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miércoles, 11 de enero de 2012

Diario de una Inquietud (vigesimo cuarta entrada)

VIGESIMO CUARTA ENTRADA

Muy posiblemente tras mi anterior experiencia hubiese sido optar por la autogestión, es decir, llevar a cabo por mi mismo el secuestro del testaferro del holding, pero como tendré que recordar mi complexión física deja mucho que desear al menos a la hora de reducir a nadie, fuera aparte que carezco del temple suficiente como para tener la sangre fría de atacar como había llegado a pensar con una barra de metal golpeándo por la espalda...
Sin embargo la mayoría de las soluciones a cuestiones de esta vida se hallan de improviso sin planearlas y mucho menos esperarla. Fue una noche,estaba tomando una tapa junto a mi novia en un bar del centro de Jerez, cuando de repente se me acercó un el típico indigente que suele errar por los veladores de los bares buscando una lismona. En un principio como siempre me negué a dar nada, no es un hecho cotidiano que yo proceda con generosidad siendo totalmente honesto, pero que aquel mendigo me llamó por mi nombre.
Levanté la cabeza intrigado, no estaba acostumbrado tan siquiera a mirar cuando me pedían, pero la llamada por mi nombre me había dejado conmovido, aunque no tenía porqué después de tantos sucesos extraños en mi vida. Miré primero a Marian para ver si ella lo podía conocer de algo, pero su mirada de extrañeza me dijo que volvía a estar ante un suceso paranormal nuevamente de mi existencia.
Aunque cuando contemplé el rostro del hombre, pese a que costó reconocerlo en un primer momento deduje quien era. Además sus palabras posteriores corroboraron mis sospechas:
-¿No me digas que no te acuerdas de mi Victor? Soy Martín el que pegaba a todos los niños en el cole.-añadió información.-¿Ya olvidastes mis capones?-rió emocionado ante el recuerdo.
-Por Dios Martín.-lo contemplé asombrado. Pese al paso de los años seguía manteniendo el tipo rudo de su infancia aunque el tiempo lo había maltratado bastante.-Marian, él fue compañero mío del colegio.-lo presente aunque mi pareja se limitó a darle simplemente la mano.
-¡Si supieses la de veces que me hizo la tarea el empollóncito este!-rió con sinceridad mostrando una sonrisa destendetada por algunos huecos.
-¿Le está molestando a los señores?-se acercó rápidamente el camarero viendo alargada la presencia de mi compañero demasiado tiempo en nuestra mesa.
-No ni mucho menos.-negué yo.-¿Quieres tomar algo?-le invité a tomar mesa ante la cara de contrariedad de Marian.
No había simple educación la que me había llevado a invitarlo a mi mesa, ya que mi mente comenzó a urdir un plan que quizás me llevase a buen puerto.
-No quiero resultar una molestia.-se mostró reticente más que nada al ver el gesto de fastidio de mi chica.
-No molesta en nada, ¿verdad cariño?-quise mostrar la aprobación que fue realizada de manera hipocrita con la cabeza.-Pidete lo que quieras.-lo animé.
Pidió un bocadillo junto con un refresco que consumió con voracidad, era obvio que llevaba tiempo sin comer.
Si no es mucha indiscrepción, ¿cómo es que andas pidiendo?-la curiosidad me podía, al menos a mis interesés.
-La maldita crisis, como todo el mundo.-se lamentó.-Yo era albañil hasta que se fue todo a tomar por culo...una cosa fue llevando a la otra, primero la bebida, después las peleas y el divorcio con mi mujer. Demasiadas casualidades.-resumió su desdicha en pocas lineas.
-Si yo te hablase de casualidades.-comenté.-Pero tenemos que quedar un día más tranquilo para rememorar nuestro tiempo de colegio.-concluí.
-Cuando quieras.-aceptó.-Siempre estoy por el centro de la ciudad, y como ves tengo mucho tiempo libre...-ironizó sobre su situación.-Un placer conocerla.-saludó a Marian.-Y gracias por la invitación.-se levantó sabiendo que había estado ya demasiado tiempo con nosotros.
-Acepta estos veinte euros.-le tendí con solidaridad.
-Ya ha sido suficiente con tu invitación a tu mesa, aún así te lo agradezco.-lo rechazó marchándose un tanto más serio que a su llegada. Aquella actitud me dejo un tanto desconcertado quizás no fuese lo que yo esperaba...