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martes, 20 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (cuatrigésimo tercera entrada)

CUATRIGESIMA TERCERA ENTRADA

 Sabiendo como son las autoridades, aunque también hay que reconocer el consejo de Amalia, la mujer que nos protegió en su casa y donde nació nuestra hija, fuimos de manera disimulada hasta la embajada española en la Habana para registrar a Jimena como española, además que estabamos deseando volver con nuestra sietemesina, que como es de deducir por el nombre, nació dos meses antes de lo previsto, a casa
-Y digame porque dijo que rezó a Dios porque fuese así. ¿A qué se refería?-le pregunté a Amalia mientras nos acompañaba al hotel.
-Nunca me gustó ese designio que me dieron de matar a un bebé por mucha reencarnación que fuese del hijo una madame de un burdel.-declaró.-Nunca he creído en un destino marcado...y más le valdría a usted tampoco.
-¿Porqué lo dice?-me intrigó la afirmación.
-En esta ocasión he sido yo quien os atrajo hacia aquí a través de los sueños de ella.-señaló a mi pareja que estaba distraída haciéndole carantoñas a la pequeña.-Pero en otra ocasión puede ser alguien más perverso quien marque su destino.-dijo de manera enigmática.
-No entiendo que pretende decirme con eso.-quise que me aclarase más.
-Hay quienes controlan todo.-miró a su alrededor como temiendo que la pudiesen oír.-Yo he logrado en esta ocasión provocar que vinieses a mi para evitar que quizás fuese otro quien matase a su bebé, pero se muy bien que hay gente por encima nuestra que mueve los líos, y sobre todo están interesados en fastidiarle a usted.-me tocó el pecho provocándome una intenso escalofrío.
-¿Y quienes son?-me apresuré a conseguir la información.
-Nadie lo sabe.-se encogió de hombro.-Solo sé que gente como yo no somos más que personajes secundarios en tu historia personal, lo que debe hacer es encontrar a quien quiere controlar su vida.
No supe que decir, solo que sabía que no era la primera ocasión en la que me decían que había alguien quien controlaba todo y quería verme jodido. Pero de momento no quiero pensar más, solo quiero disfrutar de mi hija, aunque hay cosas que me lo impiden totalmente, pues no hace ni diez minutos un recepcionista del hotel a subido a mi habitación para darme una nota donde pone:
“Estás tardando mucho en encontrarme”.