que destacan en una piel especialmente blanquecina...como ven alguien de lo más normal.
En el plano personal tampoco soy una persona especialmente reseñable, pues como la mayoría de la gente de mi edad, tengo una relación familiar cotidiana, una pareja a la cual adoro, y con la que he dado tras varios fracasos sentimientales, mientras que en el plano laboral, trabajo en una entidad bancaria en la vecina localidad del Puerto de Santa María, de la cual no quiero dar el nombre por no hacer publicidad de la misma, y porque tampoco me pagan tanto como para estar yo hablando de ella.
Como ven soy de lo más normal, nada en mi vida es diferente, las mismas preocupaciones que el resto de la población...si acaso algo que me hace más peculiar es mi afición a la escritura. Afición que me trae más desilusiones que alegrías pues tras varias publicaciones en editoriales de autoedición en internet, no he logrado más de un centenar de lectores, aunque posiblemente mucha de las descargas sospecho que son de amigos que procuran ilusionarme con la falsa expectativa de tener audiencia. Pero creo que ya me estoy encaminando por las ramas, centremonos.
Como he venido refiriendo mi vida siempre ha discurrido por los canales habituales al resto de la sociedad justo hasta hace una semana que estando en el banco donde trabajo, un anciano de aspecto andrajoso vino a actualizar su libreta, como la mayoría de las personas de su edad hacen de manera habitual como hobby. Quizás hubiese pasado inadvertido como tanta otras gentes pasa a lo largo de mi vida sino hubiese sido porque en lugar de despedirse con un clásico “Adios” o “Gracias”, aquel señor se alejó diciendo:
-Muchacho, dentro de poco tu vida cambiará...
No le repliqué pensando que se trataba simplemente de un comentario senil sin importancia, es más lo hubiese olvidado sino fuese porque al día siguiente a punto estuve de tener un accidente de tráfico al volver del Puerto de Santa María por la noche tras haber quedado a tomar unas copas con compañeros del banco. Quizás lo que estoy a punto de contar lo puedan ustedes achacar al consumo de alcohol, pero puedo prometerlo por mi dignidad, que apenas había tomado un par de copas, cuando subiendo una cuesta de escasa visibilidad con una pronunciada curva que une ambas poblaciones, me tope en plena noche con una señora que caminaba tirando de un carrito de la compra por el anden. Di un volantazo inesperado para evitar atropellar a la peatón por lo que mi vehiculo, un opel corsa con apenas un año fue a parar a mitad de la carretera, menos mal que a esa hora de la noche apenas existe tráfico en ese vial. Cuando giré la vista dispuesto a gritarle por su temeridad de andar por la noche sin ir identificada aunque fuese por un chaleco reflectante, allí no había nadie. No había tenido tiempo de quitarse tan rápido del lugar del suceso...
Desde ese día tengo una sensación rara instalada en el cuerpo, no logro dormir bien, ando más huraño...Espero no estar volviendome loco, porque yo jamás he creído en fantasmas y apariciones...
Les seguiré hablando conforme logré aclarar esta desazón que me posee.