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sábado, 25 de febrero de 2012

Diario de una Inquietud (trigesimo sexta entrada)

TRIGESIMO SEXTA ENTRADA

No me fue sencillo convencer al abuelo para hablar con él acerca de la foto. Aunque nadie le había contado nada acerca de la discusión que había hecho a Marian irse de casa, deducía que si su nieta me había abandonado algo malo habría hecho yo. Evidentemente en cuestiones familiares la presunción de inocencia es algo que obvia con facilidad.
-Si me dejase volver a ver el album, podría arreglarlo con Marian,.le supliqué.
-No entiendo que tiene eso que ver con que te haya dejado.-arguyó en su favor no sin cierto desprecio.
-Fue por culpa de una foto que vio por lo que no se siente comoda en casa, siente miedo.-dije en mi favor.-Todas las noches se le repite el mismo sueño, y en él aparece una mujer que aparece en su album de fotografías.
-No se si creerte.-dudó.-Quizás debiese de llamar a Marian para comprobar si lo que dice es real.
-No, se lo ruego.-le sujeté del brazo.-Antes expliqueme quien era la mujer que vio en la foto. Solo cuando tengamos una explicación podrá llamarla.-condicioné.
-De acuerdo.-aceptó invitandome a pasar al interior del domicilio.
Pareció importarle un pimiento el resto de que cosas que le dije a aquel hombre, como que su nieta era la mujer de mi vida (y juro por lo más sagrado que no miento), o que mi vida sin ella no sería absolutamente nada, se había centrado por completo en encontrar el album, que por casualidades del destino no aparecía.
Me llegué a plantear sin apenas dar una tregua en teorías conspiranoideas pero al cabo de más de media hora me di cuenta que la razón estaba en que aquel hombre era sumamente despistados, aunque me atrevería a decir que tiene principio de alzheimer, aunque espero que no tanto por bien de él mismo como de su familia.
-Aquí está.-me mostró con orgullo.-Y ahora bien busquemos la dichosa fotografía.
No tardamos muchos en dar con ella. Allí estaba aquella mujer maquillada de manera lustrosa sostiendo de forma totalmente solemne a un niño pequeño que parecía totalmenta ajeno a la escena que se sucedía a su alrededor, ya que un grupo de mujeres mulatas se arrodillaba a su alrededor como si fuese un dios, aunque sus caras demostrasen más obligación que respeto.
-¿Quien es esa señora?-le interrogué.
-Es la madre de mi tío Abuelo Matías.
-¿Pero no sabrá usted porqué están esas mujeres arrodilladas?-quise saber mientras no paraba de dejar aquella matrona de mirada soberbia.
-No tengo la menor idea...-se encogió de hombros indiferentes.-Es más volviendo a verla no comprendo porque Marian se conmocionó tanto.-cerró el album sin tregua.-Espero que hayas sacado algo en claro chaval.-me clavó su mirada con convicción.-Aunque no lo creas te tengo aprecio...
-Una última cosa, ¿cuál es el nombre completo de su tío?-quise iniciar una investigación acerca de aquella mujer a través del niño que portaba en sus brazos.
No tuvo ningún reparo en darmelo, aunque antes de marcharme me dijo una frase que me dijo un tanto perplejo, más que nada porque me daba la impresión de que me ocultaba algo:
-No remuevas el pasado.-me dijo con un temblor en los labios poco habitual.
No hice ninguna replica porque en ese momento me sonó el telefono. En la pantalla del móvil apareció el nombre de Marian así que no tarde ni una milesima de segundo en responder:
-Hola Marian amor, dime que deseas.-me mostré solícito.
-Debemos de quedar lo antes posible.-comentó imperante.-Tengo algo muy importante de lo que hablarte...

viernes, 27 de enero de 2012

Diario de una Inquietud (vigesimo novena entrada)

