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sábado, 11 de febrero de 2012

Los Males de España

Aunque el título de esta entrada pueda sonar a cualquiera de mis disertaciones acerca de la realidad de mi país, en esta ocasión siento defraudaros (si es en algún momento puedo crear expectativa), pues el tema que vengo a hablar es la reseña de un libro que gracias a Algón Editores (http://www.algoneditores.es/) nos ha han hecho llegar para comentarlo aquí.
Los Males de España no es un texto nuevo, ni mucho menos, tan siquiera el autor pertenece a nuestra época, sino que se trata de una inteligente reedición que ha hecho esta editorial granadina, y es que el texto de Ricardo Macías Picavea, que en parte inspiró a la generación del 98, goza de la misma actualidad que cuando se escribió hace más de un siglo. Es un libro inteligente en el que uno puede llegar a darse cuenta de que muchos de los problemas existentes en la actualidad en España no pertenecen al momento presente, sino que tiene un origen anterior, al que podría considerarse endémico de esta patria, porque ni los problemas políticos, ni financieros son solo de 2012, sino que se viene arrastrando a lo largo de la Historia. Quizás en este libro se puede observar con crudeza el concepto hegeliano de que el tiempo es ciclico y todo vuelve a su punto de partida como resulta ser esta crisis.
Quizás las soluciones que nos propone no estemos del todo de acuerdo, pero en el estudio del problema acierta de lleno. Personalmente pienso que este es un texto mucho más valiente, comprometido, y con respuestas al menos que los aparecidos en la actualidad como "Indignados", que no es más que un panfleto sin contenido usado con el único pretexto de ganar dinero. Posiblemente para movimientos como el 15-M sea más útil Los Males de España que otros libros nacidos de la necesidad de vender por aprovechar el tirón. Podemos decir sin lugar a duda que Algón Editores con esta redición apuesta por el compromiso y el saber leer nuestra Historia para darnos cuentas de nuestro problema.
No solo tiene valía su contenido sino el prologo de Antón Losada que nos prepara para entender mejor a este autor de finales del siglo XIX. Además su precio es reducido para que sea absequible a todos los bolsillos en un formato que entra literalmente en cualquier bolsillo y que puedes leer esperando el bus, o sentado en tu casa.
Por último deciros que os mantegáis atento al blog, pues muy pronto realizaremos un concurso con este libro como eje principal. Ya os iremos informando.

domingo, 22 de enero de 2012

Diario de una inquietud (VIGESIMO SEPTIMA ENTRADA)

