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lunes, 22 de junio de 2015

Segundas oportunidades

El ser humano es el único animal que es capaz de caer una y otra en la misma piedra. Los seres humanos somos incapaces de encaminarnos en repetidas ocasiones hacia el abismo. Evidentemente, un servidor no iba a ser diferente. 
¿Y por qué digo esto? Pues tras haberlo meditado un tiempo pensé que "Diario de una Inquietud", merecía una segunda oportunidad. No podía dejar aquella obra en el ostracismo olvidada para la posteridad de los tiempos. Me sentía mal dejando oculto en una carpeta el esfuerzo de varios meses. Por eso he decidido recuperar aquella novela corta de la oscuridad para  tras pasar por un proceso de pulido y nuevas correcciones, mostrarla con mayor lustre. Esta vez a través de la plataforma digital Lektu estará disposición de todo aquel que desee sumergirse entre sus páginas. Y tal como fue en su origen, está para que os hagáis con ella sin que os cueste lo más mínimo. No busco compradores sino lectores, así de simple.
¿Y qué nos ofrece "Diario de una Inquietud"? Esta novela corta escrita en forma de diario podría considerarse como un thriller psicológico donde nada es lo que parece. Su protagonista, Víctor Choquet, una persona con una vida normal y rutinaria como la de cualquiera de nosotros, un día cambia de repente tras el encuentro con un extraño señor. A partir de entonces su vida da un giro de ciento ochenta grados. Su vida se convierte en una vorágine de acontecimientos que no puede controlar. A través de sus páginas, narradas en primera persona tal como corresponde a un diario, su protagonista tratará de hallar la causa de sus males, bucear en busca de la Verdad.
Este verano, disfruta de una literatura diferente por el morro, sin gastarte nada. Darle la oportunidad al profesor de los escritores cutres, al Vendedor de Humos. Piensa que sino lees este libro un unicornio estará muriendo desangrado...

"Cuando me encontré con aquel hombre jamás pensé que mi vida fuese a dar un giro de ciento ochenta grados...Empecé a escribir este diario porque era la única forma de no perder la cabeza...La rutina es un bien que está infravalorado sobre todo cuando te suceden acontecimientos que jamás llegas a controlar...Esta es la historia de la búsqueda del origen de mis problemas...Es la búsqueda de la Verdad...Es el diario de una Inquietud..."

viernes, 30 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (CUATRIGESIMA SEPTIMA ENTRADA)

CUATRIGESIMA SEPTIMA ENTRADA

 Son las cuatro y media de la madrugada, a las siete me suelo levantar, pero tengo claro que ya no podré descansar. El motivo de mi insomnio repentino, la lectura del libro. No será de extrañar en muchos que cuando una historia les atrapa no pueden escapar de sus páginas hasta darle fin, a mi antes me pasó con otras novelas, pero en esta ocasión, no ha sido la elaborada prosa del autor, ni tan siquiera unos capitulos sumamente adictivos, sino el contenido en si de la historia, porque aunque no lo creáis Diario de una Inquietud habla de mi, de mi vida, pero no de cualquier manera.
Cuando comencé a iniciar sus primeras páginas el nombre de su protagonista me resultó extrañamente familiar, Victor, pero lo achaque queriéndome calmar, que era una simple coincidiencia, mas tuve que rendirme a la evidencia al ver como los hechos de los que hablaba los conocía yo al dedillo así como al resto de personajes. Alguien se había encargado de copiar mi vida desde que comenzó mis desdichas, o lo que creo que es peor, alguien ha inducido a que mi vida sea así, aunque la cuestión es: ¿Cómo un ser humano puede provocar alucinaciones en otro? ¿O es acaso un ser sobrenatural?
Tengo sospecha de todo, no me fío de nada. En mi cabeza se agolpan teorías confabulatorias, como satánicas, como incluso me llegó a plantear que haya sido la misma Marian quien haya orquestado todo, porque por mucho que he buscado por la red, El Vendedor de Humos, no coincide con una persona real detrás. Lo que para mucho no es más que un plan de marketing, para mi es el motivo de mi vida: descubrir quien ha manipulado todo.
He sido la marioneta de algo o alguien que ha ejercido como mi encaminándome como ha deseado hacia aquellos lados que ha deseado dejando mi libertad apartada de mi lado. Buscando una explicación he enviado un correo electrónico a la editorial del libro, aunque dudo que me contesté.
Miró hacia todos lados en busca de posibles cámaras que me estén vigilando. Me siento como si un gran Hermano me controlasen, como si estuviese encerrado en un escenario como “el Show de Truman”.
Quizás la mejor forma de acabar con esto es hacerlo tal como indica en el libro que debo hacer llegado a este punto. Preparar una bañera de agua caliente, cortarme las venas, y esperar a que la muerte llegue...