VIGESIMO NOVENA ENTRADA

Mi vida vuelve a entrar en un espiral oscuro hacia un abismo del que no veo salida. Cuando pensaba que las cosas no podían ir peor, me equivoco. Pese a haber decidido tomar la decisión de volver a tomar el tratamiento que en su momento me prescribiesen para evitar los delirios nocturnos, eso si, por mi cuenta y riesgo, siguen apariciendo la aparición por la noche diciendo que debo terminar lo que inicie, sin embargo no tengo cómo.
Además a esto hay que añadir sufró una fuertes jaquecas a causa del último hecho que me sucedió hace apenas una semana. Estaba yo tranquilamente sentado ante el ordenador intentando evadir mi mente de los problemas escribiendo un relato con el que poder participar en algún certamen literario cuando llamaron a la puerta. Miré a través de la mirilla, sintoma inequivoco de que me he vuelto tremendamente desconfiado. Al otro lado un joven vestido con un polo de color azul esperaba con un paquete a que yo le abriese.
-¿Quien és?-pregunté pese a deducir que se trataba de un mensajero.
-Seur, traigo un paquete para Victor Choquet.-mostró la caja a través de la mirilla. Debía de estar acostumbrado a que nadie se fiase.
No me dio desconfianza, parecía de lo más normal, aunque me prevení de abrir solo una parte con la cadena puesta.
-¿Quién lo envía?-pregunté antes de firmar nada.
-No tengo la menor idea señor.-respondió con sinceridad.
-Pues si no se sabe de quien no lo quiero.-fui a cerrar la puerta.
-No por favor caballero.-suplicó desde el otro lado el repartidor.-Es el tercer paquete que me rechazan, si vuelvo a la empresa con este mi jefe me ha dicho que me echan.-lloriqueó.
-De acuerdo, pero debe ser tu quien lo abrás.-acepté con condicionante.
-Pero no puedo, al menos si no me firma que lo ha recogido.-me ofreció a través del hueco de la puerta la carpeta. Firme el documento sabiendo que el chaval abriría el paquete.
-Ahora abralo.-le mostré mi firma aunque no le devolví el documento. Me aseguré que no dejaba el paquete en la puerta y se iba.
Con rápidez despojó del precinto la caja abriéndola de par en par. Debía de desconocer al igual que yo el contenido del mismo porque al verlo cayó horrorizado de espalda. Gritaba como un poseído. Sus ojos se mostraban abiertos como platos reflejando el miedo que debía de sentir.
No dudé en salir en auxiliarlo mientras que llamaba por telefono móvil a urgencias ya que aquel chico parecía tener una crisis de ansiedad, y no me es de extrañar, tras echar un vistazo al interior del paquete: la cabeza de Bedri el croata destacaba entre restos de otros miembros corporales. Una nota en su frente rezaba: “Has ido demasiado lejos”.
A fecha de hoy ahí abierta una investigación policial para investigar el hecho de la aparición de aquellos restos. Sin embargo pese a ver sido interrogado por la policia me he guardado de contar nada. Tomarían por una paranoia el hecho de sentirme perseguido por un artista al que he intentado denunciar, además que yo tenía cosas que ocultar, como la muerte del testaferro del holding de empresas del artista de la muerte, por eso pese a la repugnancia que me creó, me encargué de quitarle al mendigo la nota de la frente...
Quizás pueda acabar con todo esto tras descubrir en los informátivos locales que en unas jornadas sobre Arte Contemporáneo iba a dar una charla un importante artísta aún por confirmar. A sabiendas que las jornadas se darían en el Hotel Jerez, me he encargado de preguntar a un amigo que trabaja como recepcionista en dicho establecimiento que si se sabe quien es.
-No han confirmado aún nada, pero debe ser un pez muy gordo porque todo se está moviendo con total secretismo...Pero que sepas que si alguien debe informar a las revistas para cobrar exclusiva seré yo.-bromeó.
-No te preocupes solo que quiero un padrino para mi libro.-continué la broma.
En mi mente una deducción cobraba forma...