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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Diario de una Inquietud (treceava entrada-primera parte)

TRECEAVA ENTRADA

Llego a saber que era lo que iba a suceder al ir en transporte público a Cádiz, y hubiese contaminado como el resto de los ciudadanos, aunque siendo del todo sincero no fue esa la causa por la que me fui a mencionada ciudad en tren acompañado con Marian para acudir a la entrevista con la editorial, sino la dificultad para encontrar un aparcamiento. Es no parar de dar vueltas hasta acabar desesperándose, aunque hubiese merecido la pena, pero no quiero adelantarme.
Os contaré, como bien podréis recordar la editorial interesada en mi libro me había citado el sabado a partir de las 10 de la mañana, y con intención de estar lo más puntual posible a mi cita decidí tomar el tren para evitarme problemas de atasco y dificultad a la hora de aparcar que se sucede en la ciudad gaditana. A las nueves de la mañana tomabamos en el andén cuatro de la estación de Jerez tomamos el cercanía. Yo iba emocionado haciendo cabalas sobre las posibilidades que se podrían abrir en mi vida con este contrato editorial. Respetuosa Marian me escuchaba aunque hay algo siempre en sus ojos que me dice que oye entusiasmada mis fantasías, pero muy probablemente apenas comparta ninguna de ellas. Pero cavilaciones aparte yo me sentía pletórico...
Quizás si el servicio de cercanías fuese tan puntual como en otras ciudades podría haber estado como un clavo a las diez en punto en la calle Sagasta, pero como normal habitual de este servicio llegamos con retraso contando la espera de casi quince minutos que se produjo en la estación de Puerto Real.
Problemas aparte llegamos pasada las diez y media la mañana a la ciudad sin darnos apenas tiempo a disfrutar de aquella bella mañana, aunque si hubiese llegado a deducir cual habría sido el resultado de aquella cita me habría dedicado a disfrutar de un grato paseo por el casco histórico de la ciudad, y es que transporte apartes, la entrevista fue un completo desastre, y no precisamente porque yo fuese con intenciones de no firmar el contrato editorial, al contrario, pero es que las condiciones que me ofrecían no era precisamente las más ventajosas para mi, y no me estoy refiriendo a cuestiones económicas. Yo siempre he estado dispuesto a regalar mis derechos con tal de ver mi obra publicada, pero lo que ellos querían era algo totalmente diferente: cambiar sustancialmente la obra casi al completo, como si nada de lo escrito realmente fuese lo suficientemente interesante.
-No entiendo su obstinación por no querer cambiar esa serie de pequeños detalles.-comentó el acompañante, creo suponer que sería el dueño de la editorial, del editor adjunto, y que por extrañas circunstancias su cara me era familiar. Debo reconocer que nunca he sido bueno a la hora de relacionar rostros con nombre, así que si lo había visto antes no sabría decir de qué.
-No estamos hablando de unos detalles, estamos hablando del conjunto de la obra.-repliqué enfadado.-Estamos cambiando el contenido de la obra por completo...Por eso si que no paso. Valga que no le guste mi título original, pero cambiar tanto es como burlarse de mi.-realice una serie de aspavientos
-Es una lastima.-comentó el adjunto.-Estabamo dispuestos a hacer una fuerte inversión de marketing para llevar su obra muy lejos..-quiso busca otras formas de convencerme.
-No sería mi obra, simplemente sería un libro con mi nombre.-protesté.-Además no crean que son la única editorial capaz de editarme, si a ustedes les gustó ¿porque no a otras?-quise mostrar la mayor suficiencia posible a sabiendas que mi afirmación era poco plausible.
-Pero...-intentó el director hablar.
-No tengo más que decir.-me levanté de la silla siendo imitado por Marian que me acompañaba sin tiempo a réplicas.
Una vez en la calle mi novia todas aquellas cosas que antes en el despacho su mirada había tratado de transmitirme:
-No entiendo ese enfado.-me reprendió.-Tan solo te aconsejaban una serie de cambios para mejorar la obra...
-Parece que tu tampoco lo entiendes.-enfaticé mis palabras con el ceño fruncido.-Es como si te quisieran cambiarte la personalidad para verte mejor. Ya no serias tu...-quise tratar de hacerle comprender.
.-Por Dios Victor eso no tiene nada que ver.-se llevó las manos a la cabeza.-Solo quiero dejarte claro una cosa: A partir de ahora no quiero saber nada acerca de libros, editoriales ni nada que se le asimile...-me advirtió.
-De acuerdo no te agobiaré más con mis tonterías.-concluí guardando silencio.