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sábado, 31 de marzo de 2012

Los Juegos de la Inquietud

Tras varios meses en el blog, Diario de una Inquietud ha llegado al término con respecto a su publicación con respecto a este formato, ya que me guardo el final para el formato en ebook que tenéis disponible en Amazon por tan solo un 1 euro  (http://www.amazon.es/Diario-de-una-Inquietud-ebook/dp/B007L66LJK/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1332714371&sr=8-1)

Pero no quiero cerrar este novela con aquellos que la habéis seguido sin daros una oportunidad de conocerla sin coste alguno, por lo que he decidido en hacer un PREESTENO con los 10 primeros lectores/as que se pongan en contacto conmigo a través de un correo a mi dirección acrata_23@hotmail.com con el asunto PREESTRENO a los cuales me encargaré de enviarle Diario de una Inquietud en PDF totalmente gratis. Además tendrán la oportunidad de intercambiar opiniones, conocer de primera mano de donde nacen los personajes, e incluso si quieres, y vives cerca de Jerez, conocer alguno de los puntos donde se encuadra la acción, o a las personas en las que están basados los personajes...
Y es que una obra no debe quedar limitada a la lectura solitaria sino que puede ser algo vivo que compartir, por eso quiero que exista una retroalimentación entre autor y lector que nos sirva para enriquecer la literatura. Además las reflexiones que se hagan se expondrán en el blog, además de animar a colocar comentarios del tipo que sea, en la página de amazon. Porque en definitiva escribir y leer no dejan de ser más que un JUEGO DE LA INQUIETUD.

jueves, 15 de marzo de 2012

Ser escritor...o perecer en el intento

Es curioso pero quizás sea a la más altas horas de la noche cuando la mente se vuelve más clara a la hora de reflexionar sobre cierto hechos, o tal vez no sea que la falta de sueños te hace ver las cosas de otra forma, pero si me he dado cuenta de algo es que hoy día no basta con escribir una buena historia para captar la atención del público, ni tampoco con otro tipo de cosas, me explicó:
Quizás haya sido durante los últimos tres años cuando me he tomado algo más en serio el hecho de hacer llegar mis obras al público. Obviada en muchas ocasiones la idea de la via tradicional de usar las editoriales, aunque no creáis que no la he usado, lo que pasa es que los resultados han sido negativos, he ido trabajando la idea ampliamente elaborada de usar internet como manera de dar a conocer mi obra, como siempre he dicho más movido por una intención de compartir, de ser leido, más que fines lucrativos, pues a la vista está que durante mucho tiempo he venido a tener mis obras en descarga gratuita.
Pero lo que he venido comprobando es que por mucho que uno trabaje en autopromocionarse necesita de la suerte, o más de al menos un grupo de adeptos, en el significado más inocente de la palabra, que hagan circular lo que creas, detalló:
Muy posiblemente mis escritos no merezcan la pena ser leídas ni las primeras cinco palabras, pero lo que no entiendo es como, tan siquiera se logre la participación en un concurso donde se regala un libro de manera gratuita, si participan en su mayoría son amigos que se ven más en el compromiso que en el gusto real de participar, de ahí que venga a hablar de suerte en esto del mundo de la escritura.
Sinceramente ya no se que hacer para captar la atención, ya que viendo la estadisticas del blog, cuando hago aparecer un capitulo de la novela-blog "Diario de una Inquietud", apenas es leída por un par de personas que quizás hayan cliqueado el post por error.
Ya se que cómo se habla en muchas páginas que hablan sobre como promocionarse dicen que escribir post hablando de lo triste que acaba resultando nuestros logros no es algo que ayuda, yo en esta ocasión he necesitado expresarme, porque tal vez ando en la inoperancia de no saber que seguir escribiendo tanto en una nueva novela, en la que me surge dilemas como ciencia ficción o misterio, aunque también me planteo que para qué si nadie lo va a leer, o en el blog sobre crear post que nada tengan que ver con reseñas como el que habla de peliculas basada en libro, ya que remarco lo mismo, nadie al fin al cabo acaba leyendolos...
No se como llamar ya vuestra tensión, no se si tendré que desnudarme, o poner mi culo en promoción para que me visitéis, pero lo que sé es que para esto de la escritura se debe contar con suerte, ya que he visto obras por la red que han sido aclamada, y que son de dudosa calidad literaria, pero ya se sabe lo que dicen, que la suerte está para quien la busca...o no.
Seguiremos en la yesca...si el carisma lo permite.