miércoles, 28 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (cuatrigésimo sexta entrada)

CUATRIGESIMA SEXTA ENTRADA
 Quizás no solo me ha llegado a sorprender hallar un libro en las librerias titulado de la misma manera que yo tenía pensado nombrar a este mi diario personal, Diario de una Inquietud, sino que además resultaba ser un autentico éxito de venta. Miré con curiosidad quienes era el autor, pero curiosamente se escondía bajo un seudonimo, El Vendedor de Humos. Me prometí a mi mismo mirar por internet en cuánto llegase a casa quien se escondía bajo tal nombre.
Sin embargo otra cuestión más importante me preocupaba en aquel momento, y no era otra que la la llegada masiva de correos electrónicos con un contenido espeluznantes. Muchos podrán determinar que todos los días nos llegan mensajes en cadenas a nuestros ordenadores sobre cuestiones escalofriantes, pero lo que más me preocupaba de todo esto era que todos los que me llegaban de un emisor desconocido versaban sobre niños pequeños secuestrados, luego para mayor impacto, se acompañaban de fotos de bebes muertos en condiciones escalofriantes.
Muy posiblemente ese Diablo, tal como lo llamó desde ese mensaje que me envió al móvil haciendo referencia al número de Satanás, sabe cual es mi punto débil que no es otro que mi pequeña Jimena, una niña fuerte y sana, que cada vez se parece más a su madre en la finura de sus rasgos, por lo que no duda en atemorizarme así. El problema es que no se que desea de mi, pese a que más de una vez le he dado a responder el correos electrónico pidiendo una explicación a tales envíos.
Lo curioso que a la vez que llegan los mensajes, la publicidad que aparece en un lateral de la página web es siempre la misma, “De Madrid al Cielo. Conócenos” apoyada en varias fotos de la capital de mi país, donde además de los lugares clásicos como la Puerta del Sol, el Prado, aparece la escultura del Ángel Caído del Parque del Retiro, la única escultura por lo que he podido averiguar dedicada a Lucifer en el mundo. ¡¡Ya lo que me falta es tener que vender mi alma para no ver sufrir a los míos!
Voy a desconectar un poco tras almorzar leyendo un rato, ¿os podréis imaginar que libro? Pues si, es Diario de una Inquietud, me lo ha regalado Marian alegando que ha leido por los periodicos que es todo un éxito con muy buena crítica. Le daremos una oportunidad para ver si así no pienso en el peligro que siento acecharme.

domingo, 25 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (cuatrigésimo quinta entrada)

CUATRIGESIMA QUINTA ENTRADA
 Quizás a base de mucho indagar en diferentes páginas web, leer revistas especializadas en informática e internet he logrado darme cuenta de una habilidad que no sabía poseía, y no era otra que mi capacidad para moverme con relativa facilidad en el mundo de los ordenadores. Tampoco estoy diciendo que me haya convertido en un hacker pero puedo decir que se moverme con una mínima soltura por la red de redes, soltura suficiente como para identificar el enclave de la IP de un correos electrónico.
Lo que mi habilidad tal vez no dedujo es que la mayoría de las IP existentes son dinámicas, es decir el sistema númerico que identifica al ordenador va variando cada cierto tiempo, sin añadir que aquella persona que me había enviado el mensaje estaba usando varios servidores a la vez que hacían casi imposible la pista, hecho que me hizo desistir de continuar indagando acerca del remitente de la nota.
No voy a continuar por estos derroteros hablando que no me conduce a ningún lado, por lo que voy a comentaros la idea que tengo entre manos, un proyecto literario de un calibre, que no es otro que vender este cuaderno, previamente pasado a limpio gracias al ordenador, a una editorial, ya que pienso que está novela es la más convincente, creible, con los personajes reales más reales, de los que jamás he escrito  para una obra de ficción. El mayor argumento para que sea creible es lo que es real, yo lo he vivido, lo he sentido, y sobre todo padecido.
Tengo hasta el nombre en caso de ser aceptada, y no es otro que Diario de una Inquietud, justamente el sentimiento que me ha embargado desde que escribí las primeras lineas. Pero ahora que lo pienso me surge un problema, que no es otro, que la historia no tiene final. No se si me sabré explicar, pero para cualquier lector llegado a este punto la historia quedaría como incompleta al no saber cuál es el final. Podría escribirlo aunque lo más probable es que quedase anodino sin sentido, fuera aparte de que a mi no me convencería sabiendo que os miento. Quizás tenga demasiado sentido de la honestidad. Nadie excepto aquel que me atormenta podría darme ese final...
...Nuevo mensaje en mi teléfono móvil, quizás llegado a este punto penséis que ya comienzo a invertarme la historia, pero os lo transcribo aquí y cada cual piense lo que quiera:
“Sigue así, vas por el buen camino 666”

