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martes, 7 de abril de 2015

El Guardián de la Lengua


Vivimos en un país de extremos, o amamos algo hasta la extenuación o lo odiamos hasta el morir, no existen términos medios. En España tendemos al radicalismo, o se es de izquierdas o de derecha, o del Madrid o del Barça, o me gusta o me asquea. Aquí en la piel de toro nos pasamos literalmente por los cojones a Aristóteles. Nunca entenderemos que en el término medio está la virtud.
Reflexiones filosóficas apartes podemos transferir esta cuestión a la literatura, aunque para ser más concreto a la persona de Perez-Reverte, uno de los estandarte de la literatura patria. Son muchos quienes adoran sus letras, mientras que otros lo denostan más allá de sus capacidades como escritor, en mi opinión por decir en voz altas verdades como puños, aunque también existe un sector que lo considera recargado y artificioso en su manera de escribir. Personalmente don Arturo es de los pocos autores punteros que aún cuida el lenguaje, lo mima, lo trata con respecto, le mira a la cara y lo trata de usted como debe ser, ahí radica la diferencia entre una buena historia, y una buena novela. Puedes tener algo muy bueno que contar, pero si no lo haces con estilo, como es en este caso  no te sirve de nada.
En este año donde me he propuesto leer lo máximo posible de este autor, no ha dejado de sorprenderme su última novela: "Hombres buenos". Una obra que a priori por temática no puede atraer a todos los públicos, pero en cuanto te sumerges en sus páginas quizás la trama central quede atrás para poder disfrutar de las reflexiones de sus personajes, que pese a ser de carácter histórico, se muestran de total actualidad. Y es que don Arturo no da puntada sin hilo. Como el mismo dijo en una ocasión cuando escribe novela histórica lo que trata es de relacionarla con el momento actual, dejando a la vista las carencias que los españoles llevamos lastradas desde hace siglos. También comentar que uno de sus personajes a poco que conozca al escritor lo podrás ver como su propio alter ego, al menos esa es mi impresión.
Además la referencia metalitaria, cuando en apartados del libro, nos habla de como fue confeccionando el libro, real o no, es un detalle que me ha encantado.
Quizás no sea yo ni el mejor reseñador, ni tan siquiera el más cualificado a la hora de defender la obra de Perez-Reverte, pero se puede considerar como un Guardián de la Lengua, capaz de acercar "El Quijote", de forma sencilla, no solo a un público juvenil para el que está destinado, sino a quien nunca se atrevió a enfrentarse a este clásico por miedo a su lenguaje enrevesado como fue mi caso.
Dudo de que esta reseña llegué hasta él, pero sin duda no me queda otra que mostrarle mi respeto y admiración a este académico.