jueves, 26 de enero de 2012

Los rincones oscuros de la literatura

Hacerse oír en el mundo de las letras no es una tarea ni sencilla, ni fácil, ni tan siquiera comoda, porque hoy día los autores no solo deben limitarse a crear una obra lo más perfecta posible, sino que además deben promocionarla para darse a conocer, a excepción de las "vacas sagradas" que pueblan el mundo de los libros, pero el resto debe luchar por dar a conocer su creación, muchísimo más cuando se trata de autores noveles.
No contentos con abandonar el trabajo promocional en manos del autor, aparece una vuelta de tuerca por parte de muchas editoriales que para asegurarse el negocio, usan la ilusión de muchas personas, cuyo afán tan solo es llegar a más gente con su escritura, en la mayoría de las ocasiones sin interés de lucro, a ofrecerle falsas coediciones que en la mayoría de los casos maltratan al autor. Me explicó:
Desde tiempo casi inmemoriales ha existido la coedición según la cual, autor y editorial compartían gastos, aunque el peso de distribución recaía sobre la empresa, quien se encargaba de hacer llegar a las librerias las obras para ser vendidas. Pero en la actualidad, usando la tan manoseada "crisis", en muchos casos estas coediciones consiste en que al autor debe costear una tirada de unos ejemplares que deberán venderse durante la presentación del libro, que si pensáis por un momento, también deberéis organizar vosotros mismos. En la mayoría de los casos son 100 ejemplares, que evidentemente debes encargarte de colocar entre tus familiares y amistades, porque seamos sinceros, un autor que se inicia no tiene seguidores por norma habitual, y de tenerlo no superarán los 20. Esto quiere decir que si no logras colocar tu magna obra, te comes el resto de ejemplares no vendidos, quedando la editorial protegida de cualquier riesgo de perdida económica, ya que solo se comprometen a hacer una nueva edición, de igual cantidad, de venderse ese número mínimo que te han impuesto. En fin que te han tomado por tonto, fuera aparte de que esos libros que no has logrado vender te puede suponer la gracia de unos 1000 euros cuanto menos.
La otra opción que vas teniendo es la autoedición, pero esta se acrecenta aún más en cuestión de gastos, a no ser que lo realices por internet y lo vendas de forma gratis en formato ebook, porque si piensas llevarte alguna comisión vete olvidando, ya que al ser libros bajo demanda, puede salir por 20 euros, que evidentemente alguien que no te conoce no comprará.
Personalmente pienso que la democratización de la literatura viene de permitir las descargas gratuitas, y la autopromoción, porque nadie como tu conoce la obra como para luchar por ella. Una vez seas conocido y tu obra sea haya expandido, si es aceptada, logrará que las editoriales tradicionales se fijen en ella, ya que ven tu tirón, y quiera que no, la gente sigue gustando de leer en papel. Ejemplos son obras como "Apocalipsis Z", a la que más de una vez he hecho referencia, de como un blog pasó a ser libro.
Con esto no pretendo desanimar a nadie, sino hacer ver, que sino es a base de esfuerzo no llegas a nada, y que no nos dejemos embaucar por falsos cantos de sirenas que se nos vende.
Seguimos en la gresca

domingo, 15 de enero de 2012

diario de una inquietud (VIGESIMO QUINTA ENTRADA)

