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jueves, 3 de noviembre de 2011

Diario de una Inquietud (cuarta entrada)

CUARTA ENTRADA

...Tan siquiera se como soy capaz de seguir escribiendo, pero soy una persona sumisa incapaz de contradecir las ordenes que me den, y en este caso ha sido mi psicologa quien me ha aconsejado continuar escribiendo este diario para que vierta todos mis pensamientos, tanto los buenos como los malos, que en este caso son muchos, aunque si os debo ser sincero pienso que no me servirá de nada, pues verter toda mi tristeza en estas lineas harán recuperar a mi amigo...
Como ya contase en la anterior entrada mi amigo Bernardo sufrió un accidente de coche junto con su pareja, con el resultado de la muerte de ambos, de ella en el acto, de él hora más tarde en el hospital...murió en mis brazos pidiéndome perdón por haberme dado de lado, pues como no cesó de repetir antes de soltar el último aliento: “Lo siento, pero eran exigencias del destino...” Esa frase aún resuena en mi mente, y pese a que en un principio no le di importancia, conforme pasa el tiempo me desconcierta más, ¿qué querría decir con exigencias del destino? No creo que llegue a encontrar la respuesta...
...Habrán muchos que ahora puedan pensar que él motivo de mis visitas a una terapéuta o como siempre he dicho yo en forma de mofa creyendo que jamás tendría que recurrir a uno de estos profesionales, a la loquera, era mi obsesión por esa frase que mi amigo en sus últimos instantes de vida me dijo, no siendo del todo cierto.
La causa real son mis recientes encuentros nocturnos con un personaje que se pasea por la noche a los pies de mi cama. Muy posiblemente se trate de un delirio debido al momento de depresión que estoy pasando debido a tan trágicos acontecimientos, pues me niego a pensar que se trate de fantasmas, nunca he creído en ellos y no voy a empezar a hacerlo ahora.
Conciente como soy de que no es real, no tendría tan siquiera porque visitar a una psiquiatra, pero este delirio que me acosa, no para de repetir, “los últimos hechos tienen un motivo del que debes buscar su origen”, y eso me provoca un miedo exacerbado. En los últimos tiempos han sido demasiadas las casualidades ocurridas como para pensar que son simples caprichosos del universo que se burla de mi...
Debo reconocer que no fui yo quien decidió dar el paso de acudir a un profesional de la mente para ayudarme con mi tormentoso cerebro, sino que fue Marian quien me ayudó, pues como mi alma gemela que es le cuento todos mis temores...temo que estos acontecimientos le acaben quemando, pero de momento me presta todo su apoyo incondicional. Lo que no se hasta donde estaría dispuesta a llegar en el caso de que tras la valoración clínica decidiesen medicarme...No quiero pensarlo, eso me hace sufrir mucho, y me hace sentir peor...