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viernes, 4 de agosto de 2017

Adicto al fracaso (PATENTE DE ESKORZO)



Hay adicciones de toda clase, desde quien se engancha a las drogas, a las tragaperras, a la lectura, o hay quienes no son capaces de separarse de su teléfono móvil como si de un ser vivo se tratase. Sin duda hay adicciones para todos los gustos, incluso hay quienes somos adictos al fracaso. Tal como lo oyen. No se lleven las manos a la cabeza, existimos, no somos un producto de ficción.
Muchos se preguntarán cual es el motivo de mi adicción al fracaso, y yo gustosamente le responderé. Mi adicción al fracaso viene de la mano de otra adicción, la literatura, o más concretamente a escribir historias que no le interesan a nadie. ¿Y sabéis que pasa cuando se une ambas adicciones? Pues que acabo autopublicando libros que sé a la perfección que serán un fracaso. Sin duda, muchos se habrán dado cuenta de que en muchas ocasiones quienes nos autopublicamos lo hacemos porque ninguna editorial apuesta por nuestros escritos por un simple motivo: son malos. Aún así nuestra adicción al fracaso nos lleva a corregirlos, maquetarlos, buscarle en una portada en un afán supremo de inyectarnos nuestra dosis de perdición, porque sin duda eso es la literatura para quienes no gozamos del éxito, nuestra perdición. Lloramos, nos frustamos, e incluso nos planteamos entregar los teclados para garantizar el alto el fuego de las obras deplorables.

¿Y a santo de qué viene esto pensaréis? A nadie le gusta oír lamento, menos de un perdedor, pero aun conociendo el resultado nefasto de publicarme mi propia obra: Falocracia, os quería invitaros a leer. ¿Y por qué la publico si es un fracaso? Porque los pocos que se descargaron SERIOpata tal vez le interese saber más sobre la inspectora Sarasua, porque para mejorar es necesario fracasar, o simplemente porque tenga éxito o no, seguiré infectado de esa enfermedad que es escribir y compartir.
Seguimos en la yesca.

viernes, 30 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (CUATRIGESIMA SEPTIMA ENTRADA)

CUATRIGESIMA SEPTIMA ENTRADA

 Son las cuatro y media de la madrugada, a las siete me suelo levantar, pero tengo claro que ya no podré descansar. El motivo de mi insomnio repentino, la lectura del libro. No será de extrañar en muchos que cuando una historia les atrapa no pueden escapar de sus páginas hasta darle fin, a mi antes me pasó con otras novelas, pero en esta ocasión, no ha sido la elaborada prosa del autor, ni tan siquiera unos capitulos sumamente adictivos, sino el contenido en si de la historia, porque aunque no lo creáis Diario de una Inquietud habla de mi, de mi vida, pero no de cualquier manera.
Cuando comencé a iniciar sus primeras páginas el nombre de su protagonista me resultó extrañamente familiar, Victor, pero lo achaque queriéndome calmar, que era una simple coincidiencia, mas tuve que rendirme a la evidencia al ver como los hechos de los que hablaba los conocía yo al dedillo así como al resto de personajes. Alguien se había encargado de copiar mi vida desde que comenzó mis desdichas, o lo que creo que es peor, alguien ha inducido a que mi vida sea así, aunque la cuestión es: ¿Cómo un ser humano puede provocar alucinaciones en otro? ¿O es acaso un ser sobrenatural?
Tengo sospecha de todo, no me fío de nada. En mi cabeza se agolpan teorías confabulatorias, como satánicas, como incluso me llegó a plantear que haya sido la misma Marian quien haya orquestado todo, porque por mucho que he buscado por la red, El Vendedor de Humos, no coincide con una persona real detrás. Lo que para mucho no es más que un plan de marketing, para mi es el motivo de mi vida: descubrir quien ha manipulado todo.
He sido la marioneta de algo o alguien que ha ejercido como mi encaminándome como ha deseado hacia aquellos lados que ha deseado dejando mi libertad apartada de mi lado. Buscando una explicación he enviado un correo electrónico a la editorial del libro, aunque dudo que me contesté.
Miró hacia todos lados en busca de posibles cámaras que me estén vigilando. Me siento como si un gran Hermano me controlasen, como si estuviese encerrado en un escenario como “el Show de Truman”.
Quizás la mejor forma de acabar con esto es hacerlo tal como indica en el libro que debo hacer llegado a este punto. Preparar una bañera de agua caliente, cortarme las venas, y esperar a que la muerte llegue...