VIGESIMO QUINTA ENTRADA

Quizás mi ingenio había subestimado a mi antiguo compañero de clase, lo había recordado mucho menos despierto para cuestiones ocultas, pero nada más acercarme al banco donde estaba sentado me preguntó de manera directa, qué quería de él. No dejaré de reconocer que quise aparentar que mi visita era simple cortesía como le había indicado, pero evidentemente no me creyó.
-Seamos sincero Victor.-me clavó la mirada amedrentándome.-Jamás fuimos amigos en la escuela, es más sabía que todos los niños me odiabáis, y con razón.-argumentó.-Por mucho que el tiempo todo lo cambie no creo que un hombre como tu pretendiese recordar su niñez con el matón de la clase.
-Llevas toda la razón del mundo.-no tuve más remedio que admitir.-Quizás debí de ser franco desde un primer momento diciéndote el motivo por el cual quería hablar contigo, aunque debes entender que quizás ciertos “temillas”, no esta bien hablarlo ante la pareja.-me excuse.
-Teniendo las cosas claras, dime exactamente que pretendes.-apoyo su brazo en mi hombro.-Eso si, te recuerdo que soy muy macho.-bromeó.
-Tranquilo a mi tampoco me gustan los hombres, mucho menos tu, nunca fuiste mi tipo.-continué la broma.-Pero es muy diferente lo que busco.-mi tono paso a ser más formal.
-Soy todo oídos.
-Necesito a alguien que me ayude a secuestrar a una persona.-fui claro.
-No cuentes conmigo.-contestó de manera rápida.-Quizás me recuerdes como el malote de la clase, pero soy incapaza de hacer nada ilegal al menos de momento. Menos secuestrar a nadie.-fue tajante.
-No es como puedes llegar a creer...-quise justificarme.
-Me importa una mierda, no quiero creer absolutamente nada.-su voz sonó aspera como una lima.-Estar en la calle no significa tener que venderse...
-No lo entiendes.-lo tomé por los hombros al verlo levantarse. Quizás llegué a mostrarme un tanto violento pues Martin se quedó plantado mirándome sorprendido.
-Si lo que buscas es a alguien que te ayude a secuestrar a alguien te puedo presentar a alguien.-reculó.-Eso si, no quiero saber nada más acerca de esta movida.-hizo el gesto de desentenderse del tema.
-Cuenta con ello.-acepté incomodo. No quería dar la imagen de un mafioso sin escrupulos, pero no me quedaba otra opción.-Permitime al menos que te invite a tomar algo.-oferté.
-No.-negó echándose su mochila al hombre.-Mañana nos veremos a las 12,30 aquí para ir al Comedor social del Salvador. Allí te presentaré al hombre que buscas.-se marchó sin decir nada más.
A la mañana siguiente como un clavo estuve en la misma plaza, de cara a la empresa había tenido que justificarme con una gastroenteritis repentina, porque creo que no os lo dicho, para entonces ya había obtenido el alta médica, ya luego debería de preocuparme por encontrar una justificación médica como coartada a mi ausencia del trabajo, menos mal que un amigo del instituto trabaja en la Seguridad Social y podrá ayudarme.
Caminamos en silencio durante todo el trayecto. Martín daba muestra de no sentirse incomodo a mi lado, pero supongo que ayudarme era la forma más conveniente que veía de retirarme de su lado, pues en definitiva mi persona era sinónimos de problemas, aún así sin que este antiguo compañero supiese nada de mis hechos recientes.
-Ves a ese hombre vestido con la cazadora marrón.-señaló mientras aguardabamos en la cola logrando una leve afirmación por mi parte.-Es a quien necesita.
Pensé que dicho eso dejaría que yo mismo me pusiese en contacto con él, pero me sorprendió ver como él mismo se acercaba al hombre de la cazadora para susurrarle un par de cosas señalándome. Para ser alguien que pretendía cometer un secuestro no dejo de reconocer que me faltaba valor, pues nada más con las miradas de aquel croata, de nombre Bedri, al menos así fue como me lo presentaron, me sentí intimidado.
Respiré hondo al verlos acercarse, aquel hombre que pese a su delgado cuerpo se mostraba peligroso, me imponía un respeto tremendo.
-Ya hablarme Martin sobre su negocio.-farfulló el croata en un mal español.
-¿Y bien?-le interrogué con más atrevimiento que valor.
-Solo ponga precio.-aceptó ofertas.
-Tres mil euros.-hice una valoración a la baja. La verdad que al nunca haberme dedicado a estos negocios debo reconocer que no sabía a cuanto estaba el precio de mercado.
-Digamos diez mil mejor.-contravaloró.-Por precio ese yo matar...
-No, no es necesario.-comenté rápidamente.-Solo secuestrar.
-¿Acepta oferta?-levantó una ceja.
-Si.-de todos modos no tenía más curriculum de gente dispuesta a infrigir las leyes.
Lo que yo no sabía que aquel precio que le pagaría era demasido caro para la calidad de su trabajo...

