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domingo, 26 de junio de 2016

Culpa de los demás (PATENTE DE ESKORZO)


Si algo me gusta especialmente es quejarme, en cierto modo esta sección nació como el rincón donde gritar al viento aquello que no interesa a nadie, pero en esta ocasión vengo a hablaros del derecho a la aceptación de la culpa. 
Para quienes no entiendan este concepto les haré un símil sencillo que hasta el menos avispado sabrá entender. ¿Habéis visto a algún equipo de fútbol aceptar con sinceridad que la culpa de su derrota ha sido por su ineptitud? Si la respuesta es si, es que debes de estar bastante fumado o ser muy radical de tu equipo. Pero si la respuesta es no, debo de darte la enhorabuena por entender la primera premisa de esta reflexión. En raras ocasiones un entrenador de fútbol, o sus pupilos, o muchos de los seguidores, periodistas y demás fauna relacionada con este medio, dirán que se perdió por ser ineficaces, por falta de competitividad, o por creerse demasiado superiores a los rivales, sin embargo siempre podrán decir que lo dieron todo en el campo, que lucharon hasta el final, que si el calor les fastidió físicamente, el arbitro le fastidió, o simplemente que el fútbol es así y si la pelotita no quiere entrar es cuestión de suerte.
Y ahora pregunto yo, ¿en cuántas ocasiones hemos aplicado esta misma técnica cuando algo no es tal como esperamos? Dejemos de una puñetera vez de echar balones culpando al resto del mundo de nuestras desgracia como un defensa que no sabe salir con el balón jugado. Asumamos nuestra parte de culpa, sin miedo, no pasa nada, solo reconociendo nuestras debilidades logramos mejorar.
Mira a tu alrededor y piensa cuantas veces has mirado a tu alrededor y has culpado al gobierno, a tu jefe, a tu esposo, o a la vecina del quinto de que todo te va con una mierda. Asume tu parte de culpa.
Os pondré un ejemplo muy simple relacionado con el mundo de la literatura. En muchas ocasiones los seudoautores como yo, (pues también me ha pasado alguna vez), culpamos a las editoriales de que no publiquen nuestras novelas, y al público de que nos lo leen porque son unos incultos consumidores de productos prefabricados por el mundo editorial. Por una sola vez deberíamos de pensar que quizás no es el culpa del resto si no de nuestra falta de calidad, o nuestra falta de esmero a la hora de dar pasión a nuestras narraciones.
Por eso en lugar de quejaros, jugar el balón al pie, y pensar que si nos gobiernan desaprensivos es porque se lo permitimos, si te dejas explotar tu parte de culpa tienes, y si no triunfas no es porque el universo conjure contra ti, simplemente no eres lo suficientemente bueno.