miércoles, 28 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (cuatrigésimo sexta entrada)

CUATRIGESIMA SEXTA ENTRADA
 Quizás no solo me ha llegado a sorprender hallar un libro en las librerias titulado de la misma manera que yo tenía pensado nombrar a este mi diario personal, Diario de una Inquietud, sino que además resultaba ser un autentico éxito de venta. Miré con curiosidad quienes era el autor, pero curiosamente se escondía bajo un seudonimo, El Vendedor de Humos. Me prometí a mi mismo mirar por internet en cuánto llegase a casa quien se escondía bajo tal nombre.
Sin embargo otra cuestión más importante me preocupaba en aquel momento, y no era otra que la la llegada masiva de correos electrónicos con un contenido espeluznantes. Muchos podrán determinar que todos los días nos llegan mensajes en cadenas a nuestros ordenadores sobre cuestiones escalofriantes, pero lo que más me preocupaba de todo esto era que todos los que me llegaban de un emisor desconocido versaban sobre niños pequeños secuestrados, luego para mayor impacto, se acompañaban de fotos de bebes muertos en condiciones escalofriantes.
Muy posiblemente ese Diablo, tal como lo llamó desde ese mensaje que me envió al móvil haciendo referencia al número de Satanás, sabe cual es mi punto débil que no es otro que mi pequeña Jimena, una niña fuerte y sana, que cada vez se parece más a su madre en la finura de sus rasgos, por lo que no duda en atemorizarme así. El problema es que no se que desea de mi, pese a que más de una vez le he dado a responder el correos electrónico pidiendo una explicación a tales envíos.
Lo curioso que a la vez que llegan los mensajes, la publicidad que aparece en un lateral de la página web es siempre la misma, “De Madrid al Cielo. Conócenos” apoyada en varias fotos de la capital de mi país, donde además de los lugares clásicos como la Puerta del Sol, el Prado, aparece la escultura del Ángel Caído del Parque del Retiro, la única escultura por lo que he podido averiguar dedicada a Lucifer en el mundo. ¡¡Ya lo que me falta es tener que vender mi alma para no ver sufrir a los míos!
Voy a desconectar un poco tras almorzar leyendo un rato, ¿os podréis imaginar que libro? Pues si, es Diario de una Inquietud, me lo ha regalado Marian alegando que ha leido por los periodicos que es todo un éxito con muy buena crítica. Le daremos una oportunidad para ver si así no pienso en el peligro que siento acecharme.

domingo, 25 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (cuatrigésimo quinta entrada)

