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miércoles, 15 de junio de 2016

Este hombre no me replica... (continuación capítulo 1 de SERIOpata)



Nos habían avisado de la aparición de una cabeza humana flotando en el agua, y yo como experta en criminología debía de estudiar el caso con detenimiento. Me costó un mundo llegar hasta el lugar donde se hallaba los restos humanos. Pese a la escasa dimensión de la playa estaba tremendamente concurrida, y más tras haberse corrido la voz sobre la aparición de la testa. “A los gaditanos les vale cualquier excusa con tal de salir a las calles”, pensé.
—¿Alguien podría darme una explicación sobre por qué no se ha despejado la zona? —lancé la pregunta a un par de agentes municipales que se mostraban tan ensimismados como el resto de bañistas con el hallazgo.
—Trate de convencerles—me respondió el más mayor de los policías con tono de mofa. —Si lo consigue le invito en la plaza de las Flores a todo el "pescaíto frito" que pueda llegar a comer.
Podría haber tratado de imponerme usando mi graduación, pero me resigné a llegar hasta donde reposaba la cabeza como buena mente pude. Nunca me han gustado los conflictos. Tuve que soportar varios empujones hasta llegar al punto de la playa donde la policía científica tomaba fotos de la víctima, y el comisario me hacía aspavientos para que me acercase:
—¡Águeda, acérquese mujer!¡No sea tímida! ¿No ve que no muerde? —se rio el comisario con su propia ocurrencia.
—Buenos días comisario—correspondí al saludo.
—¿Podría empezar a llamarme Paco de una vez? Aunque si usted prefiere ser protocolaria, se lo permito—rio de manera bobalicona. —Me cae usted bien pese a que es más seca que una mojama—logró la sonrisa del resto de agentes.
—¿Por qué esos agentes están tocando la cabeza? ¿No deberían de esperar al juez y al forense?
—Eso será en las series esas de la tele, o de dónde usted viene. Aquí el juez nos da plena libertad de movimientos, siempre y cuando no lo incomodemos. Y el forense digamos que hasta que no sea Dios el muerto prefiere que no lo moleste en su hora de la tapa—me explicó.
—¡Pues vaya! —resoplé fastidiada.
—Relájate mujer. Se te ve muy tensa...eso debe ser por la falta de polvos—volvió a reír de manera estúpida de su ocurrencia. —¿Además para que la tenemos usted aquí sino? —me apoyo una mano sucia de grasa de comida en el hombro.
Pese a que no dije nada me fastidió, una mancha de aceite no se quita con facilidad.
—¿Tenemos testigos? ¿Algunos datos acerca de la víctima? —traté de centrarme en mi trabajo.
—Testigo es la playa entera de la Caleta, pero si se refiere a quien lo encontró puede preguntar a ese grupo de mujeres que juegan al bingo, o más concretamente a la del bañador de lunares y pelo cardado. Fue ella la que dio con la mollera—indicó con el dedo. —Por lo demás no contamos con ningún dato más.
—De acuerdo—afirmé moviendo levemente la cabeza. —Si está de acuerdo, señor comisario, revisaré la zona y hablaré con los testigos.
—Estupendo Sarasua—pronunció mi apellido remarcando las eses no sin cierto sarcasmo. —¿No podrá decir que no tiene trabajo aquí en Cádiz? —inquirió mientras se retiraba.
Si el comisario hubiese sabido que opinaba yo acerca de sus comentarios acerca de mi persona, se los habría ahorrado todos y cada uno de ellos, no obstante, su ausencia me beneficiaba. No tendría un estorbo por medio.
Pedí a un policía de la científica que me dejase ver al menos la cabeza antes de trasladarla al anatómico forense para poder estudiarla. Como quien entrega un cigarrillo me pasó la bolsa donde estaba contenida la testa de aquel pobre infeliz. Por la apariencia, varón, entre treinta y cuatro y treinta ocho años aproximadamente, menos de cuarenta y ocho horas desde el fallecimiento, e incluso podría asegurar sin miedo a equivocarme que menos de veinticuatro horas. Además, comprobé como el corte que lo había separado de su cuerpo era limpio, posiblemente un arma blanca empleada por alguien con dotes.
—¿Sabéis si ha aparecido el cuerpo? —inquirí mientras buscaba nuevos detalles.
—No, pero no se preocupe, si está aquí en la Caleta lo encontrará cualquier bañista antes que nosotros.
