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lunes, 8 de octubre de 2012

Dicen que yo soy otro...

La llamada de los vecinos alertó a la policia, que esta a su vez alertó a los servicios sociales, de que un indigente no paraba de dar voces en plena Gran Vía de Madrid. Cuando el integrador social intentó hablar con él la única respuesta que pudo sacarle era siempre la misma: "Dicen que yo soy otro". Así que supusieron estaría borracho, aunque no olía a vino, o bien tendría algún trastorno mental, así que se lo llevaron a un centro de acogida para intentar reintegrarlo.
Paso el tiempo, y ese mismo integrador social lo escuchaba hablar con atención, pues curiosamente el psicologo del centro no había hallado problemas mentales:
-¿Cómo te sentiría si siempre no dieran validez a aquello que dices?-le cuestionó el hombre.
-No sé.-dijo el trabajador.-Pero vaya yo te creo sino no te estaría escuchando...
-Eso es una estratagema de todos los que trabajáis en esto...
-No tengo que aparentar nada. Pues nada si tu no confias en mi me marchó, tengo más trabajo que hacer...
-No quedate.-le tomó del brazo tras ver su mirada franca.-Yo antes llevaba una vida normal como cualquier otro, aunque mi gran problema era  que escribía. Si, no te rías. En un principio empezó siendo una simple afición, pero acabó siendo una obsesión. Soñaba con la fama, con ser alguien, con firmar libros...
-Aún estás a tiempo.-quiso animarlo.
-No ya no.-negó.-Envié manuscritos a editoriales pero todas me rechazaron, decía que escribía bien, pero que le faltaba algo...y ese algo era sin duda el nombre. Luché por publicar, incluso lo regalaba por internet, hasta que un día un escritor contactó conmigo. Me dijo si estaba interesado en escribir para él, yo sería su colaborador en la sombra, y porque no decirlo, me ofreció una suma de dinero importante.
-¿Cuál es el problema entonces?
-Pues que quienes escribimos no lo hacemos por dinero, sino por egocentrismo, aunque no me creas por tu mirada. Vi como el fruto de mi trabajo era alabado, pero no era yo el objeto de esas alabanzas, así que intenté dar a conocer a mi autoría, pero nadie me creyó...Es decir dice que otro soy yo. ¿Entiende lo que decía el día que me recogieron.
-Si, pero ¿podría saber para quien usted era el escritor "fantasma"?-le pudo la curiosidad.
-El Vendedor de Humos.
Y esta es una pequeña parabola para que comprendan como puede llegar a sentirse un escritor en la sombra.