viernes, 23 de marzo de 2012

Diario de una Inquietud (cuatrigésima cuarta entrada)

CUATRIGESIMA CUARTA ENTRADA

Ya Jimena tiene dos meses, es tan hermosa como su madre, y es la alegría de la casa, pese a que algunas noches no me deje dormir de seguido reclamando ser atendida, aunque aún así levantarse por ella es un gusto. Solo ver su carita, todo en esta vida merece la pena. No creo que este diciendo algo diferente a lo que siente el resto de los padres.
Es un tiempo tranquilo sin incidencia alguna, ni más sueños, ni apariciones, ni personajes rocambolescos cruzándose en nuestras vidas, no por ello no dejo de reconocer que me he vuelto más metódico a la hora de realizar mi vida cotidiana. Habrá quien lo pueda considerar paranoia, pero él saberme observado, me hace aumentar las precauciones, con cosas como el correos electrónico, mis movimientos por la red, o mis llamadas de telefono.
Podréis decir que cuál es el motivo de tanta desconfianza si ahora la vida me sonríe con una hija bellísima, una pareja perfecta, y una vida tranquila. Pues os diré que la frase de Amalia me puso en jaque, eso de que son gente como ella eran personajes secundarios en mi historia, no era más que la repetición de una misma frase que ya el testaferro del artista de la muerte me había dicho. Desde mi vuelta de la Habana pienso que hay algo superior a mi, no se si un dios, un gobierno, los ovnis, o vete tu a saber que controla mis pasos, lo que no se bien es para qué.
He comenzado a aficionarme a los libros de corte conspiranoideos que yo ante tanto aborrecía, porque siempre pensé que eran simple literatura inventada para captar ineptos dispuesto a comprar libros con tal de destapar una confabulación de orden mundial, pero tras vivir en mi vida demasiadas casualidades me empiezo a creer todo, incluido la existencia de un dios de la cual yo siempre había renegado.
Estas lecturas quedarían en una simple afición sin importancia, como otros se pueden dedicar a coleccionar sellos, sino fuese por el reciente correos sin remitente que me llego hace un par de horas a mi dirección mail:
“¿Ya te has aburrido de buscarme? Yo que tu no me olvidaría de mi, porque se lo de tus cuentas en Suiza para engañar al fisco...Encuentrame antes de que sea demasiado tarde.”
Respiré hondo al leer aquello, lo que no sabía el muy imbécil que a través de su dirección IP podía detectar desde donde me escribía.

sábado, 26 de noviembre de 2011

diario de una inquietud (decimocuarta entrada)