CUATRIGESIMA QUINTA ENTRADA
 Quizás a base de mucho indagar en diferentes páginas web, leer revistas especializadas en informática e internet he logrado darme cuenta de una habilidad que no sabía poseía, y no era otra que mi capacidad para moverme con relativa facilidad en el mundo de los ordenadores. Tampoco estoy diciendo que me haya convertido en un hacker pero puedo decir que se moverme con una mínima soltura por la red de redes, soltura suficiente como para identificar el enclave de la IP de un correos electrónico.
Lo que mi habilidad tal vez no dedujo es que la mayoría de las IP existentes son dinámicas, es decir el sistema númerico que identifica al ordenador va variando cada cierto tiempo, sin añadir que aquella persona que me había enviado el mensaje estaba usando varios servidores a la vez que hacían casi imposible la pista, hecho que me hizo desistir de continuar indagando acerca del remitente de la nota.
No voy a continuar por estos derroteros hablando que no me conduce a ningún lado, por lo que voy a comentaros la idea que tengo entre manos, un proyecto literario de un calibre, que no es otro que vender este cuaderno, previamente pasado a limpio gracias al ordenador, a una editorial, ya que pienso que está novela es la más convincente, creible, con los personajes reales más reales, de los que jamás he escrito  para una obra de ficción. El mayor argumento para que sea creible es lo que es real, yo lo he vivido, lo he sentido, y sobre todo padecido.
Tengo hasta el nombre en caso de ser aceptada, y no es otro que Diario de una Inquietud, justamente el sentimiento que me ha embargado desde que escribí las primeras lineas. Pero ahora que lo pienso me surge un problema, que no es otro, que la historia no tiene final. No se si me sabré explicar, pero para cualquier lector llegado a este punto la historia quedaría como incompleta al no saber cuál es el final. Podría escribirlo aunque lo más probable es que quedase anodino sin sentido, fuera aparte de que a mi no me convencería sabiendo que os miento. Quizás tenga demasiado sentido de la honestidad. Nadie excepto aquel que me atormenta podría darme ese final...
...Nuevo mensaje en mi teléfono móvil, quizás llegado a este punto penséis que ya comienzo a invertarme la historia, pero os lo transcribo aquí y cada cual piense lo que quiera:
“Sigue así, vas por el buen camino 666”

viernes, 23 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (cuatrigésima cuarta entrada)

CUATRIGESIMA CUARTA ENTRADA

Ya Jimena tiene dos meses, es tan hermosa como su madre, y es la alegría de la casa, pese a que algunas noches no me deje dormir de seguido reclamando ser atendida, aunque aún así levantarse por ella es un gusto. Solo ver su carita, todo en esta vida merece la pena. No creo que este diciendo algo diferente a lo que siente el resto de los padres.
Es un tiempo tranquilo sin incidencia alguna, ni más sueños, ni apariciones, ni personajes rocambolescos cruzándose en nuestras vidas, no por ello no dejo de reconocer que me he vuelto más metódico a la hora de realizar mi vida cotidiana. Habrá quien lo pueda considerar paranoia, pero él saberme observado, me hace aumentar las precauciones, con cosas como el correos electrónico, mis movimientos por la red, o mis llamadas de telefono.
Podréis decir que cuál es el motivo de tanta desconfianza si ahora la vida me sonríe con una hija bellísima, una pareja perfecta, y una vida tranquila. Pues os diré que la frase de Amalia me puso en jaque, eso de que son gente como ella eran personajes secundarios en mi historia, no era más que la repetición de una misma frase que ya el testaferro del artista de la muerte me había dicho. Desde mi vuelta de la Habana pienso que hay algo superior a mi, no se si un dios, un gobierno, los ovnis, o vete tu a saber que controla mis pasos, lo que no se bien es para qué.
He comenzado a aficionarme a los libros de corte conspiranoideos que yo ante tanto aborrecía, porque siempre pensé que eran simple literatura inventada para captar ineptos dispuesto a comprar libros con tal de destapar una confabulación de orden mundial, pero tras vivir en mi vida demasiadas casualidades me empiezo a creer todo, incluido la existencia de un dios de la cual yo siempre había renegado.
Estas lecturas quedarían en una simple afición sin importancia, como otros se pueden dedicar a coleccionar sellos, sino fuese por el reciente correos sin remitente que me llego hace un par de horas a mi dirección mail:
“¿Ya te has aburrido de buscarme? Yo que tu no me olvidaría de mi, porque se lo de tus cuentas en Suiza para engañar al fisco...Encuentrame antes de que sea demasiado tarde.”
Respiré hondo al leer aquello, lo que no sabía el muy imbécil que a través de su dirección IP podía detectar desde donde me escribía.

sábado, 25 de febrero de 2012

Diario de una Inquietud (trigesimo sexta entrada)

