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viernes, 4 de agosto de 2017

Adicto al fracaso (PATENTE DE ESKORZO)



Hay adicciones de toda clase, desde quien se engancha a las drogas, a las tragaperras, a la lectura, o hay quienes no son capaces de separarse de su teléfono móvil como si de un ser vivo se tratase. Sin duda hay adicciones para todos los gustos, incluso hay quienes somos adictos al fracaso. Tal como lo oyen. No se lleven las manos a la cabeza, existimos, no somos un producto de ficción.
Muchos se preguntarán cual es el motivo de mi adicción al fracaso, y yo gustosamente le responderé. Mi adicción al fracaso viene de la mano de otra adicción, la literatura, o más concretamente a escribir historias que no le interesan a nadie. ¿Y sabéis que pasa cuando se une ambas adicciones? Pues que acabo autopublicando libros que sé a la perfección que serán un fracaso. Sin duda, muchos se habrán dado cuenta de que en muchas ocasiones quienes nos autopublicamos lo hacemos porque ninguna editorial apuesta por nuestros escritos por un simple motivo: son malos. Aún así nuestra adicción al fracaso nos lleva a corregirlos, maquetarlos, buscarle en una portada en un afán supremo de inyectarnos nuestra dosis de perdición, porque sin duda eso es la literatura para quienes no gozamos del éxito, nuestra perdición. Lloramos, nos frustamos, e incluso nos planteamos entregar los teclados para garantizar el alto el fuego de las obras deplorables.

¿Y a santo de qué viene esto pensaréis? A nadie le gusta oír lamento, menos de un perdedor, pero aun conociendo el resultado nefasto de publicarme mi propia obra: Falocracia, os quería invitaros a leer. ¿Y por qué la publico si es un fracaso? Porque los pocos que se descargaron SERIOpata tal vez le interese saber más sobre la inspectora Sarasua, porque para mejorar es necesario fracasar, o simplemente porque tenga éxito o no, seguiré infectado de esa enfermedad que es escribir y compartir.
Seguimos en la yesca.

domingo, 5 de febrero de 2012

Diario de una Inquietud (trigesimo segunda entrada)


TRIGESIMA SEGUNDA ENTRADA

Ahora con mucha más tranquilidad (o al menos un poco más) que cuando me transmitieron la noticia os puedo revelar lo que le ha sucedido a Marian. Iba ella paseando junto a su madre por el centro de la ciudad, aunque yo más bien diría de compras por las tiendas de moda, hecho que le provoca relajación, y evidentemente toleró gustoso siempre y cuando ella sea feliz. Demasiado ha sufrido con todo lo que me ha padecido a mi lado como que ahora yo encima me dediqué a criticar sus aficiones, que vuelvo a repetir no me disgutan.
Pues como os iba contando, me centraré que sino siempre acabo divagando, pues mi pensamiento es como una liebre que corretea salvaje sin punto fijo ni objetivo, hecho que a veces provoca a quien me lee o oye no acabe por enterarse de nada...pero a lo que voy, que como podéis ver me acabo perdiendo aún a sabiendo de que diserto.
Mientras que paseaba por la Calle Larga donde están situada la mayoría de la tiendas de ropa que le gustan, hecho que evidentemente no revista una acción extraña, un grupo de mujeres, en su inmesa mayoría muletas la rodearon tanto a ella como a su madre, comenzando a increparla. No respondió a las provocaciones, ya que por el aspecto del grupo parece ser que eran prostitutas y con ganas de camorra, aún así pese a obviarla una por lo visto empezó a darle empujones sin venir a cuento.
-Perdone pero no entiendo a que viene esto.-le recriminó Marian.-Y le pediría que nos dejasen tranquila sino quiere que avise a la policia...-le advirtió con un tono diplomático.
-Vaya con la mamita, después de lo que nos hizo se nos pone chula.-le gritó una mulata de amplios pechos.
-Creo que se están confudiendo de persona.-le falló la voz ante la agresividad de aquella mujer.
-No cerda.-le dio un guantazo en plena cara.
Mi suegra pese a ser una mujer bajita, no le falta carácter para ante una injusticia, más tratándose de su hija, responder con la misma violencia que habían empleado las fulanas, pese a que habitualmente es una mujer de carácter tranquilo, que odia el uso de la violencia, pero es que como ella me explicó “cuando te tocan a los tuyos no se puede uno guardar las manos en los bolsillos...”
quizás no he sido todo lo literal que debiese, pero tampoco voy a reproducir uno por uno las palabras malsonantes empleada por mi familia política.
Sin embargo el resto del grupo, al menos cuatro más, se cebaron con Marian, pese a que esta tampoco dudó en lanzar patadas, puñetazos, tirones del pelo sobre sus atacantes, pero el número influyó en el resultado. No fue hasta diez minutos después cuando apareció la policia local haciendo dispersarse el grupo que huyó cobardemente, hasta entonces los viandantes se había limitado a contemplar la pelea como si de un espectáculo callejero se tratase. ¡Maldita falta de empatía social!
La trifulca había dejado lesiones tanto en Marian como en su madre, quien pese a todo se jactaba de haber dejado con un moratón en el ojo a la mulata que parecía erigirse como líder. Para mi pareja el resultado no había podido ser peor: varios puntos de sutura en la ceja, un fuerte moratón en la espalda como consecuencias de las patadas, y varios mechones de menos en su largo cabello.
Costará conseguir que vuelva a salir de casa a la calle, aunque con mucho cariño y esfuerzo se logrará, lo que me empieza a preocupar que visto lo visto hasta ahora no se cuestión de una simple confusión, aparte Marian ha comenzado a tener una pesadilla que se le repite...