CATORCEAVA ENTRADA

Nunca he llegado a ser muy amantes de las celebraciones, no al menos de aquellas que supone disfrazarse, con esto no me refiero a ponerse un traje carnavalero sino a vestirse de chaqueta, y mucho más disgusto una boda, pero debo reconocer que en las nupcias de la prima de Marian, una mujer un par de años mayor que mi novia y a la que había visto apenas un par de veces en mi vida, me lo pase bien, pese a tener que ir como ya digo disfrazado, en este caso con peores consecuencias con esmokin ya que era la etiqueta lo requería. Y no me refiero tan solo a pasarlo bien por la cantidad de alcohol bebida que me llevo a deshinbirme por completo, sino por el descubrimiento que hice.
El enlace se celebró sobre las ocho de la tarde en la iglesia de San Miguel de Jerez, hecho que me alegro sumamente porque al menos podía llegar a estar distraido durante la ceremonia, donde también se incluía una eucaristía, con el retablo hecho por el genial artista Martinez Montañez. Contemplé cada uno de los detalles sobre la lucha del Arcángel san Miguel contra los demonios que allí se representaba, y hubiese seguido durante horas sino hubiese sido por el codazo que me dio Marian para que mirase al frente.¡Yo que pensaba que se limitaría a embelesarse en contemplar a la novia mientras soltaba unas lagrimitas emocionadas soñando que la próxima sería ella!
Fue casi sin querer que di un zapatazo en el suelo sintiendo como la loza bajo mis pies zonaba hueca. En un principio pensé que bien podría tratarse de alguna tumba algo muy acostumbrado en tiempos pasados de hacer cuando no existían los campos santos, pero el hecho de no ver una lapida me condujo a pensar que había algo escondido abajo. Ya se bien que pensaréis que se trate solo de una solería destrozada por el paso del tiempo, pero quizás haya sido mis últimos meses de vida, que me hiciesen pensar que allí se escondía un secreto...
No pude remover la piedra en un primer instante, de haberlo hecho me hubiese supuesto llamar la atención de toda la iglesia, cosa que era gran cosa contando que quien y más quien menos sabía acerca de mi ingreso en la unidad psiquiatrica pese a que nadie se había atrevido a decir nada acerca de ello al menos al conversar conmigo. Además tampoco pretendía con ansías de saciar mi curiosidad avergonzar a Marian.
No fue hasta que finalizó el enlace, mientras los familiares y el resto de invitados comentan la ceremonia con el mismo enfasis que un comentarista de fútbol se recrea en la repitición, cuando aproveche que mi novia se había ido a conversar con su tía Celia, cuando con disimulo me agaché simulando atarme los cordones. Removí la loza no sin cierta dificultad, no solo era el hecho de trasladar la piedra, sino de pasar desapercibido. Me llevo más de cinco minutos, pero finalmente logré hallar un manuscrito de no más de un palmo de tamaño donde había inscrito un mapa junto con unas letras más pequeñas.
Deseé poder pedirle prestada las gafas a alguien, pero no encontraba ninguna excusa para hacerlo, así que me tuve que guardar las ganas de conocer el contenido para otro momento, o mejor dicho para ahora mismo, pues son las sietes de la mañana, tengo un ciego de ron bastante curioso, pero unas ansías por conocer que no puedo resistirlo...
...Finalmente todo esto deberá esperar, porque acabo de vomitar encima de la mesa del salón donde ando escribiendo...

viernes, 18 de noviembre de 2011

Diario de una Inquietud (onceava entrada)