domingo, 8 de enero de 2012

Diario de una Inquietud (vigesimo tercera entrada)

VIGESIMO TERCERA ENTRADA

Tal vez el alto consumo de peliculas al que estamos sometidos me hiciesen creer que introducirse en el mundo de la extorsión resultase más sencillo de lo que me había pensado, pero para mi aprendizaje me di cuenta que no resulta ser un mundo fácil, en el que no solo vale el poder del dinero, sino que cuenta con sus propias reglas. Si intentas tratar con tipos peligrosos debes de mostrarte duro, cualquier punto débil que te encuentre te será utilizado en tu contra. Pero dejame que os cuente con más detalle.
Me había incorporado a trabajar tras mi baja por el accidente de tráfico que había sufrido, por lo que contaba con mucho menos tiempo del que me hubiese gustado decicarle. Además no se muy bien cómo pero Marian, parecía estar más pendiente de mis movimientos. Era como si sospechase de que iba a hacer algo incorrecto, así que para moverme por los bajos fondos tuve que optar por hacerlo de día, tras el trabajo, y con la excusa de que iba a tomarme una tapa después del trabajo con un grupo de compañeros, aunque no dejo de reconocer que hacerlo a media tarde también era causa del miedo a adentrarme en un barrio de mala reputación en el Puerto de Santa María como era la barriada de José Antonio.
Divagué por sus calles sabiéndome observado por todo, y no era de extrañar, no era muy habitual que un hombre vestido de chaqueta pasease por sus calles como perdido en la inopia. Pasaron más de media horas sin saber a donde dirigirme hasta que un drogadicto de ojeras muy marcadas se me acercó a mi lado susurrándome su aliento apestoso al oído:
-Si buscas coca de la buena, yo te puedo llevar hasta el mejor.-me invitó a que le siguiese.
Como ya dije antes mis ideas cinemátográficas del mundo me hice pensar que quizás drogas y extorsión era un negocio global. Ahora puedo decir que si y no. Si porque hay violencia en ese mundo, pero no siempre debe ser una parte paralela del negocio. Yo pensé que los camellos de las drogas eran como supermercados donde bien podrías llevarte un pico de heroina y un apalizador juntos.
Seguí hasta la zona más interior del barrio al jonkie hasta que me dejó en el interior de una casa que antaño fuese un patio de vecino, donde una montaña de basura se amontonoba, mientras que un hombre, al que el despojo humano que era mi acompañante lo llamó el Peludo, se dedicaba a quemar diferentes utensilios de todo tipo, desde madera, a juguetes de plastico en una clara intención de calentar las estancias aledañas que se mostraban igual de sucias que el patio.
-Peludo, aquí te traigo un cliente de los buenos.-gorgojeó como si de un animal se tratase el drogadicto.
-Negro, hasta que no logré cerrar el negocio no te pienso dar nada.-le adviertó el camello.-La última vez te regale un pico por aquel supuesto cliente que al final no gastó más de veinte euros en marijuana.
-¡Joder estas cada día más roña!-se quejó el aludido dejando escapar el aire por el hueco donde antes debió de haber dientes.