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Diario de una Inquietud (treceava entrada-primera parte)

TRECEAVA ENTRADA

Llego a saber que era lo que iba a suceder al ir en transporte público a Cádiz, y hubiese contaminado como el resto de los ciudadanos, aunque siendo del todo sincero no fue esa la causa por la que me fui a mencionada ciudad en tren acompañado con Marian para acudir a la entrevista con la editorial, sino la dificultad para encontrar un aparcamiento. Es no parar de dar vueltas hasta acabar desesperándose, aunque hubiese merecido la pena, pero no quiero adelantarme.
Os contaré, como bien podréis recordar la editorial interesada en mi libro me había citado el sabado a partir de las 10 de la mañana, y con intención de estar lo más puntual posible a mi cita decidí tomar el tren para evitarme problemas de atasco y dificultad a la hora de aparcar que se sucede en la ciudad gaditana. A las nueves de la mañana tomabamos en el andén cuatro de la estación de Jerez tomamos el cercanía. Yo iba emocionado haciendo cabalas sobre las posibilidades que se podrían abrir en mi vida con este contrato editorial. Respetuosa Marian me escuchaba aunque hay algo siempre en sus ojos que me dice que oye entusiasmada mis fantasías, pero muy probablemente apenas comparta ninguna de ellas. Pero cavilaciones aparte yo me sentía pletórico...
Quizás si el servicio de cercanías fuese tan puntual como en otras ciudades podría haber estado como un clavo a las diez en punto en la calle Sagasta, pero como normal habitual de este servicio llegamos con retraso contando la espera de casi quince minutos que se produjo en la estación de Puerto Real.
Problemas aparte llegamos pasada las diez y media la mañana a la ciudad sin darnos apenas tiempo a disfrutar de aquella bella mañana, aunque si hubiese llegado a deducir cual habría sido el resultado de aquella cita me habría dedicado a disfrutar de un grato paseo por el casco histórico de la ciudad, y es que transporte apartes, la entrevista fue un completo desastre, y no precisamente porque yo fuese con intenciones de no firmar el contrato editorial, al contrario, pero es que las condiciones que me ofrecían no era precisamente las más ventajosas para mi, y no me estoy refiriendo a cuestiones económicas. Yo siempre he estado dispuesto a regalar mis derechos con tal de ver mi obra publicada, pero lo que ellos querían era algo totalmente diferente: cambiar sustancialmente la obra casi al completo, como si nada de lo escrito realmente fuese lo suficientemente interesante.
-No entiendo su obstinación por no querer cambiar esa serie de pequeños detalles.-comentó el acompañante, creo suponer que sería el dueño de la editorial, del editor adjunto, y que por extrañas circunstancias su cara me era familiar. Debo reconocer que nunca he sido bueno a la hora de relacionar rostros con nombre, así que si lo había visto antes no sabría decir de qué.
-No estamos hablando de unos detalles, estamos hablando del conjunto de la obra.-repliqué enfadado.-Estamos cambiando el contenido de la obra por completo...Por eso si que no paso. Valga que no le guste mi título original, pero cambiar tanto es como burlarse de mi.-realice una serie de aspavientos
-Es una lastima.-comentó el adjunto.-Estabamo dispuestos a hacer una fuerte inversión de marketing para llevar su obra muy lejos..-quiso busca otras formas de convencerme.
-No sería mi obra, simplemente sería un libro con mi nombre.-protesté.-Además no crean que son la única editorial capaz de editarme, si a ustedes les gustó ¿porque no a otras?-quise mostrar la mayor suficiencia posible a sabiendas que mi afirmación era poco plausible.
-Pero...-intentó el director hablar.
-No tengo más que decir.-me levanté de la silla siendo imitado por Marian que me acompañaba sin tiempo a réplicas.
Una vez en la calle mi novia todas aquellas cosas que antes en el despacho su mirada había tratado de transmitirme:
-No entiendo ese enfado.-me reprendió.-Tan solo te aconsejaban una serie de cambios para mejorar la obra...
-Parece que tu tampoco lo entiendes.-enfaticé mis palabras con el ceño fruncido.-Es como si te quisieran cambiarte la personalidad para verte mejor. Ya no serias tu...-quise tratar de hacerle comprender.
.-Por Dios Victor eso no tiene nada que ver.-se llevó las manos a la cabeza.-Solo quiero dejarte claro una cosa: A partir de ahora no quiero saber nada acerca de libros, editoriales ni nada que se le asimile...-me advirtió.
-De acuerdo no te agobiaré más con mis tonterías.-concluí guardando silencio.