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martes, 8 de noviembre de 2011

Diario de una Inquietud (septima entrada)

SEPTIMA ENTRADA

Quince días, quince penosos días. Ese es el tiempo en que llevo encerrado en este lugar, y puedo asegurar que no resulta nada sencillo adaptarse a este ambiente en que cada uno de los ingresados circula por los pasillos haciendo caso omiso de su alrededor.
Tampoco me agrada mucho tener que seguir un menu en el cual hay una abundancia de verduras que me desagrada por completo pero que como sin protestar evitando cualquier enfrentamiento con los enfermeros. He podido ver por mis propios ojos como a quien no sigue las normas que van estableciendo los terapeutas son reducidos incluso con correas para posteriormente inyectarle un tranquilizante como si de animales de la sabana se tratasen. No hablo solo de mostrarse agresivo, sino el simple hecho de esperar una explicación sobre el porque de un tratamiento puede acarrear el enclaustramiento en la habitación, y ante eso prefiero no arriesgarme.
Nunca he fumado, pero en este ambiente es difícil no hacerlo, fuera aparte que es la única forma de evadirse durante un rato con la ayuda de la amiga nicotina. Espero una vez salga de aquí acabar con esta fea afición...
Dentro de lo malo puedo decir que he encontrado un amigo aquí que me ayuda con sus consejos a evadir hechos como ser supervisado durante la ducha, o evitar una comida que me desagrade sin que el celador de turno no se de apenas cuenta.
Este amigo se llama Floreal, al parecer sus ancestros eran de origen francés de ahí este nombre. Muchos deducirán que se trata de algún enfermero, pero siento decir que se trata de un paciente como yo. Habrá quien me pueda decir que no es la mejor ayuda a la hora de superar mis delirios pero es que el personal sanitario tan solo finge ser comprensivo si con ello consiguen su objetivo, lo de ellos no es empatía real, sin embargo este hombre me comprende, pese a que no dejo de reconocer que esta como una regadera. El buen hombre cree ser “Creador de Sueños”, dice que con tan solo tocar a una persona puede saber sus expectativas y pretensiones para de esta forma poder crearle el sueño que se cumpla, no obstante, no he dejado que me toque, no deseo fomentar sus visiones como tampoco me gustarían que lo hiciesen conmigo.
Últimamente me ha enseñado a practicar el tenis de mesa ayudándome a pasar de mejor manera las horas. De momento os tengo que dejar de momento pues parece que llaman por megafonía, al parecer tengo visita...