TRIGESIMO SEXTA ENTRADA

No me fue sencillo convencer al abuelo para hablar con él acerca de la foto. Aunque nadie le había contado nada acerca de la discusión que había hecho a Marian irse de casa, deducía que si su nieta me había abandonado algo malo habría hecho yo. Evidentemente en cuestiones familiares la presunción de inocencia es algo que obvia con facilidad.
-Si me dejase volver a ver el album, podría arreglarlo con Marian,.le supliqué.
-No entiendo que tiene eso que ver con que te haya dejado.-arguyó en su favor no sin cierto desprecio.
-Fue por culpa de una foto que vio por lo que no se siente comoda en casa, siente miedo.-dije en mi favor.-Todas las noches se le repite el mismo sueño, y en él aparece una mujer que aparece en su album de fotografías.
-No se si creerte.-dudó.-Quizás debiese de llamar a Marian para comprobar si lo que dice es real.
-No, se lo ruego.-le sujeté del brazo.-Antes expliqueme quien era la mujer que vio en la foto. Solo cuando tengamos una explicación podrá llamarla.-condicioné.
-De acuerdo.-aceptó invitandome a pasar al interior del domicilio.
Pareció importarle un pimiento el resto de que cosas que le dije a aquel hombre, como que su nieta era la mujer de mi vida (y juro por lo más sagrado que no miento), o que mi vida sin ella no sería absolutamente nada, se había centrado por completo en encontrar el album, que por casualidades del destino no aparecía.
Me llegué a plantear sin apenas dar una tregua en teorías conspiranoideas pero al cabo de más de media hora me di cuenta que la razón estaba en que aquel hombre era sumamente despistados, aunque me atrevería a decir que tiene principio de alzheimer, aunque espero que no tanto por bien de él mismo como de su familia.
-Aquí está.-me mostró con orgullo.-Y ahora bien busquemos la dichosa fotografía.
No tardamos muchos en dar con ella. Allí estaba aquella mujer maquillada de manera lustrosa sostiendo de forma totalmente solemne a un niño pequeño que parecía totalmenta ajeno a la escena que se sucedía a su alrededor, ya que un grupo de mujeres mulatas se arrodillaba a su alrededor como si fuese un dios, aunque sus caras demostrasen más obligación que respeto.
-¿Quien es esa señora?-le interrogué.
-Es la madre de mi tío Abuelo Matías.
-¿Pero no sabrá usted porqué están esas mujeres arrodilladas?-quise saber mientras no paraba de dejar aquella matrona de mirada soberbia.
-No tengo la menor idea...-se encogió de hombros indiferentes.-Es más volviendo a verla no comprendo porque Marian se conmocionó tanto.-cerró el album sin tregua.-Espero que hayas sacado algo en claro chaval.-me clavó su mirada con convicción.-Aunque no lo creas te tengo aprecio...
-Una última cosa, ¿cuál es el nombre completo de su tío?-quise iniciar una investigación acerca de aquella mujer a través del niño que portaba en sus brazos.
No tuvo ningún reparo en darmelo, aunque antes de marcharme me dijo una frase que me dijo un tanto perplejo, más que nada porque me daba la impresión de que me ocultaba algo:
-No remuevas el pasado.-me dijo con un temblor en los labios poco habitual.
No hice ninguna replica porque en ese momento me sonó el telefono. En la pantalla del móvil apareció el nombre de Marian así que no tarde ni una milesima de segundo en responder:
-Hola Marian amor, dime que deseas.-me mostré solícito.
-Debemos de quedar lo antes posible.-comentó imperante.-Tengo algo muy importante de lo que hablarte...

domingo, 19 de febrero de 2012

Diario de una Inquietud (TRIGESIMO QUINTA ENTRADA)