—Quiero a los submarinistas peinando la zona. Transmita la orden—pidió.
—Creo que no ha oído usted al comisario. Las cosas no funcionan así aquí en Cádiz—le replicó el agente.
—¿Entonces que sugiere?
—Deje surgir los acontecimientos de manera natural, en cuanto menos lo esperé no solo daremos con el cuerpo, sino con el asesino. Confíe en mi—me guiñó un ojo con aire socarrón.
—Está bien, ¿podrían al menos investigar sobre la identidad de la víctima? —comenté no sin cierto fastidio.
—Por supuesto, mañana mismo cuando salga en el Diario tendrá hasta su número de pie.
Quise replicar, pero quizás por mi carácter, no propenso al debate, me limité a resoplar mientras me dirigía hacia el grupo de señoras que habían descubierto la cabeza. Pese al impresionante descubrimiento, a las señoras no parecían haberle afectado mucho, jugaban al bingo como si nada hubiese pasado.
—Disculpen un momento señoras, ¿pero podría hablar con la señora que descubrió la cabeza?
—¡Meliiii! Te buscan—gritó de forma tan aguda que casi me deja sorda. —¿No quiere tomar algo?
—No muchas gracias—rechacé cortésmente la invitación.
—No seas carajota niña, tomate algo que hace mucha calor. Tenemos de todo—insistió mientras rebuscaba en una nevera de playa. —Con ese traje de chaqueta te debes estar asando. ¿un gazpachito vale? —pese a la pregunta me plantó un vaso en la mano que no tuve más remedio que beber ante la mirada satisfecha de la mujer.
—Gracias.
—Yo soy Meli, la halladora de la cabeza. ¿Me va entrevistar para la tele? —se atusó el pelo de forma presumida.
—No, señora, soy inspectora de la policía, venía a hacerle varias preguntas.
—Sin problema, pero vengase para acá que hace mucha calor al sol—me arrastró por el brazo hasta debajo de una sombrilla. —¿Usted no es de aquí no?
—No, pero no entiendo a qué viene eso.
—Lo digo porque está más blanca que un choco—logró las carcajadas del resto de sus amigas. Parecía que aquel era el día idóneo para ser el centro de todas las burlas. —Ya podría un día quitarse el traje, ponerse un bañador y venirse aquí con nosotras cuando quiera a tomar el sol. Fíjese lo morena que estamos todas.
—Tendré en cuenta su invitación, pero dígame desde el principio todo lo que sepa—le apremié.
—Pues como todas las mañanas a primera hora planté mi sombrilla, sino madrugas no coges un buen sitio sabe, y esperé a que mi Paco se levantase para traerme la nevera y el resto de las cosas. Mi marío no es mucho de madrugar, es más flojo que un muelle de guita—dijo logrando el cloqueo del resto de la comitiva.
—Esa clase de detalles no son necesarios, señora—taché las primeras palabras que había escrito en el cuaderno viendo la inutilidad de aquella información—Me gustaría saber como se topó con la cabeza.
—Como sabrá, y sino lo sabe se lo cuento, cuando te has jartado de beber te entran unas ganas horribles de mear, y como comprenderá no hay sitio más cómodo donde hacerlo que en el agua. Así que después ganarle un par de bingos a estas me senté en la orillita—logró un nuevo cloqueó del grupo. —Ya que me había atrevío a meterme en el agua me dije, coño Meli, pues aprovecha y darte un bañito. Nadé un poco hasta que me cubriera las tetas, y cuando moví la mano choqué con la cabeza. En un principio pensé que se trataba de basura, porque la pena es, que esta playa con lo bonita que es está llena de mierda.
—¿Podría decirme a qué distancia aproximada la vio?
—Ya se lo he dicho, más o menos donde me cubre las tetas.
—¿Y qué hizo tras ver su descubrimiento?
—¿Qué voy hacer carajo? Enseñársela a mis amigas, no todos los días se encuentra una a un hombre que no te replica—se rio con su propia ocurrencia.
—Muchas gracias. Mi compañero le tomará los datos por si fuese necesaria llamarla a declarar—le informé.
—¡¿Esto no me traerá problemas?!¡Bastante tengo con los míos! —protestó.
—A no ser que sea usted la asesina puede relajarse—me atreví a bromear, aunque quizás por mi acento y mi gesto no lo tomó como tal. Me devolvió una mirada amenazadora. Me amedranté. Lo reconozco.
Con más incógnitas que al principio, decidí volver a la comisaria a ordenar ideas.