-Eso es lo que ahí. Y ahora vete.-le ordenó el Peludo consiguiendo una serie de bramados bufidos pese a que se retiró con masedumbre con la cabeza gacha.-Y ahora tu señorito, ¿qué vienes buscando?-se dirigió por fin a mi.
-Yo...necesitaría.-tartamudé sin encontrar las palabras adecuadas.
-No me gustas.-bramó acercándose a mi.-Pareces un madero..
-Yo no.-levanté las manos mostrando que no llevaba arma alguna encima.
-Eso espero.-me miró de soslayo.-Porque si eres un “mono” me puedo encargar de que te maten antes de que te de tiempo a decir hola...-me amenazó haciéndome el gesto de una pistola en mis sien.
Un sudor frío me recorrió la espalda. Aquella amenaza era terriblemente real.
-Yo no necesitaría a alguien para un trabajillo.-logré articular.
-¿Un trabajillo? Pero de qué coño me estás hablando.-protestó haciendo aspaviento.
-Secuestrar a un hombre.-solté sin pensarlo.
-¡Qué mierda me quieres decir subnormal!-me gritó a menos de un palmo de la cara.
-Estoy dispuesto a pagar mucho dinero por ello.-quise disuadirlo mediante el dinero.
-A ver subnormal, yo me dedicó a vender droga...
-Es mucho dinero el qué podría darte...-insistí sin atreverme a levantar la mirada.
-Pues te has equivocado de sitio. Yo solo soy un vendedor de drogas, no un asesino.-me chilló como poseído.
Ahora que lo pienso me resulta irónica esa frase suya, de que él no era un asesino, pero en el fondo no era otra cosa lo que hacía al suministrar esa mierda a sus compradores, sin embargo en ese momento no dije ni mu. Tan solo deseaba salir por patas de allí, sentía que en cualquier momento podía mearme encima.
-No pretendía molestarle.-me disculpé.-Ahora me iré por dónde he venido...-señalé la salida.
-Ah no, ahora no te puedes ir de rosita.-interrumpió mi huida.-Usted debe pagarme por el tiempo que en malgastado en ti. En este rato he perdido clientela.
-Podría darle treinta euros.-le ofrecí.
-¿Pretendes insultarme?-se acercó a mi como queriendo oír mejor.
-No ni mucho menos.-balbuceé siento como un calor humedo me recorría la pierna. Me estaba orinando encima.-Jonathan ayudame a convencer al señorito como nos las gastamos aquí.-pidió haciendo salir a un gitano de una estancia cercana con una navaja con una hoja bastante grande.
-¿Cuánto quieres?-me atemoricé ante la amenaza de ser apuñalado.
-Tu mismo has dicho que contabas con bastante dinero.-me recordó.-Así que vaya soltando la guita.
Con tristeza no tuve más remedio que darle los dosciento euros que llevaba encima, y que había sacado del banco para ir aquella misma tarde junto a Marian a comprar un mueble que a ella se le había antojado para la habitación.
Y después de esta experiencia pensaréis que no he vuelto a pensar en hacer las cosas de forma ilegal, pero siento desilusinaros nuevamente, porque no es así, ya que ahora mismo tengo secuestrador al gerente del holding de empresas del artista de la muerte...

lunes, 12 de diciembre de 2011

diario de una inquietud (decimoctava entrada)