TRIGESIMO QUINTA ENTRADA

Llevo una semana alejado del amor de mi vida, y por más que pretendo hablar con ella, se niega en rotundo a responderme al telefono, es más, incluso he pasado por casa de sus padres donde ahora mismo está, pero su madre me reitera su intención de no querer verme.
Estoy hecho polvo, aunque por los últimos acontecimientos vividos pudiese deducir que Marian no aguantaría la presión de mi conducta esquiva, jamás llegué a creer que se cristalizase como ha sucedido. Mucho menos podía llegar a pensar que sucedería por ser tremendamente sincero...aunque no quiero hablar sin orden así que os explicaré:
Aquella noche cuando calló desmayada al visualizar la foto de su abuelo, sentí que nuevamente las “malditas coincidencias” regresaban a mi vida. Unos hechos que no eran fruto de la casualidad, y que además añadía en esta ocasión a mi amor. No soportaba verla en aquella circunstancia, en aquella incertidumbre que le minaba. Aquellos sueños unidos a la foto, sin olvidar la paliza sufrida podía llegar a minar su salud, no solo corporal sino mental. Por ello, pese a no tener certezas de tan siquiera lo que me había sucedido a mi, decidí contarle todo tras marcharse sus familiares tras ser disuadidos de que había el desvanecimiento tan solo se debía a la tensión sufrida en los últimos días, y que no era necesario ir a urgencias para que se cerciorasen de que no era alguna dolencia oculta.
Cuando la sentí un poco más recuperada la senté en el sofá para que oyese todo aquello que debía de decirle. No fue sencillo resumir tantos acontecimientos pero sin embargo procuré hacer una sintesis bastante aceptable que Marian oyó no sin cierta incredulidad. Todo fue una confesión tranquila hasta que le hablé del asesinato. En un principio no me creyó, pero yo le insistí...fue uno de los primeros errores que cometí.
-No le des más vuelta Victor, estás sacando las cosas de quicio, ni mis sueños ni esas palizas tienen absolutamente nada que ver con una mano negra que nos persigue a los dos. ¡No te montes pelicula!-me dijo con tono alterado.
-No son peliculas, ¿cómo te explicas tantas desgracias seguidas? Desde la muerte de mi amigo, a la paliza que te dieron.-justifiqué.
-Simple casualidades, no más.-resopló indigna.-Creo que deberías retomar tus visitas al psiquiatra...-propuso en un torno conciliador.
-No estoy loco.-grité indignado.
-No vas a lograr nada alterandote.-hizo por mantener la calma.
-Espera, te voy a mostrar una cosa.-busqué dentro de un libro la denuncia policial de la aparición del paquete con la cabeza humana.-Te lo he ocultado pero necesito que me creas...-se lo mostré.
Horrorizada se llevó las manos a la cara al finalizar de leer el documento.
-Yo no puedo seguir aquí, esto ha llegado muy lejos...-se volvió hacia la habitación.
-Espera, juntos podemos encontrar una solución.-le agarré del brazo.
-No me toques.-me ordenó con una mirada que me dejó helado.-No puedo seguir viviendo a tu lado...-soltó una lágrima que más que denotar tristeza denotaba rabia.
No tardó apenas nada en hacerse una maleta con unas pocas de mudas de ropa.
-Ya mi padre vendrá por el resto.-se despidió de aquella manera fría.
Pasan los días y no me acostumbro a estar sin ella. Marian es el ángel que ilumina mi sendero. Sin ella mi vida no tiene sentido. La única forma que tengo de solucionar esto es una: resolver la relación entre el sueño y la fotografía. Solo uniendo cabos podré recuperarla. No perderé un segundo en ir a casa de sus abuelos, si me explica quien es esa señora que tanto le impactó sabré una parte importante de este misterio...

miércoles, 11 de enero de 2012

Diario de una Inquietud (vigesimo cuarta entrada)