VIGESIMO SEPTIMA ENTRADA

Mi secuestrado sin lugar a duda es un hombre testarudo a la vez que sumamente enigmático. Durantes las más de 48 horas que lleva encerrado apenas ha hablado, ni tan siquiera para pedir ir al baño, limitándose a hacer sus necesidades tanto mayores como menores en el mismo asiento donde lo tenemos maniatados. Es como si le diese igual todo. Tampoco ha querido comer ni beber, algo que el cuerpo debe estar pidiéndole con fuerza.
Esta tozudez es transpolable a su colaboración a la hora de decirnos dónde podemos econtrar a su jefe. Solo encontramos la callada por respuesta, pese a alguna hostia que otra que le va soltando Bedri. Es el croata quien se encarga de preguntar, no deseo verme más enfangando en este asunto más de lo estrictamente necesario, sin embargo parece dispuesto a permanecer firme en su decisión de no colaborar...al menos hasta hace una hora.
A eso de la una de la madrugada del domingo, rompió su silencio, pidiendo hablar expresamente conmigo. Lo hizo pronunciando mi nombre, pese a que tanto el croata como yo, en ningún momento nos habíamos dirigido el uno al otro por nuestros nombres, además de haberle limitado de manera importante la visión colocándole una venda fuertemente apretada en los ojos.
-Deja de pegarme maldito cabrón, y dile a tu jefe, el tal Victor ese, que tenga los cojones suficientes de ser el quien me interrogué.-protestó tras recibir varios golpes seguidos en la cara.
-¿Cómo sabes que he sido yo quien te ha secuestrado?-me acerqué a él pese a la insoportable peste que desprendía.
Quizás lo mejor hubiese resultado callar. Confirmar mi presencia me hacía más culpable a la hora de una represalia policia, pero que supiese quien era me impactó tanto que no calculé las consecuencias.
-¿Quien sino ibas a ser?-comentó con bastante ironía.-Te hemos estado vigilando durante este tiempo. Sabíamos de todos tus movimientos.-reconoció con prepotencia.
-¿Pues si lo sabías por qué no lo has evitado?-le grité quitándole la venda para que viese mi cara enfurecida. Nuevo error claro.
-Forma parte del plan.-rió con malignidad.
Un sudor frío recorrió mi espalda al pensar que me estaban tendiendo una emboscada. De aquella manera se aseguraban mi muerte sin posibilidad de fallo como había sucedido hasta entonces con la bomba en el tren, o el accidente de automóvil. Guardé silencio cayendo en la cuenta de que había actuado sin pensar que como habían hecho hasta entonces me habían estado vigilando.
-Tranquilo no piensan matarte...al menos de momento.-rompió el ambiente tenso el testaferro con aquella frase demoledora que parecía haber leído mi mente.-Debes tener claro que todos cumplimos un papel en este trama. Unos con mucho más protagonismos que otros. Tu amiguito Bedri, Ramón, incluso yo cumplimos un papel secundario...también tu adoraba Marian.-masculló entusiasmado.
Un tenso escalofrío se concentró en mi pecho al pensar que tal vez las represalías de este secuestro se estuviese llevando a cabo con mi pareja, por lo que no dudé en salir de la habitación para comprobar que estaba bien, aunque no sin antes dar una última orden:
-Torturalo como mejor sepás.-indiqué.-No parés hasta que no nos diga el sitio donde esta el Artista.
Rápidamente llamé a Marian. Se sorprendió al notarme tan alterado, pero me excuse diciendo que la conferencia sobre reorganización del banco a la que había acudido, al menos eso había utilizado como excusa para irme el finde, estaban hablando de cargas de trabajo mayores que me habían cabreado.
No dejo de extrañarse que le pidiera que en cuanto viese algo raro no dudase en llamarme. Le colgué el telefono con un palpito en el corazón mientras oía aquel hombre grita entre alaridos de dolor:
-Por mucho que lo intentes no podrás acabar con tu propio Dios.
Abatido por la tensión me quedé dormido en un sillón del salón...

domingo, 15 de enero de 2012

diario de una inquietud (VIGESIMO QUINTA ENTRADA)