DECIMOCTAVA ENTRADA

Como todo en esta vida es impredicible, pero si tan siquiera hubiese tenido la preocupación de mirar por la mirilla de la puerta no hubiese tenido problema alguno. Quizás la concentración de la redacción del descubrimiento de las riquezas me habían llevado a un nivel tal de relajación y de abstracción que no caía en la cuenta de saber nada sobre la identidad de quienes llamaban a la puerta.
Fue nada más entreabrir la puerta cuando dos hombres del este, muy posiblemente rumanos, se echaron sobre mi sin darme tiempo a reaccionar. Uno me dio un golpe fuerte en el rostro que me dejo tendido en el suelo. Abatido sobre el parquet de mi casa pude ver como empezaban a registrar todos los rincones de mi hogar en busca de cosas de valor, o al menos eso deduje. Pese a mi lamentable situación agradecí que Marian hubiese salido con una amiga a comprar ropa, pues pese a haber sido golpeado podía alegrarme al menos de que no fuesen a matarme, y fuesen simples ladrones, un tanto violento si, pero no unos asesinos a sueldo que podrían haber dañado a mi amor, hecho que jamás me perdonaría.
Cuestión de diez minutos más tarde de que se hubiesen marchado los cacos y que había podido incorporarme, llamé por telefono a la policia para dar parte del incidente, no lo hice a Marian para no preocuparle. Mientras esperaba la llegada de los nacionales me coloqué hielo para bajar la hinchazón del ojo.
-¿Cúantos objetos de valor se han llevado?-me tomaba declaración un agente de aire aburrido.
-¡Cómo quiera que lo sepa ahora mismo!-protesté.-Me preocupaba más ocuparme de mi ojo.-señalé la hinchazón.
-No se preocupe.-quizo tranquilizarme.-Solo era para tener un indicio a la hora de entrar en las casas ocupadas de los rumanos esos del barrio del Pelirón. Ahora mismo varios coches patrulla se dirige hacia allí.
-Lo que me resulta extraño es que hayan llegado a usar la violencia.-cuestionó otro agente.-Hasta ahora habíamos oído hablar de robos cuando no había nadie en casa por las noches, tirones, pero no el uso de la fuerza a plena luz.
-Eso son capaces de cualquier cosa. Vienen de paises donde todo vale...-reprochó el policia que me estaba tomando declaración.
Justo en ese momento entró con los ojos plagados de lagrimas Marian. Seguro que el hecho de ver agentes del orden en casa, le había hecho suponer lo peor:
-¡¿Pero que ha sucedido?!!-dijo mirando nuestra casa desarmada.-¿Te encuentras bien?-me abrazó tocándome con dulzura el ojo hinchado.
-Relajate no ha sido para tanto, solo un grupo de ladrones que han robado en casa.-le besé en la mejilla intentando tranquilizarla.
-¡Pero si tienes el ojo hinchado!-temblaba asustada.
-Me negaba a que se llevasen ese tanga negro que tanto me gusta...-me atreví a bromear quitándole hierro al asunto.
-Eres un cielo hasta en estos momentos.-me besó algo más relajada.-Eso si esta noche la pasaremos en un hotel...
-Señora un coche patrulla estará haciendo ronda continuamente por la zona.-intervino uno de los policias.
-Si hubiesen estado haciéndola el resto del día esto no hubiese sucedido.-le remprendió con mirada feroz.
-No te preocupes cariño, reservaré ahora mismo una habitación en el hotel Jerez.-quise zanjar la situación.
Son las tres de la madrugada, Marián duerme relajada entre las sabanas de la cama del hotel, mientras yo escribo esta entrada en el baño ya que necesitaba expresarlo, pero no solo el hecho, sino el motivo que no me deja dormir, y es que tal vez el director de la editorial, o mejor dicho el artista de la muerte, no pretenda matarme, sino tan solo se conforma con arrebatarme la fortuna encontrada, para quitarme los medios para poder hacer público sus crimenes escudados en el arte. Lo que no sabe que no los guardé en casa, sino en otro lugar mucho más seguro...

