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lunes, 17 de diciembre de 2012

El telefono


Hoy en día todo el mundo vive pendiente al móvil, nadie me lo podrá negar. Somos los súbditos de la tecnología imperante, pero lo peor de todo es que nos creemos felices por ello cuando realmente pensamos que estos aparatos del diablo solo nos pueden traer buenas nuevas mientras que en la mayoría de las ocasiones no son más que cuervos del mal agüero. Tal vez no me creáis, pero yo sé de lo que habló, sino oírme.

Hace pocos días mi rutina transcurría de forma apacible, es decir vacía, pues pese a que hoy en día tenemos todo, al menos en lo que a cosas materiales se refieren, somos inocuos, nuestras almas no contienen nada. Pues tal como iba diciendo andaba manoseando el teléfono móvil cuando de repente este mismo sonó anunciando una llamada. Apenas tuve tiempo de mirar el número pues mis dedos de forma inconsciente habían descolgado.

-Si dígame.-dije en tono jovial.

-Enrique...ha ocurrido...-la voz sonaba entrecortada por lo que apenas podía distinguir su emisor.

-Un momento, ¿quién eres?-quise saber.

-Soy yo Silvia...-el tono delataba preocupación.

-Dime Silvia, ¿sucede algo?

-Lorenzo...ha...ha muerto.-logró articular entre sollozos.

No se cuánto tiempo me quedé bloqueado en silencio sin tan siquiera ser capaz de respirar.

-¿Qué ha sucedido?

-Iba cruzando un paso de peatones mientras escribía un mensaje por el teléfono, cuando de repente un desaprensivo se lo ha llevado por delante.-logró decir de un tirón.

Después de varias frases de consuelo, “era muy joven aún”, “No sabemos cuanto llegará nuestro fin”, quedé en recoger a mi amiga en su casa para acudir al tanatorio. Bajó vestida completamente de negro mientras entre sus manos llevaba un teléfono al parecer escribiendo mensajes con otros amigos nuestros que ya estaban en el lugar. No habló y tan solo me estampó dos besos al montarse,  el resto del tiempo lo pasó en silencio pendiente del sonido del móvil con aquel característico sonido cuando llega un mensaje.

Una vez en la sala donde todo el mundo velaba el cuerpo intercambié con un par de conocidos más un par de palabras de condolencia, mientras que mostré mis condolencias a su familia. Pese a que el motivo de aquella macabra reunión era la muerte de Lorenzo, nadie parecía pendiente de él a excepción de sus familiares más allegados, el resto de los presentes, nos dedicábamos simplemente en un silencio respetuoso a centrarnos cada uno en nuestros móviles.

Quizás la mirada de reproche de la madre del fallecido me hizo guardar mi teléfono, pero no tardé mucho en tenerlo en el bolsillo al volverme a sonar anunciando la llegada de un mensaje:

Estáis todos pero ninguno os habéis fijado en mi. Huis de la muerte” Procedente de Lorenzo.

Si aquello era una broma me parecía de lo más macabra, por lo que no tardé en hablar a través de la mensajería instantánea del teléfono con el resto de mis amigos para reprochar que alguno de ellos hubiese hecho uso del teléfono del fallecido para escribirme. La respuesta inmediata (habló siempre a través de este aparato tecnológico de Satanás) es que si me estaba volviendo loco.

No preguntes al resto y fíjate en mi. Tengo un último mensaje que deciros pero que no puede ser a través del móvil” Procedente de Lorenzo.

Esperando ser víctima de algún tipo de susto de alguien con poca consideración hacia el fallecido, me acerqué al cristal donde se exponía el cuerpo de mi amigo. Estaba rígido, con el rostro contraído como si estuviese enfadado, o al menos aquella era mi impresión. Sin embargo nada me llamó la atención en él como para pensar que me fuese a decir nada. Era como el resto de los muertos.

Tan poco observador como siempre. Fíjate en el bolsillo de mi camisa” procedente de Lorenzo.

Vi como asomaba un papel de su bolsillo izquierdo de la camisa blanca con la que lo habían vestido. Impulsado por una sensación extraña me lancé hacia la puerta donde se exponía mi amigo si del escaparate de una tienda de ropa se tratase.

-Nos quiere decir algo.- dije en voz demasiado alta en lo que había sido un pensamiento para mi.

Trataron de detenerme pero logré entrar hasta al lado del féretro. Lo besé en la mejilla antes de tomar el mensaje que me había dejado.

“Apaga el móvil, la vida se os escapa sin vivirla. Tempus Fugit, Carpe Diem”