VIGESIMO QUINTA ENTRADA

Quizás mi ingenio había subestimado a mi antiguo compañero de clase, lo había recordado mucho menos despierto para cuestiones ocultas, pero nada más acercarme al banco donde estaba sentado me preguntó de manera directa, qué quería de él. No dejaré de reconocer que quise aparentar que mi visita era simple cortesía como le había indicado, pero evidentemente no me creyó.
-Seamos sincero Victor.-me clavó la mirada amedrentándome.-Jamás fuimos amigos en la escuela, es más sabía que todos los niños me odiabáis, y con razón.-argumentó.-Por mucho que el tiempo todo lo cambie no creo que un hombre como tu pretendiese recordar su niñez con el matón de la clase.
-Llevas toda la razón del mundo.-no tuve más remedio que admitir.-Quizás debí de ser franco desde un primer momento diciéndote el motivo por el cual quería hablar contigo, aunque debes entender que quizás ciertos “temillas”, no esta bien hablarlo ante la pareja.-me excuse.
-Teniendo las cosas claras, dime exactamente que pretendes.-apoyo su brazo en mi hombro.-Eso si, te recuerdo que soy muy macho.-bromeó.
-Tranquilo a mi tampoco me gustan los hombres, mucho menos tu, nunca fuiste mi tipo.-continué la broma.-Pero es muy diferente lo que busco.-mi tono paso a ser más formal.
-Soy todo oídos.
-Necesito a alguien que me ayude a secuestrar a una persona.-fui claro.
-No cuentes conmigo.-contestó de manera rápida.-Quizás me recuerdes como el malote de la clase, pero soy incapaza de hacer nada ilegal al menos de momento. Menos secuestrar a nadie.-fue tajante.
-No es como puedes llegar a creer...-quise justificarme.
-Me importa una mierda, no quiero creer absolutamente nada.-su voz sonó aspera como una lima.-Estar en la calle no significa tener que venderse...
-No lo entiendes.-lo tomé por los hombros al verlo levantarse. Quizás llegué a mostrarme un tanto violento pues Martin se quedó plantado mirándome sorprendido.
-Si lo que buscas es a alguien que te ayude a secuestrar a alguien te puedo presentar a alguien.-reculó.-Eso si, no quiero saber nada más acerca de esta movida.-hizo el gesto de desentenderse del tema.
-Cuenta con ello.-acepté incomodo. No quería dar la imagen de un mafioso sin escrupulos, pero no me quedaba otra opción.-Permitime al menos que te invite a tomar algo.-oferté.
-No.-negó echándose su mochila al hombre.-Mañana nos veremos a las 12,30 aquí para ir al Comedor social del Salvador. Allí te presentaré al hombre que buscas.-se marchó sin decir nada más.
A la mañana siguiente como un clavo estuve en la misma plaza, de cara a la empresa había tenido que justificarme con una gastroenteritis repentina, porque creo que no os lo dicho, para entonces ya había obtenido el alta médica, ya luego debería de preocuparme por encontrar una justificación médica como coartada a mi ausencia del trabajo, menos mal que un amigo del instituto trabaja en la Seguridad Social y podrá ayudarme.
Caminamos en silencio durante todo el trayecto. Martín daba muestra de no sentirse incomodo a mi lado, pero supongo que ayudarme era la forma más conveniente que veía de retirarme de su lado, pues en definitiva mi persona era sinónimos de problemas, aún así sin que este antiguo compañero supiese nada de mis hechos recientes.
-Ves a ese hombre vestido con la cazadora marrón.-señaló mientras aguardabamos en la cola logrando una leve afirmación por mi parte.-Es a quien necesita.
Pensé que dicho eso dejaría que yo mismo me pusiese en contacto con él, pero me sorprendió ver como él mismo se acercaba al hombre de la cazadora para susurrarle un par de cosas señalándome. Para ser alguien que pretendía cometer un secuestro no dejo de reconocer que me faltaba valor, pues nada más con las miradas de aquel croata, de nombre Bedri, al menos así fue como me lo presentaron, me sentí intimidado.
Respiré hondo al verlos acercarse, aquel hombre que pese a su delgado cuerpo se mostraba peligroso, me imponía un respeto tremendo.
-Ya hablarme Martin sobre su negocio.-farfulló el croata en un mal español.
-¿Y bien?-le interrogué con más atrevimiento que valor.
-Solo ponga precio.-aceptó ofertas.
-Tres mil euros.-hice una valoración a la baja. La verdad que al nunca haberme dedicado a estos negocios debo reconocer que no sabía a cuanto estaba el precio de mercado.
-Digamos diez mil mejor.-contravaloró.-Por precio ese yo matar...
-No, no es necesario.-comenté rápidamente.-Solo secuestrar.
-¿Acepta oferta?-levantó una ceja.
-Si.-de todos modos no tenía más curriculum de gente dispuesta a infrigir las leyes.
Lo que yo no sabía que aquel precio que le pagaría era demasido caro para la calidad de su trabajo...

miércoles, 7 de diciembre de 2011

diario de una inquietud (decimoseptima entrada-primera parte)