VIGESIMO CUARTA ENTRADA

Muy posiblemente tras mi anterior experiencia hubiese sido optar por la autogestión, es decir, llevar a cabo por mi mismo el secuestro del testaferro del holding, pero como tendré que recordar mi complexión física deja mucho que desear al menos a la hora de reducir a nadie, fuera aparte que carezco del temple suficiente como para tener la sangre fría de atacar como había llegado a pensar con una barra de metal golpeándo por la espalda...
Sin embargo la mayoría de las soluciones a cuestiones de esta vida se hallan de improviso sin planearlas y mucho menos esperarla. Fue una noche,estaba tomando una tapa junto a mi novia en un bar del centro de Jerez, cuando de repente se me acercó un el típico indigente que suele errar por los veladores de los bares buscando una lismona. En un principio como siempre me negué a dar nada, no es un hecho cotidiano que yo proceda con generosidad siendo totalmente honesto, pero que aquel mendigo me llamó por mi nombre.
Levanté la cabeza intrigado, no estaba acostumbrado tan siquiera a mirar cuando me pedían, pero la llamada por mi nombre me había dejado conmovido, aunque no tenía porqué después de tantos sucesos extraños en mi vida. Miré primero a Marian para ver si ella lo podía conocer de algo, pero su mirada de extrañeza me dijo que volvía a estar ante un suceso paranormal nuevamente de mi existencia.
Aunque cuando contemplé el rostro del hombre, pese a que costó reconocerlo en un primer momento deduje quien era. Además sus palabras posteriores corroboraron mis sospechas:
-¿No me digas que no te acuerdas de mi Victor? Soy Martín el que pegaba a todos los niños en el cole.-añadió información.-¿Ya olvidastes mis capones?-rió emocionado ante el recuerdo.
-Por Dios Martín.-lo contemplé asombrado. Pese al paso de los años seguía manteniendo el tipo rudo de su infancia aunque el tiempo lo había maltratado bastante.-Marian, él fue compañero mío del colegio.-lo presente aunque mi pareja se limitó a darle simplemente la mano.
-¡Si supieses la de veces que me hizo la tarea el empollóncito este!-rió con sinceridad mostrando una sonrisa destendetada por algunos huecos.
-¿Le está molestando a los señores?-se acercó rápidamente el camarero viendo alargada la presencia de mi compañero demasiado tiempo en nuestra mesa.
-No ni mucho menos.-negué yo.-¿Quieres tomar algo?-le invité a tomar mesa ante la cara de contrariedad de Marian.
No había simple educación la que me había llevado a invitarlo a mi mesa, ya que mi mente comenzó a urdir un plan que quizás me llevase a buen puerto.
-No quiero resultar una molestia.-se mostró reticente más que nada al ver el gesto de fastidio de mi chica.
-No molesta en nada, ¿verdad cariño?-quise mostrar la aprobación que fue realizada de manera hipocrita con la cabeza.-Pidete lo que quieras.-lo animé.
Pidió un bocadillo junto con un refresco que consumió con voracidad, era obvio que llevaba tiempo sin comer.
Si no es mucha indiscrepción, ¿cómo es que andas pidiendo?-la curiosidad me podía, al menos a mis interesés.
-La maldita crisis, como todo el mundo.-se lamentó.-Yo era albañil hasta que se fue todo a tomar por culo...una cosa fue llevando a la otra, primero la bebida, después las peleas y el divorcio con mi mujer. Demasiadas casualidades.-resumió su desdicha en pocas lineas.
-Si yo te hablase de casualidades.-comenté.-Pero tenemos que quedar un día más tranquilo para rememorar nuestro tiempo de colegio.-concluí.
-Cuando quieras.-aceptó.-Siempre estoy por el centro de la ciudad, y como ves tengo mucho tiempo libre...-ironizó sobre su situación.-Un placer conocerla.-saludó a Marian.-Y gracias por la invitación.-se levantó sabiendo que había estado ya demasiado tiempo con nosotros.
-Acepta estos veinte euros.-le tendí con solidaridad.
-Ya ha sido suficiente con tu invitación a tu mesa, aún así te lo agradezco.-lo rechazó marchándose un tanto más serio que a su llegada. Aquella actitud me dejo un tanto desconcertado quizás no fuese lo que yo esperaba...