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Diario de una Inquietud (treceava entrada-primera parte)

TRECEAVA ENTRADA

Llego a saber que era lo que iba a suceder al ir en transporte público a Cádiz, y hubiese contaminado como el resto de los ciudadanos, aunque siendo del todo sincero no fue esa la causa por la que me fui a mencionada ciudad en tren acompañado con Marian para acudir a la entrevista con la editorial, sino la dificultad para encontrar un aparcamiento. Es no parar de dar vueltas hasta acabar desesperándose, aunque hubiese merecido la pena, pero no quiero adelantarme.
Os contaré, como bien podréis recordar la editorial interesada en mi libro me había citado el sabado a partir de las 10 de la mañana, y con intención de estar lo más puntual posible a mi cita decidí tomar el tren para evitarme problemas de atasco y dificultad a la hora de aparcar que se sucede en la ciudad gaditana. A las nueves de la mañana tomabamos en el andén cuatro de la estación de Jerez tomamos el cercanía. Yo iba emocionado haciendo cabalas sobre las posibilidades que se podrían abrir en mi vida con este contrato editorial. Respetuosa Marian me escuchaba aunque hay algo siempre en sus ojos que me dice que oye entusiasmada mis fantasías, pero muy probablemente apenas comparta ninguna de ellas. Pero cavilaciones aparte yo me sentía pletórico...
Quizás si el servicio de cercanías fuese tan puntual como en otras ciudades podría haber estado como un clavo a las diez en punto en la calle Sagasta, pero como normal habitual de este servicio llegamos con retraso contando la espera de casi quince minutos que se produjo en la estación de Puerto Real.
Problemas aparte llegamos pasada las diez y media la mañana a la ciudad sin darnos apenas tiempo a disfrutar de aquella bella mañana, aunque si hubiese llegado a deducir cual habría sido el resultado de aquella cita me habría dedicado a disfrutar de un grato paseo por el casco histórico de la ciudad, y es que transporte apartes, la entrevista fue un completo desastre, y no precisamente porque yo fuese con intenciones de no firmar el contrato editorial, al contrario, pero es que las condiciones que me ofrecían no era precisamente las más ventajosas para mi, y no me estoy refiriendo a cuestiones económicas. Yo siempre he estado dispuesto a regalar mis derechos con tal de ver mi obra publicada, pero lo que ellos querían era algo totalmente diferente: cambiar sustancialmente la obra casi al completo, como si nada de lo escrito realmente fuese lo suficientemente interesante.
-No entiendo su obstinación por no querer cambiar esa serie de pequeños detalles.-comentó el acompañante, creo suponer que sería el dueño de la editorial, del editor adjunto, y que por extrañas circunstancias su cara me era familiar. Debo reconocer que nunca he sido bueno a la hora de relacionar rostros con nombre, así que si lo había visto antes no sabría decir de qué.
-No estamos hablando de unos detalles, estamos hablando del conjunto de la obra.-repliqué enfadado.-Estamos cambiando el contenido de la obra por completo...Por eso si que no paso. Valga que no le guste mi título original, pero cambiar tanto es como burlarse de mi.-realice una serie de aspavientos
-Es una lastima.-comentó el adjunto.-Estabamo dispuestos a hacer una fuerte inversión de marketing para llevar su obra muy lejos..-quiso busca otras formas de convencerme.
-No sería mi obra, simplemente sería un libro con mi nombre.-protesté.-Además no crean que son la única editorial capaz de editarme, si a ustedes les gustó ¿porque no a otras?-quise mostrar la mayor suficiencia posible a sabiendas que mi afirmación era poco plausible.
-Pero...-intentó el director hablar.
-No tengo más que decir.-me levanté de la silla siendo imitado por Marian que me acompañaba sin tiempo a réplicas.
Una vez en la calle mi novia todas aquellas cosas que antes en el despacho su mirada había tratado de transmitirme:
-No entiendo ese enfado.-me reprendió.-Tan solo te aconsejaban una serie de cambios para mejorar la obra...
-Parece que tu tampoco lo entiendes.-enfaticé mis palabras con el ceño fruncido.-Es como si te quisieran cambiarte la personalidad para verte mejor. Ya no serias tu...-quise tratar de hacerle comprender.
.-Por Dios Victor eso no tiene nada que ver.-se llevó las manos a la cabeza.-Solo quiero dejarte claro una cosa: A partir de ahora no quiero saber nada acerca de libros, editoriales ni nada que se le asimile...-me advirtió.
-De acuerdo no te agobiaré más con mis tonterías.-concluí guardando silencio.