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sábado, 12 de noviembre de 2011

Diario de una Inquietud (novena entrada)

NOVENA ENTRADA

Es complicado alcanzar un objetivo cuando el entorno se niega. Me explicaré mejor, como ya anuncié en el anterior post, mi compañero Floreal entró en mi habitación entre gritos de júbilo anunciando que nos ibamos de excursión, debo aclarar que no toda la sección de agudos del hospital, sino aquellos a los que los terapeutas consideraban en mejores condiciones y pensaban que una salida del entorno psiquiatrico podría venirle bien, entre ellos yo por supuesto.
Esa sería, al menos pensé en su momento la oportunidad más propicia para escapar. Reconozco que no medité la forma de realizarlo, pues pensaba que no sería complicado al tratarse el lugar donde nos llevarían de un bosqueccillo donde podría llegar a ocultarme entre la maleza. Así que confiaba en mi suerte cuando en un despiste de cualquiera de los monitores pudieran lanzarme en carrera hacia algún escondrijo, pero como podréis deducir por el encabezamiento de esta entrada no lo logré, pese a que pude haberlo hecho, aunque no quiero adelantaros nada, ya que procuraré narrarlo de la mejor de las maneras posibles.
El lugar de destino de dicha excursión era el Parque de las Aguilillas situado a poco kilómetros de jerez, justo en una barriada rural, donde los fines de semanas de invierno, muchas familias pasan las horas con ese estilo dominguero que desde pequeño había odiado, pese a que no dejo de reconocer que a mi en mi infancia también me llevaron a correr por allí, además de comer de barbacoas. Fue en un autobus urbano como nos trasladamos hasta este parque periurbano tras sernos anunciado tan solo unas horas antes de nuestra partida para evitar crear situaciones de ansiedad entre los privilegiados elegidos.
Nos hicieron caminar desde la parada del transporte urbano hasta un bosquecillo donde procuron hacer algún tipo de taller para entretener las mentes aturdidas, pero la verdad que nadie apenas hacía caso al esforzado monitor, aún menos yo, que aparte de buscar la ocasión de burlar a los monitores, también debía de burlar al compañero al que me habían asignado, pues como si sospechasen de la posibilidad de una huida, nos habían emparejados con la intención de responsabilizarnos de otro de los pacientes, lo que suponía una nueva traba, más cuando tu compañero resulta ser un tipo especialmente suspicaz a la vez que temoroso del personal psiquiatrico.
-¿Dónde crees que va?-me repitió en más de una ocasión.
En las primeras ocasiones decidí tan siquiera responderle, pero ver su mirada insistente sobre mi cogote me hizo pasada la hora del almuerzo responderle de manera soez y enfretarme a él. No me temblará el pulso al reconocer que pase miedo, pues aquel paciente era un tipo alto y hosco capaz de ponerse violento.
-¿Tan siquiera puedo ir a mear tranquilo?-le contesté en una de las ocasiones.
-Yo te acompañaré.-se mostró imperturbable.
-¿Pretendes vermela?-me mostré lo más cínico que pude.-Eres marica o qué...
Haber puesto en cuestión su hombría me valió para separarme unos metros pese a la advertencia de “Ponte desde un lugar donde yo te pueda controlar”. Tuve ocasión en ese momento de escapar, pero quizás la humanidad que aún me queda me hizo desistir de mi proposito, pues mientras simulaba bajarme la cremallera del pantalón, el alarido de un enfermero, me hizo volverme a ver la causa de tal grito de dolor.
Nicolás, un paciente de edad madura aunque de aspecto senil, y que pocos lo tomaban por un peligro se había abalanzado con una rama afilada sobre un miembro del personal clavándosela en el pecho a la altura del pulmón derecho más concretamente. El resto de monitores rodearon al usuario a excepción de uno que socorría al compañero herido.
-¡Qué os debe importar morir, solo somos personajes fictiseos!-gritaba el paciente mientras lanzaba golpes al aire intentando alcanzar.
Entre todo ese caos, muchos enfermos huyeron mientras apenas dos eran quienes se quedaron contemplando atónitos la escena. Ya se bien que podría haber podido escapar como hicieran otros, pero aquella situación se las prometía complicada, y si podía echar una mano, mi conciencia podría descansar tranquila en los días posteriores, así que sin miedo al riesgo que entrañaba me uní al grupo del personal que rodeaba a Nicolas para así dirigirme a él:
-Tan solo vas a conseguir meterte en problema.-le advertí.
-Retirese Choquet.-me ordenó un monitor.-No es asunto suyo este.-apuntilló con voz alterada.
-Permítame hablar con él.-le rogué.-Además creo que alguno de ustedes debería de llamar a una ambulancia...-sugerí con dotes organizadoras.
-No nos diga que debemos hacer.-refunfuñó el profesional.
Obvié cualquier orden, nadie me iba a decir como debía actuar por muy enfermo que me creyesen, pero personalmente pienso que no estaban gestionando bien la crisis.
-Nicolás suelta el palo y escuchame...-le pedí.
-¡No me digas lo que tengo que hacer.-me replicó el aludido.-Y menos tú que eres el más fictiseo de todos...
-¿Y porqué yo soy el más fictiseo de todos?-quise ganar tiempo para ver si podían asaltarlo por la espalda, aunque el hombre miraba continuamente de reojo a su retaguardia.
-Tan solo eres un personaje, el personaje principal de una historia en la que solo han hecho ponerte un decorado a tu alrededor.-explicó sin dejar de mover el palo aún ensagrentado.
-Pues entonces porque no me atacas a mi, en lugar de a ellos.-lo reté ante miradas reprobadoras.-Si matas al personaje principal adquerirías tu el protagonismo.-recordé mis momentos escribiendo.
-No porque solo soy decorado.-su mandibula se mostraba prieta como si le fuese a reventar.
-Pues entonces olvidate de querer protagonismo...-dije sin saber muy bien porqué.
-Es cierto.-confirmó apesumbrado.-No soy nada...-bajó el arma, pero antes de que pudieran reducirlo él mismo se lo clavó en el pecho.
Nuevos gritos, llamadas de ambulancia, no recuerdo bien lo siguiente, era como si el tiempo hubiese volado tras el incidente. Ando escribiendo en la ducha, ya que la mayoría del personal me mira con mayor desconfianza...