DIECISIETEAVA ENTRADA

Seguro que andáis riendo todavía de la entrada anterior, siendo del todo sincero yo también lo hubiese hecho en vuestro caso, pero os doy mi palabra de honor, aunque en los tiempos que corren apenas se tenga en cuenta, que cuánto os contaré a continuación es cierto:
En un principio no tenía pensado alargar mucho la baja, pero cobrar, aunque sea un poco menos, sin dar ni un palo al agua, es estupendo, así que no dude en echarle cuento a mis dolores para ganar más tiempo para investigar sobre el tal Iñigo de Guzmán, además no hacéis ni una idea de lo rutinario y aburrido que puede resultar trabajar en una entidad bancaria aunque la mayoría de la gente piense que nos tocamos las narices como los funcionarios...en fin que me voy por las ramas. Antes que buscar tesoros ocultos quise descubrir sobre la identidad del firmante del manuscrito.
Lo más lógico hubiese resultado irse al archivo municipal y ponerme a manosear antiguos libros por mi cuenta y riesgo, pero eso sinceramente resulta extremadamente literario, yo tan solo resultó ser un empleado de banca, que no niega su gusto por leer de manera habitual alguna que otra novela histórica, pero de ahí a ponerme a investigar como que dista mucho, así que la opción más lógica resultaba pedir ayuda, aunque esta vez descarte a Babas Sucias. Si había tardado en traducir un texto no me quería imaginar en buscar a un personaje.
No fue hasta que vi un cartel por la calle sobre una conferencia sobre Historia de Jerez en la sede del Ateneo Jerezano cuando me di cai en la cuenta que tal vez allí podrían ayudarme, pues hasta entonces no había pensado a quien recurrir. En una asociación de carácter cultural seguro que habría más de un socio dispuesto a colaborar en desentrañar los entresijos de aquella historia.
Con un poco de timidez me planté en el local para escuchar la charla que resultaba darla un señor de unos setentas años, jardinero de profesión que durante su vida se había ocupado en el estudio del pasado, pero que en definitiva no era un profesional. En un principio dude en pedirle ayuda, no me acababa de fiarme de su formación como autodidacta, pero era la única persona más cercana que no fuese Babas Sucias a quien podía recurrir.
-Interesante charla.-me acerqué a felicitarle en cuanto terminó la conferencia. Debo reconocer que mentí como un bellaco, la verdad que no me había interesado nada, pero debía de reconocer sus grandes dotes para hilvanar todos los datos que había acumulado en su cabeza, ya que en ningún momento utilizó los papeles que llevaba.
-Gracias, solo he intentado acercar un poco de nuestras historia. Solo así podremos comprender mejor el presente.-dijo con total humanidad utilizando aquella frase tan manida por quienes se dedican a estudiar el pasado.
-Claro todo influye.-aporté sin saber muy bien cómo proseguir la conversación.
-Si eso esta claro, fijese usted en la actual crisis, no es más que la repitición del pasado, vivimos en un continuo bucle...-comenzó a politizar el tema provocando que me supiese un esfuerzo seguirle, pues relacionado a partidos políticos actuales con estadista de la antigüedad durante al menos veinte minutos.-Pero seame sincero si se dirige a mi no solo por felicitarme.-soltó de golpe.
-¿Porqué dice usted eso?-me dejó un tanto perplejo.
-Pues porque no paraba de bostezar durante todo el coloquio fuera aparte de mirar constantemente el reloj.-comentó pero sin tono de reproche.
Me ruboricé como un tomate, jamás hubiese pensado que se había estado fijando en mi, sin embargo, parecía haber estado vigilando cada uno de mis gesto. Me vi en una encrucijada, así que decidí ser sincero:
-Realmente estaba interesado en una información concreta.
-Pero hombre, para eso puede pasarse cualquier día por aquí, yo estoy casi todas las tardes aquí a partir de las seis. Es raro la tarde que no este, es más, mi mujer cansada de mi me dice: “no te vas a ir hoy a la asociación”-explicó con una sonrisa.-Si quiere pasase mañana y podré atenderle de mejor manera.
-De acuerdo.-le estreché la mano retirándome aún ruborizado. Desee con anhelo que llegase el día siguiente