ONCEAVA ENTRADA

Quizás en otros tiempos me hubiese sentido fatal por lo que hice el otro día, pero a estas alturas de la pelicula, puedo decir que incluso me puedo sentir orgulloso. No soy un superhéroe vengador del tipo Punisher, ni tan siquiera el hombre de más recta moral, eso sería pura moralina, sin embargo el haber podido soltar toda la rabia acumulada me hecho sentir vivo. Os cuento:
Tras mi alta en el hospital pude volver a recobrar casi al cien por cien mi normalidad, digo casi al cien por cien, porque en este caso Marian y yo nos pusimos manos a la obra para tratar de encontrar una entidad financiaria diferente a la que yo trabajo, pues como ya conté nos retiraron la hipoteca. Por lo demás todo era casi similar.
En la vuelta al trabajo las actitudes eran similares, habían quienes me odiaban y quienes me apreciaban, aunque alguno de los que antes se habían honrado en llamarme amigo, hoy día eran un tanto receloso al trato conmigo por el simple hecho de haber estado en la unidad de salud mental. Los muy estúpidos se piensan que la locura es una enfermedad que se contagian. ¡Pobres míos! Aunque como digo eran los menos, pero trataré de contar la historia sin desviarme más.
Un par de semanas más tarde de reincorporarme, concretamente mientras la mayoría de la oficina se había ido a desayunar, hice uso del ordenador con fines muy diferentes a los esperados en un banco, y no me refiero a dedicarme a ver páginas deportivas o ver material pornográfico como hace otros tantos, sino que me dediqué con las pocas nociones de hackear que había aprendido a base de unos pocos tutoriales de internet a hacerme con la contraseña del correos personal de mi jefe. Si ese bastardo que quizás recuerden de mi visita al hospital y por el que me sedaron como si de un animal salvaje me tratase.
Me hice con toda su lista de contactos tantos personales como profesionales guardandolos en un pendriver para darle uso una vez que hubiese dado paso a la siguiente parte de mi maquiavelico plan que no era otro que seguirle durante sus correrías extramatrimoniales al cerdo de mi jefe. Fue durante un jueves precisamente, el único día que trabajamos de tarde, cuando tras oírle hablar con su mujer sobre que llegaría más tarde a casa debido a un balance descompensado de la caja, decidí seguirle hasta un prostibulo situado a la entrada del Puerto de Santa María.
Me atavié con un disfraz un tanto cutrez, compuesto por una peluca deshilachada del último carnaval al que acudí, a la par que unas barba postiza, y una gafas sin graduar, pues no podía arriesgarme a que me reconociese, entre en el local.
Siempre he tenido una opinión contraria a la prostutición basicamente por un par de razones, la primera de ella porque me parece un autentico atentado contra la dignidad femenina de tratar a una mujer como si de un objeto se tratase, es el resultado del mercantilismo salvaje de esta sociedad, y la segunda de las razones es que me parece muy lamentable tener que pagar por practicar sexo porque no es más que reconocer que sino por eso, eres un tío tan horriblemente feo que es necesario pagar, aunque debo de reconocer que en un primer instante me impresionó ver a chicas totalmente desnuda que se te acercaban en busca de tu compañía o mejor dicho de tu dinero.
No sucumbí antes las circunstancia, porque básicamente mi objetivo era destruir la imagen de persona respetable de mi jefe, y fundamentalmente porque yo tengo suficiente con Marian en todos los aspectos, no creo que sea necesario dar detalles. Simulé controlar (jamás en mi vida había pisado un sitio como aquel os lo puedo jurar, pues aunque suene creído nunca me hizo falta), me acerqué a la barra y pedí una copa, (¡¡Jamás pensé que podía pagar garrafón como si fuese oro!!). Desde aquel lugar tenía controlado al malechor que creyéndose sin vigilancia daba rienda suelta a sus más bajos instintos con dos prostitutas, una de las cuales creo que no superaría la mayoría de edad. Las besaba y toqueteaba con lujuria mientras estas se dejaban hacer.
Reconozco que hubo un momento de peligro cuando mientras con disimulo grabanbaba con mi camara del movil la escena, se me acercó una mulata de impresionantes pechos:
-¿Oye papito que esos que tienes entre manos?
Reconozco que agobiado tragué saliva porque no supe que responder en aquel momento, hecho que provocó que la voz de la mujer cambiase a un tono más amenazante:
-Espero que no estes grabando, porque si eres un puto periodista tendré que decirselo a aquel chico tan simpático que hay tras la barra.-señaló al camararero de aspecto ruso que servía copa y que para mi desdicha gastaba unos musculos en los brazos tatuados del tamaño de mis piernas.
-¿Qué quieres por tu silencio?-balbucée reconciendo mi grabación.
-Sube conmigo a la habitación, y me olvidaré de todo. Además se te ve tenso.-recuperó el tono mimoso mientras rozaba sus amplios senos sobre mi hombro.
-Le pagaré si quiere un poco más sin subir tan siquiera.-le oferté.-Solo vine a tomarme una copa.-quise demostrar un aplomo que no existía.
-De acuerdo.-me tendió la mano aceptando rápidamente el dinero que le ofrecía.-Pero ahora largate de aquí antes de que avisé a Serguéi de que estabas grabandonos para hacerte pajas gratis.-ordenó de manera tajante.
Sin tan siquiera responder apuré la copa saliendo del local, viendo a través del rabillo del ojo como mi jefe se marchaba escalera con el par de chicas. Quizás esperase a ver conseguido más material videográfico, pero dadas las circunstancias podía darme por satisfecho.
Cómo podréis imaginar el siguiente paso es fácil de preveer. Cree una cuenta fictisea en hotmail para poder enviar a los contactos del correos obtenido las imagenes del prostibulo titulandolo: Imagenes de un señor muy respetable.
A la mañana siguiente el rumor del video era patente en la oficina, ya que había sido reenviado por quienes lo habían obtenido, pues no solo se lo envié a los contactos de mi jefe, sino también a mis compañeros de trabajo. Tres días más tarde en el despacho de mi jefe había una carta de la dirección de la empresa pidiendo la dimisión a su empleado por tan escandalosas imagenes. “Una entidad tan importante como la nuestra no puede verse manchada por su conducta imprudente, y más cuando puede haber un delito de violación de los derechos de una menor de edad, por lo que le rogamos que sea usted mismo quien disponga su cargo a la dirección de esta empresa...”, rezaba una parte del escrito. Aunque no solo eso, pude saber, que su mujer le había interpuesto una demanda de separación.
Y es que quien se mete con Victor Choquet lo paga caro...