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domingo, 11 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (trigésimo novena entrada)

TRIGESIMO NOVENA ENTRADA

De la manera más casual conseguí resolver el misterio que entrañaba conocer el origen del tío abuelo, y es que hace poco acudí a una tienda de fotografía para sacar varias fotos de la tarjeta de memoria de mi camara para tenerla en formato papel. Siempre he temido que el ordenador se estropee y llegué a borrar decenas de recuerdos que he ido almacenando a lo largo de los años, por eso cada cierto tiempo me gusta llevarlo a una tienda de fotografía. No me gustaría perder las instantaneas tomadas a Marian durante su embarazo luciendo barriguita...
Estando en la tienda me dio por observar en un rincón un cartel donde rezaba que en aquel lugar restauraban fotos antiguas. A simple vista no era mi objetivo el restaurar ninguna foto, pero me dio por relacionar que si sabían repararlas, tal vez podrían fecharla de manera apróximada, por lo que me dio por preguntarle al dependiente:
-Oye sabes si sabrían decirme la fecha apróximada de una foto si se las traigo.-pregunté señalando el cartel.
-No nos dedicamos a eso, sino a restaurar, pero por supuesto que sabría.-dijo el joven con un tono prepotente.
-¿Eres tú quien se dedica a repararlas?-indagué sorprendido de que aquel muchacho más bien imberbe fuese capaz de dedicarse a tal labor.
-¿Quien sino?-contestó con total autosuficiencia.-Soy el único empleado de esta tienda contando que además soy el jefe.
-No pretendía ofenderle.-me disculpé.
-No se preocupe.-dijo con tono conciliador.-No es el primero en que cree que por mi juventud no soy capaz de muchas cosas.
-Yo en ningún momento dije eso.-me excusé.
-Relajese si me trae sin cuidado lo que la gente piense.-resopló pasota.-Tengo muy claro quien soy y de que soy capaz. Mi pasión por la fotografía me hace ser el mejor en lo mío.
-Te pago entonces lo que quieras si me logras fechar una foto.-le reté pese a que pensé que su profesionalidad de la cual presumía era pura fachada.
-De acuerdo traigame la foto.-aceptó.
-¿Cuánto vas a querer si lo logras?-quise saber su precio pese a que no pensé que lo terminase pagando.
-Solo le pido una sola cosa...-se mantuvo en silencio unos segundos queriendo dilatar su momento de gloria.
-Pida.-le espeté nervioso.
-Empiece a encuadrar mejor las fotos.-me enseño varias que había llevado en mi tarjeta de memoria que aparecían torcidas.
-De acuerdo.-acepté dándole un apretón de manos.-Mañana mismo le traigo la foto.
Me equivocaba al pensar que aquel joven aunque con rastros evidentes de acne fuese capaz de sacar nada en claro, pero estaba claro que si presuponía era con razón, motivo por el cual ahora mismo andamos viajando hacia Cuba...