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domingo, 22 de enero de 2012

Diario de una inquietud (VIGESIMO SEPTIMA ENTRADA)

VIGESIMO SEPTIMA ENTRADA

Mi secuestrado sin lugar a duda es un hombre testarudo a la vez que sumamente enigmático. Durantes las más de 48 horas que lleva encerrado apenas ha hablado, ni tan siquiera para pedir ir al baño, limitándose a hacer sus necesidades tanto mayores como menores en el mismo asiento donde lo tenemos maniatados. Es como si le diese igual todo. Tampoco ha querido comer ni beber, algo que el cuerpo debe estar pidiéndole con fuerza.
Esta tozudez es transpolable a su colaboración a la hora de decirnos dónde podemos econtrar a su jefe. Solo encontramos la callada por respuesta, pese a alguna hostia que otra que le va soltando Bedri. Es el croata quien se encarga de preguntar, no deseo verme más enfangando en este asunto más de lo estrictamente necesario, sin embargo parece dispuesto a permanecer firme en su decisión de no colaborar...al menos hasta hace una hora.
A eso de la una de la madrugada del domingo, rompió su silencio, pidiendo hablar expresamente conmigo. Lo hizo pronunciando mi nombre, pese a que tanto el croata como yo, en ningún momento nos habíamos dirigido el uno al otro por nuestros nombres, además de haberle limitado de manera importante la visión colocándole una venda fuertemente apretada en los ojos.
-Deja de pegarme maldito cabrón, y dile a tu jefe, el tal Victor ese, que tenga los cojones suficientes de ser el quien me interrogué.-protestó tras recibir varios golpes seguidos en la cara.
-¿Cómo sabes que he sido yo quien te ha secuestrado?-me acerqué a él pese a la insoportable peste que desprendía.
Quizás lo mejor hubiese resultado callar. Confirmar mi presencia me hacía más culpable a la hora de una represalia policia, pero que supiese quien era me impactó tanto que no calculé las consecuencias.
-¿Quien sino ibas a ser?-comentó con bastante ironía.-Te hemos estado vigilando durante este tiempo. Sabíamos de todos tus movimientos.-reconoció con prepotencia.
-¿Pues si lo sabías por qué no lo has evitado?-le grité quitándole la venda para que viese mi cara enfurecida. Nuevo error claro.
-Forma parte del plan.-rió con malignidad.
Un sudor frío recorrió mi espalda al pensar que me estaban tendiendo una emboscada. De aquella manera se aseguraban mi muerte sin posibilidad de fallo como había sucedido hasta entonces con la bomba en el tren, o el accidente de automóvil. Guardé silencio cayendo en la cuenta de que había actuado sin pensar que como habían hecho hasta entonces me habían estado vigilando.
-Tranquilo no piensan matarte...al menos de momento.-rompió el ambiente tenso el testaferro con aquella frase demoledora que parecía haber leído mi mente.-Debes tener claro que todos cumplimos un papel en este trama. Unos con mucho más protagonismos que otros. Tu amiguito Bedri, Ramón, incluso yo cumplimos un papel secundario...también tu adoraba Marian.-masculló entusiasmado.
Un tenso escalofrío se concentró en mi pecho al pensar que tal vez las represalías de este secuestro se estuviese llevando a cabo con mi pareja, por lo que no dudé en salir de la habitación para comprobar que estaba bien, aunque no sin antes dar una última orden:
-Torturalo como mejor sepás.-indiqué.-No parés hasta que no nos diga el sitio donde esta el Artista.
Rápidamente llamé a Marian. Se sorprendió al notarme tan alterado, pero me excuse diciendo que la conferencia sobre reorganización del banco a la que había acudido, al menos eso había utilizado como excusa para irme el finde, estaban hablando de cargas de trabajo mayores que me habían cabreado.
No dejo de extrañarse que le pidiera que en cuanto viese algo raro no dudase en llamarme. Le colgué el telefono con un palpito en el corazón mientras oía aquel hombre grita entre alaridos de dolor:
-Por mucho que lo intentes no podrás acabar con tu propio Dios.
Abatido por la tensión me quedé dormido en un sillón del salón...